Una película para hacernos más soportable la pobreza, la violencia, el hambre o la intolerancia.
Por Pere Vall
Para Fotogramas
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Que la sonrisa o la carcajada pueden ser inmejorables aliadas de los cineastas dispuestos a hablar profundamente de temas tan serios como la guerra o de la posguerra lo sabían desde los ideólogos del posneorrealismo hasta Charles Chaplin, entre otros. José Mota, admirador del bigotudo director de 'El gran dictador' o 'El chico', debuta en la realización con una ambiciosa superproducción histórico-bélica que, evitando la superficialidad, encuentra sus preciosos momentos para dar gracias a los payasos y a los cómicos de la legua (y de la lengua afilada) por hacernos siempre más soportable la pobreza, la violencia, el hambre o la intolerancia. Aquí, todo junto.
Con la tierna ayuda de su alter ego pequeñajo (e invisible a los demás), el protagonista logra salir de berenjenales varios, convence al enemigo de ser su amigo e incluso recupera a una persona esencial e inalcanzable de su infancia. Por suerte, Mota y su ecléctico equipo de guionistas no tienen miedo a ser solemnes y graciosos en este tierno cuento de balas negras, narices rojas y almas blancas. ¡Por la gloria de Don Quijote!
Para fans de Chaplin, De Sica, Berlanga y otros maestros de la risa con cargas de profundidad