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Opinión y Actualidad

Crítica de "Kakeru (Sheep in the Box)"

El cineasta japonés Hirokazu Koreeda presenta una película que entrecruza el drama familiar con una visión desprejuiciada y estimulante de la IA.

Hoy 07:16

Por Manu Yáñez
Para Fotogramas

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Conocido por el tratamiento sensible de sus dramas familiares, el cineasta japonés Hirokazu Koreeda ha construido una carrera paralela e intermitente conectada a la fantasía con tintes de ciencia ficción. En el año 1998, el nipón dirigió la magnífica ‘Afterlife’, que transcurría en una suerte de limbo donde los muertos debían encontrar un recuerdo para llevarse al más allá. Luego, en 2009, Koreeda dirigió ‘Air Doll’, la historia de una muñeca hinchable que adquiría vida y transitaba por el mundo de los humanos en busca del amor. Ahora, con ‘Sheep in the Box’, el japonés se reencuentra con las coordenadas del género fantástico, y recombina las figuras del niño y el fantasma, dos arquetipos que en el pasado le han permitido observar con distancia crítica ciertas pautas de la realidad social. En este caso, la historia se centra en un matrimonio que, dos años después de perder a su retoño, es seleccionado por una gran corporación para probar un nuevo modelo de robot humanoide que podría llenar el vacío dejado por el hijo.

Si hay un rasgo que caracteriza la obra de Koreeda es su capacidad para no juzgar a sus personajes. Por muy amorales que sean sus comportamientos, el humanismo del cineasta trasciende el juicio tajante. Pues bien, en ‘Sheep in the Box’ Koreeda aplica esa perspectiva empática y comprensiva al fenómeno de la inteligencia artificial. Lejos de presentar la robótica alimentada con IA como una amenaza para el ser humano, el pequeño robot humanoide del film llega dispuesto a sanar las heridas psicológicas de un matrimonio que carga con la misteriosa y violenta pérdida de su hijo –en este punto, los llamativos paralelismos con ‘Inteligencia Artifical’ de Steven Spielberg generan una sensación de incredulidad en el espectador: ¿realmente piensa Koreeda que puede acercarse al nivel de la obra maestra de Spielberg y Kubrick?–. Así, en la primera mitad de ‘Sheep in the Box’, Koreeda pone el foco en las tensiones que van surgiendo entre el matrimonio protagonista, ya que la mujer abraza con determinación el componente sanador de la presencia del pequeño robot, mientras que el marido se muestra escéptico ante la posibilidad de hallar sosiego en una criatura artificial, un simulacro idealizado de su hijo.

A partir de su premisa inicial, ‘Sheep in the Box’ avanza disciplinadamente por los cauces del drama familiar, pero en su tramo central introduce un giro sorprendente, cuando el punto de vista de la narración se traslada a la figura del pequeño robot. Siempre deseoso de atender a las preocupaciones de todos sus personajes, Koreeda confronta al niño-robot con los enigmas de la vida. ¿Cuál es el sentido de su existencia? ¿Su inteligencia artificial le da derecho al libre albedrío? ¿Qué lugar ocupan los humanos en su relación intelectual y afectiva con el mundo?

Estos interrogantes abren la película a un amplio territorio reflexivo, que remite a obras tan dispares como ‘Blade Runner’ de Ridley Scott o ‘Her’ de Spike Jonze. Koreeda sitúa al niño-robot ante el horizonte de la emancipación, lo que podría haber dado pie a una aventura de destino imprevisible. Sin embargo, el director de ‘Un asunto de familia’ prefiere conducir el film hacia un territorio fabulístico y edulcorado, cercano a algunas coordenadas naturalistas del universo de Hayao Miyazaki. El problema es que ‘Sheep in the Box’ carece de la combinación de magia, oscuridad e inocencia que siempre ha elevado la obra del maestro del anime. En definitiva, ‘Sheep in the Box’ propone una visión desprejuiciada y estimulante de la IA, pero el sentimentalismo de su recta final y la alargada sombra de sus referentes limitan su alcance artístico.

Para mirar al futuro de la IA sin miedo.