La Virgen de Luján va a ser el rostro alegre y agradecido de la Argentina anfitriona del Papa, que el 11 de noviembre cerrará su visita con una misa frente al santuario, que promete ser multitudinaria.
La Virgen de Luján aguarda este sábado 3 de octubre al millón de personas que cada año la visita en la tradicional Peregrinación Juvenil, en un acontecimiento que este año se va a agigantar por el influjo de la cercana visita del Papa León XIV, que llena de impaciencia y fervor los corazones del pueblo cristiano. Cuando en 2013 nuestro Jorge Bergoglio fue consagrado como sumo pontífice, la concurrencia se multiplicó y fueron casi dos millones y medio los caminantes llegados al santuario.
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Este año el pueblo católico va a marchar a Luján bajo el lema “Madre, en tu abrazo nos reconocemos hermanos”, que convoca a la unidad y la fraternidad, valores que también anima a reforzar el emblema oficial de la visita de León XIV, “Bienvenidos todos, vayan y anuncien”. La Virgen de Luján va a ser el rostro alegre y agradecido de la Argentina anfitriona del Papa, que el 11 de noviembre cerrará su visita con una misa frente al santuario, que promete ser multitudinaria.
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León XIV va a experimentar el influjo cautivante de la Virgen, que hizo que durante casi cuatro siglos se arrodillaran ante ella y la veneraran desde algunos de los más sublimes próceres de nuestra historia, como los generales José de San Martín y Manuel Belgrano, hasta papas y millones de argentinos convencidos de que ella siempre veló sin desmayo por el bienestar del país, los salvó de mayores calamidades y sufrimientos y convirtió la desesperación en esperanza y la pena en alegría.
Bergoglio era ferviente devoto de la Virgen de Luján. San Juan Pablo II se arrodilló ante ella y le obsequió, cuando era Papa, la Rosa de Oro, una de las más altas distinciones que otorga el Vaticano. Fue cuando acudió a su basílica el 11 de junio de 1982 para implorarle que intercediera por la paz en el conflicto bélico de las Malvinas, después de visitar Gran Bretaña a comienzos de ese mes. Desde ese momento no hubo más muertos en la contienda y tres días después cesaron las hostilidades.
En el caso de León XIV, hay una ligazón espiritual con la Virgen de Luján, fruto de una suerte de presagio divino. El 8 de mayo de 1887 la Virgen fue coronada oficialmente en Roma como Patrona de la Argentina por el papa León XIII y quedó fijada para esa fecha su festividad. Y justamente un 8 de mayo, 138 años después, fue elegido el actual papa, Robert Prevost, que quiso llamarse León XIV en homenaje al que la entronizó.
La Peregrinación Juvenil a Luján reconoce un antecedente en una marcha realizada el 29 de octubre de 1893, hace 128 años. Marcharon en la ocasión 400 fieles convocados por el Círculo Católico de Obreros. Pero formalmente la primera se realizó en 1975, organizada por la Comisión de Piedad Popular del Arzobispado de Buenos Aires. La columna salió desde Liniers y, engrosada por caminantes que se sumaron en la ruta, congregó a 30.000 personas. La marcha fue sacrificada. No existía el vasto operativo logístico de apoyo y cuidado que se despliega en la actualidad.
En esta edición número 52 de la Peregrinación Juvenil, la caravana encabezada por la Imagen Cabecera partirá a las 10 del Santuario de San Cayetano en Liniers para recorrer los 60 kilómetros que hay hasta la Basílica. Pero antes y después, desde más cerca o más lejos de la meta sagrada, se pondrán en marcha en forma individual o grupal todos los que siguen el derrotero de la fe y convergen en los pies de la Virgen, a la vez tan pequeña y tan poderosa.
A simple vista no es más que la imagen de terracota, de escasos 38 centímetros de altura, de una mujer morena cubierta por un vestido celeste y blanco ornado con filigranas doradas y plateadas, que está posada sobre una media luna que flota entre nubes. Pero el pueblo la concibe milagrosa, y ejerce en la Argentina un poder espiritual inmenso, que no tiene parangón y vence al tiempo.
Luce un semblante modesto y grave, y al mismo tiempo risueño, pero la imponente corona de oro con 365 piedras preciosas que ciñe su cabeza es la señal de su grandeza y dignidad. A principios del siglo XX, la imagen fue bañada en plata porque la arcilla cocida en la que fue elaborada se estaba deteriorando. También fue ataviada con un vestido celeste y blanco que se cambia todos los años. Los colores de la bandera nacional.
La historia de la imagen de la Virgen María que decidió quedarse en Luján
La tradición cristiana cuenta que a principios de mayo de 1630, cuando estaba en tránsito de Brasil a Santiago del Estero, la Virgen se empecinó en quedarse en medio del campo, a la vera del río Luján, originando el mayor fenómeno religioso de la Argentina. Al efecto, describe la creencia, inmovilizó milagrosamente la carreta tirada por bueyes que la transportaba, y permitió que reanudara la marcha recién después de que los arrieros descargaran del vehículo la caja que la contenía.
Los historiadores católicos sostienen que hubo un testigo ocular del milagro, que luego se encargó de propagarlo: Manuel, un joven que llegó como parte de un lote de esclavos africanos en el barco que trajo la imagen desde Brasil, y se convertiría en el primero y más fiel de los servidores de la Virgen.
La historia escrita por la fe indica que Antonio Faría de Sá, un hacendado de Córdoba del Tucumán, había pedido a un amigo, el marino Juan Andrea, que le trajera desde Brasil una imagen de la Inmaculada Concepción de María, para instalarla en una capilla en su estancia de la localidad de Sumampa (hoy parte de Santiago del Estero). Andrea trajo no una, sino dos imágenes: la solicitada y otra de la Madre de Dios con el Niño Jesús dormido en sus brazos, en sendos embalajes.
El sagrado cargamento fue colocado en una carreta integrante de una tropa, para seguir por tierra hasta su destino. Los arrieros se detuvieron en la estancia de Rosendo Trigueros, a la vera del río Luján, para descansar. Cuando al día siguiente quisieron reanudar la marcha, fue imposible. Los bueyes se empacaron. Manuel, que integraba la caravana porque había sido comprado por el marino Andrea, sugirió que se bajara el cajón que contenía una de las imágenes, pero el vehículo seguía clavado en su lugar.
Entonces indicó que se trocaran los cajones. Se descargó uno y se subió el otro, y enseguida, al tirar los bueyes de la carreta, ésta se movió sin dificultad y siguió su camino con la Virgen y el Niño dormido en sus brazos. Cuando abrieron el envase que quedó en tierra, apareció la imagen de la Inmaculada Concepción. Entonces se persuadieron de que la Virgen no quería irse de ese lugar; lo interpretaron como un designio divino.
De Luján a Malvinas: la virgen protectora de los soldados que defendieron las islas
La imagen de la Virgen de Luján acompañó también a los soldados argentinos en la guerra de las Malvinas. Fue paseada por las trincheras en medio del estruendo de los bombardeos, y antes de la rendición, el capellán Vicente Torres la quiso resguardar en la iglesia Santa María de Puerto Argentino, de donde desapareció. Treinta y siete años después, los excombatientes se enteraron de que había aparecido en un templo de la ciudad inglesa de Aldershot, a 60 kilómetros de Londres.
Con la mediación del papa Francisco, los británicos accedieron a restituirla a la Argentina, a cambio de otra imagen de la Virgen de Luján. La original llegó de regreso al país el 4 de noviembre de 2019, y fue recibida en el aeropuerto de Ezeiza por un grupo de emocionados ex combatientes.
Como ocurre desde hace más de medio siglo, con lluvia o con sol, este sábado centenares de miles de fieles caminarán hacia Luján y repetirán la oración con el ruego a la Virgen que cobra sentido imperioso en la Argentina dividida por la grieta:
“Ilumina nuestra patria con el sol de justicia, con la luz de una mañana nueva, que es la luz de Jesús. Enciende el fuego nuevo del amor entre hermanos”.