El especialista en Derecho Internacional Pedro Basbus planteó que el reclamo de soberanía debe complementarse con una estrategia económica que permita a la Argentina tener intereses concretos en las islas.
La cuestión Malvinas volvió a quedar en el centro de la agenda luego del mensaje del presidente Javier Milei, quien ratificó el reclamo argentino de soberanía y anunció nuevas medidas contra las empresas que participen en proyectos de explotación de hidrocarburos en las islas sin autorización de Buenos Aires.
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En ese contexto, el especialista en Derecho Internacional Pedro Basbus, analizó el escenario en diálogo con Radio Panorama y consideró que la Argentina necesita modificar la manera en que aborda el conflicto.
Para Basbus, el mensaje presidencial tuvo importancia porque volvió a poner sobre la mesa la defensa de la soberanía argentina, no solamente sobre las Malvinas, sino también sobre las Islas Georgias del Sur y Sandwich del Sur, cuya soberanía también es objeto de disputa con el Reino Unido.
El especialista advirtió, además, que desde Londres hubo una respuesta inmediata. “Hubo respuestas por parte de Gran Bretaña donde se advierte que las Fuerzas Armadas están las 24 horas defendiendo las islas”, señaló.
Sin embargo, el aspecto que Basbus considera que debería adquirir mayor relevancia es el económico. “Desde el punto de vista económico Malvinas es muy importante”, sostuvo, al remarcar que durante mucho tiempo el análisis estuvo concentrado en la pesca y la producción ovina, mientras que el desarrollo de proyectos hidrocarburíferos abrió un escenario completamente diferente.
Uno de los principales proyectos es Sea Lion, ubicado aproximadamente a 220 kilómetros al norte de las islas y desarrollado por la israelí Navitas Petroleum, operadora con una participación del 65%, y la británica Rockhopper Exploration, que posee el 35% restante. El proyecto cuenta con una inversión prevista de miles de millones de dólares y tiene como objetivo comenzar a producir petróleo durante el primer semestre de 2028.
“Se están otorgando permisos de pesca a 600 kilómetros de la plataforma continental, lo cual es inadmisible porque están pescando nuestros recursos”, cuestionó Basbus. En la misma línea, sostuvo que tampoco debería permitirse la explotación petrolera en esas áreas.

Pero su planteo no se limita a impedir las actividades económicas desarrolladas por las empresas vinculadas con las islas. El especialista propuso buscar una estrategia diferente: “Argentina necesita meter un pie en Malvinas desde el punto de vista económico”.
Basbus aclaró que esa participación económica debería distinguirse de la soberanía política. A su entender, la Argentina debería explorar mecanismos que le permitan tener algún tipo de participación en las actividades productivas del archipiélago. “Sería importante que Argentina pueda participar económicamente de lo que producen las islas para ser socios de Gran Bretaña y las empresas”, sostuvo.
Su propuesta adquiere especial relevancia frente al avance de Sea Lion. Las empresas aseguran que el proyecto cuenta con las licencias otorgadas por las autoridades de las islas y el respaldo británico, mientras que Argentina considera ilegales esas autorizaciones y sostiene que la explotación de hidrocarburos en la plataforma continental afecta sus derechos soberanos. Rockhopper informó además que durante 2026 comenzaron trabajos preparatorios en las islas y que las tareas de perforación están previstas para 2027.
Para Basbus, la Argentina necesita abandonar una estrategia que, a su entender, quedó atrapada durante décadas entre el reclamo absoluto y la ausencia de resultados concretos. “Hay que tener una imaginación distinta, cambiar el foco o el ángulo, porque todo este tiempo dijimos soberanía o nada y hasta ahora es nada”, afirmó.
En ese sentido, consideró que el mensaje de Milei puede interpretarse como un intento de avanzar en otra dirección, aunque sostuvo que la cuestión debería trascender al gobierno de turno.
“Constituye una cuestión de Estado, es decir que trasciende la ideología política del gobierno”, remarcó. Según explicó, todos los gobiernos argentinos tienen “el deber y la obligación” de reclamar anualmente al Reino Unido que cumpla con las resoluciones de Naciones Unidas que instan a ambos países a retomar las negociaciones.
La ONU reconoce desde 1965 la existencia de una disputa de soberanía sobre las islas y, a través de sucesivas resoluciones, ha llamado a la Argentina y al Reino Unido a reanudar negociaciones para alcanzar una solución pacífica y definitiva. Esa posición volvió a ser defendida por la Argentina durante las sesiones del Comité Especial de Descolonización realizadas este año.
Basbus también hizo referencia al cambio producido en la situación de los habitantes de las islas después de la guerra de 1982. “Gran Bretaña ha endurecido sus políticas tras la guerra de Malvinas y le dieron la ciudadanía completa a los entonces kelpers, que hoy son ciudadanos británicos y esto fue en desmedro de las intenciones argentinas”, señaló.
En este escenario, el especialista sostuvo que el país debe pensar su política hacia Malvinas también desde una perspectiva vinculada con sus recursos estratégicos. “Argentina tiene más para ganar”, afirmó al referirse a las recientes declaraciones de Donald Trump, y consideró que esos dichos deberían ser tomados con cautela.
“Creo que los dichos de Trump hay que dejarlos de lado porque Argentina tiene más para ganar”, sostuvo Basbus, quien marcó una diferencia entre la situación del Atlántico Sur y otros conflictos internacionales. “No es el polvorín de Medio Oriente y tiene recursos naturales, especialmente energía con petróleo y gas, que necesita mucha inversión para explorarlo”, afirmó.
Así, su planteo apunta a ampliar el enfoque tradicional: mantener el reclamo diplomático y jurídico por la soberanía, pero al mismo tiempo construir una estrategia económica que permita a la Argentina generar intereses concretos en torno a los recursos de las islas y del Atlántico Sur. En su visión, esa combinación podría ofrecer una herramienta adicional frente a un conflicto que lleva décadas sin una negociación bilateral sobre la soberanía.