La actriz decidió desprenderse de la propiedad que compró en 2011 y consolidar su vida en una granja de los Catskills, donde vive junto a su esposo, sus hijos y numerosos animales.
Amanda Seyfried puso oficialmente en venta su histórica casa de Los Ángeles por US$3,19 millones, en una decisión que simboliza su alejamiento de la vida tradicional de Hollywood. La actriz, de 40 años, ya dejó atrás buena parte de su rutina en California y actualmente tiene como residencia principal una granja en la zona rural de los Catskills, Nueva York.
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La propiedad, ubicada cerca de Runyon Canyon, fue adquirida por Seyfried en 2011 por US$1,85 millones. Se trata de una vivienda construida en 1916, de aproximadamente 2.740 pies cuadrados —unos 255 metros cuadrados—, con tres dormitorios y tres baños. La actriz la había comprado al también actor Adam Brody, quien había sido uno de sus coprotagonistas en Jennifer's Body.
La casa conserva buena parte de su estética tradicional, aunque fue adaptada con comodidades modernas. Cuenta con jardines privados, piscina, spa, un porche envolvente, una galería acristalada, cocina de estilo campestre y varios espacios de estar. Incluso el antiguo garaje fue transformado en un gimnasio.

Pero la verdadera historia detrás de la venta está lejos de los metros cuadrados y del precio inmobiliario. Seyfried decidió instalarse definitivamente en un entorno mucho más tranquilo, en una granja de la década de 1930 que adquirió en 2013 en los Catskills, donde construyó una vida alejada del ritmo de Los Ángeles.
Allí vive junto a su esposo, el actor Thomas Sadoski, sus dos hijos y una particular colección de animales rescatados. La propiedad funciona prácticamente como un pequeño santuario, con caballos, cabras, gallinas y otros animales, y se convirtió en el lugar donde la actriz encontró una rutina completamente diferente a la que llevaba en Hollywood.

La propia Seyfried describió su decisión de abandonar Los Ángeles como “la mejor decisión” que pudo tomar en términos de privacidad, tranquilidad y contacto con la naturaleza. La actriz ha hablado en distintas oportunidades sobre cuánto valora esa vida más reservada y el efecto positivo que tiene sobre su bienestar.
La operación inmobiliaria también marca una suerte de cierre simbólico. La vivienda de Hollywood Hills fue durante años uno de los espacios de Seyfried en California, pero ahora la actriz parece decidida a que su vida cotidiana transcurra lejos de las colinas de Los Ángeles y mucho más cerca de los animales, el campo y la tranquilidad de Nueva York.
Aunque continúa trabajando en cine y televisión —Seyfried protagonizó recientemente The Housemaid—, su elección personal parece clara: seguir formando parte de Hollywood, pero vivir cada vez más lejos de Hollywood.
