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Un museo de Oxford retira cabezas reducidas de América Latina para "descolonizar" su exposición

Las cabezas humanas reducidas expuestas en el Museo Pitt Rivers generaron controversia, y la administración lamentó que los visitantes a menudo percibían la antigua cultura como "salvaje" y "primitiva".

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15/09/2020 -

El Museo Pitt Rivers, fundado por la Universidad de Oxford para exponer colecciones arqueológicas, antropológicas y etnográficas, ha decidido retirar de su exposición las tsantsas, cabezas reducidas elaboradas por los shuar, un grupo amazónico dispersado por Ecuador y Perú.

El museo, que reabrirá al público el 22 de septiembre, anunció este lunes en un comunicado que por su "complicada historia colonial" revisó toda su colección desde el punto de vista ético, y este verano retiró de la exposición 120 restos humanos, incluidas las tsantsas de Sudamérica, las cabezas de trofeo de las tribus Naga y una momia egipcia de un niño.

"La implementación de la revisión es parte del plan estratégico del museo para hacer que sus espacios públicos estén más en línea con su ética contemporánea de trabajar activamente con las comunidades y respetar las diferentes formas de ser mientras nos convertimos en un espacio acogedor para todos", señaló la directora del museo, Laura van Broekhoven.

Van Broekhoven explicó que los visitantes "a menudo percibían las exhibiciones de restos humanos en el museo como un testamento de que otras culturas son 'salvajes', 'primitivas' u 'horripilantes'", y en lugar de ayudar al público a entender con una mayor profundidad otras formas de ser, los objetos expuestos "reforzaron el pensamiento racista y estereotipado que va en contra de los valores del museo hoy en día".

¿Qué eran las tsantsas?

Las cabezas reducidas de los enemigos asesinados eran un trofeo de guerra cargado de supuestos poderes sobrenaturales. Los shuar creían que de esa manera atrapaban el alma del enemigo y evitaban que el espíritu del difunto pudiera vengarse, y además de utilizar las tsantsas como un talismán o amuleto con el alma que podían controlar, también obtenían fama y honor.


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La elaboración de las tsantsas era compleja. Al enemigo se le cortaba la cabeza y en la parte de atrás se hacía un corte para retirar la piel del cráneo y el cuero cabelludo. Luego la piel se introducía en agua hirviendo para limpiarla, y se cosía un anillo con fibra de chambira que se ataba a la abertura del cuello. A continuación, dentro de la cabeza colocaban piedras calientes para limpiarla desde el interior, y arena caliente para darle forma a la cara.

Este procedimiento se repetía varias veces y conllevaba la reducción del tamaño de la cabeza, que finalmente se ahumaba sobre el fuego que la endurecía y le daba un color oscuro. Los labios eran atravesados por varillas de chonta y alrededor de ellas se enrollaban fibras de algodón. Con la cabeza teñida de negro y los labios atravesados, el enemigo no podía ver ni salir. Lo que se conservaba con esmero era el pelo largo del difunto, ya que ahí residía su fuerza, según las antiguas creencias.

El museo adquirió su colección de tsantsas entre 1884 y 1936, y desde 2017 trabaja con la Universidad San Francisco de Quito (USFQ) para abordar con los representantes de los shuar cómo quieren ser representados en el museo y cómo es mejor cuidar de su herencia cultural que está en su posesión.

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