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El insólito final de Pío XII: el fallido embalsamamiento que terminó con la explosión de su cadáver

El papa Pío XII murió en 1958 y su funeral estuvo marcado por un episodio insólito. Su médico personal aplicó un método de conservación que provocó un rápido deterioro del cuerpo y obligó a realizar intervenciones de urgencia antes de su sepultura.

Hoy 23:09

La historia de Pío XII está marcada por uno de los funerales más accidentados de la historia moderna del Vaticano. Tras su muerte, ocurrida el 9 de octubre de 1958, su médico personal, Riccardo Galeazzi-Lisi, aplicó un particular método de embalsamamiento que terminó provocando graves problemas en la conservación del cuerpo.

El episodio llegó a tal punto que, durante el traslado del cadáver desde Castelgandolfo hacia Roma, se escucharon fuertes ruidos provenientes del ataúd. Según los relatos de la época, el tórax del pontífice había sufrido una ruptura producto de la acumulación de gases generada por el fallido proceso de conservación.

¿Quién fue Pío XII?

Antes de convertirse en Papa, Eugenio María Giuseppe Giovanni Pacelli nació en Roma el 2 de marzo de 1876, en el seno de una familia vinculada al derecho y a la Santa Sede.

Desde joven manifestó su vocación religiosa. Estudió teología en la Universidad Gregoriana y fue ordenado sacerdote el 2 de abril de 1899. Posteriormente obtuvo formación en derecho civil y canónico.

Su carrera dentro de la diplomacia vaticana fue extensa. En 1920 fue nombrado nuncio apostólico en Alemania y posteriormente también ejerció funciones como nuncio en Prusia. Durante esos años participó en la negociación de distintos concordatos.

Papa Pio XII Papa Pio XII

En 1934, todavía como secretario de Estado, Pacelli visitó la Argentina como delegado del papa Pío XI, con motivo del Congreso Eucarístico Internacional.

Tras la muerte de Pío XI, Pacelli fue elegido Papa el 2 de marzo de 1939, el mismo día en que cumplía 63 años. Adoptó el nombre de Pío XII, en continuidad con su antecesor.

El médico que aseguró tener un método revolucionario

Durante su pontificado, Pío XII tuvo como médico personal a Riccardo Galeazzi-Lisi, quien aseguró haber desarrollado un novedoso método para conservar cadáveres.

El médico incluso le había mostrado al Papa fotografías de una persona fallecida en un accidente de tránsito antes y después de aplicar su procedimiento. Según el relato, el resultado había sorprendido a Pío XII, quien quedó impresionado por el estado de conservación del cuerpo.

Papa Pio XII Papa Pio XII

Cuando el Papa murió en Castelgandolfo, Galeazzi-Lisi pidió hacerse cargo personalmente del embalsamamiento. Argumentó que Pío XII le había dado su consentimiento en vida.

El procedimiento consistía en sumergir el cadáver en una mezcla de hierbas aromáticas y posteriormente envolverlo con varias capas de celofán.

Medico del Papa Medico del Papa

El problema fue que el método no tuvo en cuenta adecuadamente las condiciones necesarias para conservar un cuerpo durante el traslado y la exposición pública.

El cuerpo comenzó a deteriorarse

A las pocas horas, el cadáver comenzó a hincharse y desprender fuertes olores. La situación llegó a tal punto que algunos de los integrantes de la guardia de honor encargados de custodiarlo se desmayaron.

La situación generó preocupación entre los responsables del funeral y los cardenales debieron reunirse para analizar cómo solucionar el problema.

Pero las dificultades recién comenzaban.

El momento más dramático durante el traslado

El cuerpo fue trasladado desde Castelgandolfo hacia Roma en un vehículo fúnebre motorizado proporcionado por el municipio, debido a que el carruaje tirado por caballos blancos solicitado por la Santa Sede no estaba disponible.

Durante el trayecto, cerca de la Basílica de San Juan de Letrán, quienes acompañaban el vehículo escucharon ruidos muy fuertes provenientes del interior del ataúd.

Papa Pio XII Papa Pio XII

Según el relato, los sonidos eran similares a golpes y podían escucharse desde el exterior. La acumulación de gases habría provocado una ruptura en el tórax del cadáver.

Al llegar a Roma, fueron convocados especialistas para intentar solucionar el estado en el que se encontraba el cuerpo antes de su exposición ante los fieles.

El rostro de Pío XII también sufrió las consecuencias

Los especialistas debieron trabajar contra reloj. El estado del cadáver hacía cada vez más difícil su preparación para la ceremonia.

El relato sostiene que el rostro comenzó a deteriorarse, al punto de que se desprendió parte del tabique nasal y las facciones adquirieron una tonalidad verdosa.

La situación obligó a realizar nuevas intervenciones. Durante la noche del 11 al 12 de octubre, incluso fue necesario cerrar la Basílica de San Pedro para continuar con los trabajos de conservación.

Entre las medidas evaluadas estuvo la posibilidad de colocar una máscara de cera sobre el rostro del pontífice y modificar la altura de la plataforma donde estaba expuesto para evitar que los peregrinos pudieran observarlo de cerca.

El último problema: llevarlo hasta la tumba

El traslado hacia las Grutas Vaticanas también presentó dificultades. El cuerpo se encontraba en un estado de deterioro tal que debía ser manipulado cuidadosamente.

Según el relato, fue necesario utilizar finas tiras de seda para mantener unido el cuerpo y poder colocarlo finalmente dentro del ataúd.

De esta manera, Pío XII pudo ser sepultado frente a la tumba de San Pedro.

El episodio dejó una profunda impresión entre quienes participaron de los funerales y, posteriormente, sus sucesores Juan XXIII y Pablo VI establecieron que no debían utilizarse métodos extraordinarios para la conservación de los cuerpos de los pontífices.

El destino del médico

Las consecuencias para Galeazzi-Lisi fueron severas. El 25 de octubre de 1958, fue apartado de sus funciones y posteriormente expulsado del Colegio Médico por lo que fue considerado un “comportamiento indigno”.

Además, el nuevo papa, Juan XXIII, ordenó su expulsión del Vaticano.

En 1960, Galeazzi-Lisi publicó el libro Dans l'ombre et dans la lumière de Pie XII —Bajo las luces y las sombras de Pío XII—, en el que incluyó fotografías tomadas durante los últimos momentos de vida del pontífice.

El médico murió en 1986.

La historia de Pío XII quedó así vinculada a uno de los episodios funerarios más extraños del Vaticano: un método de embalsamamiento que debía preservar el cuerpo del Papa terminó provocando una cadena de problemas que obligó a los especialistas a intervenir de urgencia antes de su sepultura.