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Opinión y Actualidad

León XIV - Sereno y diplomático, sabe mostrar las garras sin rugir cuando es necesario

Un papa también venido de América, de carácter y estilo muy diferentes, pero, como ha demostrado en sus 17 meses de pontificado, con una visión muy parecida del mundo y de la Iglesia.

Hoy 06:28

Por Elisabetta Piqué, en el diario La Nación

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Manso, sereno, parco, diplomático, muy determinado, un hombre que no le teme a nada y que cuando tiene que decir las cosas, saca las garras y las dice, pero sin rugir. Así es el León que llega mañana a la Argentina, tierra a la que nunca viajó su predecesor, Francisco. Un papa también venido de América, de carácter y estilo muy diferentes, pero, como ha demostrado en sus 17 meses de pontificado, con una visión muy parecida del mundo y de la Iglesia. “Viste como Benedicto, pero habla como Francisco”, resumió el abad benedictino británico Christopher Jamison, en diálogo con esta corresponsal. León, de hecho, no es Francisco; tiene una forma de ser totalmente distinta –más formal, apegada al protocolo, sobria, menos espontánea–, pero desde que fue electo, el 8 de mayo de 2025, en un cónclave que duró menos de 24 horas, ha dejado en claro que sigue su huella. Sus prioridades son la paz en un mundo cada vez más inhumano, marcado por el avance de una inteligencia artificial sin control, más polarizado que nunca, donde el derecho internacional surgido después de la Segunda Guerra Mundial está siendo pisoteado, así como, en muchas partes, la dignidad humana y la unidad en la Iglesia católica. Apenas electo al trono de Pedro, Robert Francis Prevost, el primer papa nacido en los Estados Unidos, pero también peruano porque vivió en el país andino la mitad de su vida sacerdotal –primero como misionero agustino, luego como obispo–, el ala conservadora de la Iglesia no tardó en celebrar. Como salió vestido con la tradicional muceta roja –a diferencia de su predecesor argentino–, se entusiasmó con una marcha atrás con el viento de reforma impulsado por Jorge Bergoglio, que fue quien hizo posible su elección. Fue Francisco quien lo nombró en 2014 obispo y lo envió a Perú, quien luego lo llamó a Roma en 2023 para convertirse en el prefecto del Dicasterio para los Obispos –uno de los “ministerios” más importantes del Vaticano– y lo creó cardenal. Luego, como señalándolo, en febrero de 2025, poco antes de su muerte, lo nombró cardenal-obispo. En estos 17 meses de gobierno, con un estilo sobrio, moderado y diplomático, y más allá de los intentos de conservadores y progresistas de adueñarse de su figura, León XIV –que escucha mucho, reflexiona y después actúa– dejó en claro que, más allá de continuar con su preocupación por la justicia social, los últimos y los descartados, seguirá adelante con la consolidación de los procesos puestos en marcha por Francisco en la Iglesia. Es decir, con la apuesta por la sinodalidad, un nuevo estilo de Iglesia y una mayor participación de los laicos, religiosos y sacerdotes. Fiel reflejo de la mayor participación de los laicos y de las antes mucho más relegadas mujeres en puestos dirigenciales de la Iglesia, León llegará a la Argentina junto a la primera mujer que ha nombrado en julio de este año “prefecto” del Dicasterio para la Comunicación. Se trata de la laica mexicana–estadounidense Montse Alvarado, que hasta ahora ha sido la designación más revolucionaria que León hizo en la curia romana –el gobierno central de la Iglesia católica–. Allí, León juega su juego en forma muy lenta y estratégica, sin mostrar las cartas. Hasta ahora ha mantenido a casi todo el equipo de gobierno que “heredó” de Francisco. Su secretario de Estado y número dos sigue siendo el mismo que eligió su antecesor, el cardenal italiano Pietro Parolin, el más votado después de él en el cónclave, un diplomático considerado el más papable en vísperas del voto en la Capilla Sixtina. Él también estará en el séquito papal.

“Viste como Benedicto, pero habla como Francisco”

En la curia romana se esperan recambios de titulares de diversos dicasterios, que evidentemente León quiere hacer en su momento y sin prisa. En 17 meses, salvo la sorpresa de Montse Alvarado, ha hecho pocos nombramientos importantes. Ha designado al arzobispo italiano carmelita Filippo Iannone como prefecto del Dicasterio para los Obispos –el “ministerio” que manejó Prevost hasta ser electo papa–, y a otra mujer, la monja italiana Alessandra Smerilli, como “prefecto” del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral. Smerilli reemplazó al cardenal checo–canadiense jesuita Michael Czerny, alto prelado que cumplió 80 años, pero que sigue siendo considerado una de las personas de más confianza de Prevost, que lo puso al frente de la recientemente creada Comisión Interdicasterial sobre Inteligencia Artificial. Otro nombramiento importante fue el del arzobispo italiano Paolo Rudelli como sustituto para los Asuntos Generales de la Secretaría de Estado, una suerte de “jefe de gabinete” del Vaticano. Nacido hace 71 años en Chicago, cuna de los movimientos sindicales en los Estados Unidos, matemático y canonista, el primer papa agustino conoció de primera mano la pobreza extrema de Perú cuando estuvo allí diez años como misionero. Entonces también palpó la violencia terrorista del entonces grupo guerrillero de izquierda Sendero Luminoso, la brutal represión por parte de las autoridades, la corrupción endémica, la inequidad y los efectos del cambio climático. ¿Por qué decidió ir a Perú? Así lo quiso el destino. En 1984, mientras cursaba un doctorado en derecho canónico en Roma, un accidente automovilístico en Perú mató a dos sacerdotes que ayudaban a establecer una nueva diócesis en la remota localidad de Chulucanas, en el norte del país. Fue entonces que los superiores agustinos del padre Prevost le pidieron que asumiera la tarea y se trasladara al otro lado del Atlántico, a miles de kilómetros de distancia. “No sin cierto temor he aceptado este nuevo encargo”, les confesó el padre Prevost a sus hermanos de orden, cuentan sus biografías. De todos modos, partió. “Durante su estancia en Perú, los senderistas comenzaron a tomar como objetivo a clérigos católicos extranjeros, calificándolos de ‘agentes del imperialismo disfrazados de sacerdotes’. La archidiócesis le ofreció una escolta, pero él se negó. A medida que la violencia se intensificaba, el padre Prevost permaneció en el lugar. Su credibilidad como cristiano dependía de su disposición a quedarse, fueran cuales fueran los peligros. Permaneció allí hasta 1999, cuando lo peor de la violencia terrorista ya había pasado. Al documentar la vida de León antes de su pontificado para nuestro libro, escuchamos numerosas historias como esta”, escribieron recientemente en un artículo del New York Times Daniel Burke y Scott Detrow, autores de la biografía American Pope. Electo dos veces y por un total de 12 años al frente de la Orden de los Agustinos –que tiene su cuartel general en Roma–, Prevost, que habla varios idiomas, viajó luego a más de 50 países del mundo. De hecho, los expertos coinciden en señalar que es el primer papa que cuenta con una visión global. Como prior de los agustinos estuvo en todos los continentes, donde conoció al entonces desconocido arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio: hay una foto histórica de los dos futuros papas concelebrando una misa en la Iglesia de San Agustín, allá lejos, en 2004.

Primeros hitos


León XIV –que casi siempre cita a Francisco y que, como él, más de una vez llamó a una Iglesia misionera y sinodal– comenzó su pontificado con un perfil bajo, sobre todo en comparación con su predecesor argentino. Pero en abril pasado, a casi un año de su elección, levantó vuelo y popularidad tras ser atacado por el presidente de su país, Donald Trump, que se sintió molesto por sus incesantes llamados a la paz y sus críticas hacia su aventura bélica contra Irán a la que considero, sin pelos en la lengua, “una guerra injusta” donde mueren demasiados inocentes. En otras ocasiones no dudó en denunciar el trato “inhumano” que la gestión de Trump les da a los inmigrantes. Muy hábil, dijo una y otra vez que no es un político, que no quería entrar en debate con Trump, pero que no le teme a su administración y que no se iba a quedar callado porque su misión es la de promover los valores del Evangelio. Aunque muchos, cuando fue electo, pensaron en un pontificado más tranquilo con respecto al de su informal predecesor argentino, días atrás el Vaticano confirmó que León XIV se convirtió en el primer papa de la historia que vota en elecciones democráticas en su país de nacimiento. Aunque el voto –que emitió por correo a Chicago– es secreto, la sospecha es que el ciudadano Prevost se sumó a la marea azul. Más allá de eso, su decisión de revelar su apego al derecho-deber de participación cívica en tiempos en los que las democracias parecen bajo amenaza marcó historia. Y fue un gesto inesperado, disruptivo. “Su participación en una elección estadounidense es histórica, pero no resulta sorprendente. Su trayectoria demuestra que ha votado habitualmente en elecciones locales y que está muy al tanto de lo que ocurre en su país de origen. Al igual que su predecesor, desea que los ciudadanos luchen por un futuro mejor, tanto para ellos mismos como para el bien común, y es consciente de que esto conlleva la ardua tarea de involucrarse en el proceso político. Predica con el ejemplo”, comentó a LA NACION Christopher White, excorresponsal en Roma del National Catholic Reporter y autor de Pope Leo XIV: Inside the Conclave and the Dawn of a New Papacy in 2025. Si en Wall Street algunos pensaron que con su elección iban a terminarse las críticas a ese sistema “económico que mata” del papa Francisco –acusado de comunista–, León XIV en este período al timón de la barca de Pedro, con otro estilo, siguió con la misma denuncia, basada en la doctrina social de la Iglesia. Sus pilares fueron puestos por León XIII, el pontífice en quien Prevost se inspiró al tomar su nombre, autor de la encíclica Rerum novarum. El 25 de mayo pasado, en el aniversario 135 de la publicación de ese documento que quiso responder al desafío de la revolución industrial, de hecho, León XIV también marcó historia al convertirse en el primer pontífice que presenta su primera encíclica Magnifica humanitas, sobre el cuidado de la persona humana en tiempos de la inteligencia artificial. En este texto —para muchos considerado el documento programático de su pontificado– no solo se abordan los desafíos implícitos en la IA, una herramienta ya instalada en la vida cotidiana, que no es neutra y que, según advierte, debe ser regulada ante el “riesgo de deshumanización”. La encíclica va mucho más allá. Preocupado por el actual escenario internacional, León XIV deplora las guerras, la carrera armamentista, las crecientes desigualdades y la concentración de poder en pocas manos, en un contexto en el que “la fuerza del derecho internacional es sustituida por el ‘derecho del más fuerte’”. Además, recupera los fundamentos de la doctrina social de la Iglesia como guía para reencontrar sentido en una época en la que las “víctimas se reducen a datos” y pide perdón por el papel de la Iglesia en la legitimación de la esclavitud. “La guerra no solo se libra, sino que también se prepara culturalmente a través de narrativas simplistas, lógicas de amigo-enemigo, desinformación y miedo. Cuando se atenúa la memoria histórica y se debilitan los criterios éticos que protegen a los civiles y a los más frágiles, se vuelve más fácil presentar la violencia como necesaria, inevitable o incluso ‘limpia’”, denuncia el texto. “Es en este clima donde la humanidad está cayendo en la cultura violenta del poder, donde la paz ya no se presenta como una tarea por asumir, sino como un intervalo precario entre conflictos”, lamenta. “Hoy más que nunca es importante reiterar la superación de la teoría de la ‘guerra justa’, invocada con demasiada frecuencia para justificar cualquier guerra, sin perjuicio del derecho a la legítima defensa, entendida en el sentido más estricto”, añade, en un nuevo mensaje indirecto a su compatriota, el presidente Trump, jamás mencionado en el documento, pero presente.

“Este papado da continuidad a los temas que caracterizaron la gestión del papa Francisco: la atención a los pobres y a los migrantes, y el llamamiento a la paz”


En la encíclica, León XIV repasa principios centrales de la doctrina social de la Iglesia, como la justicia social y el destino universal de los bienes. “Existe un derecho a la propiedad privada que tiene su sentido y su función propia, pero siempre subordinado al destino universal de los bienes”, sostiene. Y advierte: “Dado que la tradición cristiana nunca reconoció como absoluto o intocable el derecho a la propiedad privada, su función social no debe ser considerada como una mera opinión teológica, sino como doctrina cierta de la Iglesia, ya presente en las Sagradas Escrituras y en los Padres. Por eso, el papa Francisco recordó que la solidaridad, vivida en profundidad, significa también ‘devolverle al pobre lo que le corresponde’”. Indica, por otro lado, que “en la era de la IA y de la robótica, ya no es posible confiar únicamente en la ‘mano invisible’ del mercado”.

Una hazaña

Pragmático y medido, finalmente, León llega a la Argentina a menos de un mes de una “exitosa” operación que él mismo anunció al mundo –con enorme transparencia– en la que le extirparon el lóbulo inferior del pulmón derecho. Luego se supo que el tumor extraído era maligno. Llamativamente, su predecesor argentino también había tenido problemas de pulmón. Salvando distancias y diferencias, a los 21 años, tras una neumonía gravísima que casi lo lleva al borde de la muerte, también le extirparon una pequeña parte del lóbulo superior del pulmón derecho. Más allá de una recuperación sorprendente después de una cirugía mínimamente invasiva y tras análisis que excluyeron la necesidad de hacer tratamientos oncológicos, aunque muchos médicos –no los del Vaticano– hubieran aconsejado postergar su maratón a Sudamérica, León, determinado en su misión, no quiso hacer cambios. “Las expectativas del viaje ya eran elevadas: un regreso a su tierra natal, Perú, y una visita a la Argentina que, en cierto modo, supondría el retorno al hogar que su predecesor, el papa Francisco, nunca pudo realizar. A esto se suman sus recientes problemas de salud. Todo el mundo estará muy atento a la recuperación de León. De por sí, se trataba de un viaje intenso, con más de una docena de vuelos y tres docenas de discursos; una hazaña, incluso sin haber pasado por una intervención quirúrgica. Ahora, el viaje será objeto de un escrutinio aún mayor, especialmente durante su visita a Cuzco, dada su gran altitud”, dijo a LA NACION White, que trabaja en la Initiative on Catholic Social Thought and Public Life de la Georgetown University. Al describir su pontificado, este vaticanista estadounidense no dudó en señalar que “en muchos aspectos, este papado ha dado continuidad a los temas que han caracterizado la gestión de Francisco como la atención a los pobres y a los migrantes, así como el llamamiento a la paz”. Sin embargo, distinguió: “En lo que respecta al estilo, la diferencia es notable, ya que León se presenta como una figura más reservada, cautelosa y formal”. “No obstante –concluyó–, en un mundo marcado por una gran imprevisibilidad y por tantos líderes que emplean su poder para sembrar el caos, contar con un papa predecible ha dado lugar a una influencia verdaderamente estabilizadora, tanto para la Iglesia como para el panorama geopolítico”.