La escalofriante confesión del autor de la masacre. Ocurrió el 1° noviembre de 1955. Fue un potente explosivo camuflado en una caja de regalo navideño en el vuelo 629 de United Airlines.
-Nos has estado mintiendo toda la noche. Te vamos a acusar de este crimen. ¿Por qué no nos lo hacés fácil?
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-¿Por dónde querés que empiece?
-Por donde quieras…
-La vi partir por última vez. Me sentí más feliz de lo que me había sentido en toda mi vida.
El interrogatorio del agente James R. Wagoner al sospechoso John Gilbert Graham, de 23 años, se desarrolló la noche del 13 de noviembre de 1955 en las oficinas del FBI en Denver, Colorado, y está registrado, palabra por palabra, en los archivos de la agencia. La felicidad más grande de su vida a la que se refería Graham era la de haber asesinado a su madre, Daisie King, una empresaria de 53 años, la tarde del primer día de ese mes. Claro que para hacerlo – y por eso estaba siendo interrogado por un oficial federal y no por un simple policía local – el bueno Jack, como se lo llamaba en la familia, no había utilizado un cuchillo, una pistola o una cuerda para estrangularla, sino que había hecho estallar en el aire un avión de línea con 39 pasajeros y cinco tripulantes a bordo.
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El atentado del Vuelo 629 de United Airlines marcó un antes y un después en la historia del transporte de pasajeros en Estados Unidos: por sus características y sus consecuencias, dos años después el Congreso aprobó una ley que convirtió en delito federal la colocación de bombas en aviones y ómnibus, una legislación que hasta entonces no existía. Para entonces Jack Graham estaba muerto: había sido ejecutado el 11 de enero de 1957, apenas doce días antes de cumplir 25 años, en la cámara de gas de la Penitenciaría Estatal de Colorado. Sus últimas palabras fueron: “En cuanto a sentir remordimiento por esas personas, no lo siento. No puedo evitarlo. Todos pagan su precio y toman sus riesgos. Así son las cosas”, le dijo al alcaide de la prisión Harry Tinsley.
Restos del avión
En su confesión, Graham dijo que su única motivación era el odio contra su madre por el desprecio que siempre le había manifestado durante toda su vida. Cierto o no es sentimiento, los investigadores no demoraron en descubrir que en realidad detrás de todo ser escondía un interés mucho más mezquino: cobrar un seguro de vida de 37.500 dólares que lo tenía como único beneficiario y que él mismo había sacado poco antes que Daisie abordara el avión. Aún después de que sus interrogadores le mostraran esa prueba, Jack siguió contando los sufrimientos que le había ocasionado su madre desde la infancia.
De la orfandad al desprecio
John Gilbert Graham nació en Denver el 11 de enero de 1932, poco después del crack financiero que redujo a la miseria a millones de familias en Estados Unidos. A eso se sumó que su padre murió cuando él tenía apenas cinco años y su madre, desesperada porque no podía siquiera alimentarlos, lo internó en un orfanato, donde creció. Las cosas no mejoraron para el niño Jack cuando su madre salió de la pobreza casándose con el empresario Earl King y, al enviudar pocos meses después, lo heredó. Lo único que cambió para él fue su lugar de internación: pasó del asilo para huérfanos al Clayton College for Boys, un colegio de pupilos de altos costos y rigurosa disciplina. Allí, como antes en el orfanato, el chico creció sin que Daisie siquiera lo visitara.
Recién a los 22 años Jack comenzó a mantener una relación más cercana con la madre. Daisie seguía sin mostrarle el más mínimo afecto, aunque no le negaba dinero. Lo consideraba – y se lo hacía saber – un bueno para nada que se había casado muy joven, apenas salido del colegio, y no era capaz de mantener a su esposa y sus dos hijos. Le hacía sentir su desprecio cada vez que lo ayudaba: cuando le compró una casa, cuando le dio trabajo en su restaurante y también cada vez que lo sacaba de otro tipo de apuros por los delitos que cometía. Porque Jack debió enfrentar procesos judiciales por falsificación de cheques y por contrabando de bebidas alcohólicas, una causa en la que recibió una condena de 60 días que cumplió en una prisión de Texas.
Aunque no perdía la oportunidad de decirle que era un inútil, Daisie le perdonaba esas y otras cosas. Tampoco quiso verlo como sospechoso en enero de 1955 cuando el restaurante que había dejado a cargo de Jack quedó prácticamente destruido por una explosión provocada por un escape de gas. Ni siquiera cuando supo que su hijo había cobrado por los daños un seguro de casi diez mil dólares. También dejó pasar que estrellara la camioneta que le había regalado, por la que también cobró una póliza.
Partes del avión
Un regalo explosivo
A mediados de octubre de 1955, Daisie anunció que el 1° de noviembre viajaría a Alaska para visitar a su otra hija, la hermanastra menor de Jack, producto del matrimonio con Earl King. Le dijo que se quedaría allá y pasaría la navidad con ella. Jack le pidió entonces que le llevara un regalo: un set de herramientas para hacer bisutería. El día señalado, Jack fue a la casa de Daisy con una caja primorosamente envuelta en papel de regalo, que su madre metió en una de las dos valijas que estaba preparando para el viaje. Dentro de la caja no había ninguna herramienta, sino 25 cartuchos de dinamita, dos detonadores y un temporizador conectado a una batería.
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Después, Jack llevó a Daisy al aeropuerto de Stapleton de Denver donde, mientras su madre despachaba el equipaje y hacía los trámites para embarcar, compró en una máquina expendedora de la terminal cinco pólizas de seguro de vuelo por un total de 37.500 dólares, equivalentes a unos 450 mil dólares actuales, con él como único beneficiario. En esos años, cualquier pasajero podía comprar un seguro de vida por muy poco dinero antes de subir a un avión, sin preguntas ni control alguno, un sistema que recién cambió en la década de 1980.
El Vuelo 629 de United Airlines despegó del aeropuerto de Denver a las 18.59. Era un Douglas DC-6B y llevaba 44 personas a bordo, entre pasajeros y tripulantes. La bomba estalló once minutos después a unos 1.500 metros de altura sobre campos cercanos a Longmont y el avión se partió en pedazos. Cuando los restos en llamas cayeron a la Tierra, varias otras explosiones más pequeñas destrozaron las partes restantes del avión. Estas piezas, junto con los pasajeros y sus pertenencias, se esparcieron por varios kilómetros cuadrados del condado de Weld, en el norte de Colorado.
The Denver Post tituló al día siguiente a todo el ancho de su portada y en letras catástrofe: “44 mueren en accidente aéreo”, con una enorme foto que mostraba restos del avión esparcidos en un campo de cultivo. Todavía no se conocían las causas de la explosión, aunque los rescatistas habían notado un inconfundible olor a dinamita entre los restos. Con el correr de las horas, los peritos determinaron que la explosión se había producido en el compartimento de equipaje trasero de la aeronave y que los restos de las valijas guardadas allí estaban destrozadas y tenían un fuerte olor a pólvora.
La confesión de Graham
Mientras expertos de la autoridad de aviación civil y de United Airlines reconstruían pieza por pieza el avión destrozado en un hangar del aeropuerto, el FBI se sumó a la investigación con la hipótesis de que la explosión del Vuelo 629 era producto de un atentado.
Según consta en el archivo de la agencia federal de investigaciones, el primer paso de sus agentes fue “cotejar la información de los testigos del accidente con la de los empleados que manipularon el avión antes del siniestro; rastrear toda la carga, el correo y el equipaje a bordo; iniciar y llevar a cabo investigaciones de antecedentes de todos los pasajeros y miembros de la tripulación; y supervisar y realizar búsquedas en los restos del avión y en el equipaje o efectos personales recuperados en busca de posibles pruebas y pistas para la investigación”.
Poco a poco, la lista de sospechosos se fue acortando hasta que un nombre quedó en el primer lugar. No eran pocos los indicios que apuntaban a John Gilbert Graham: la valija de su madre había quedado completamente destrozada por la explosión y en sus restos había dinamita; además, Graham tenía antecedentes penales, había llevado a su madre al aeropuerto y había contratado un seguro de vida que lo tenía como único beneficiario.
El 13 de noviembre, el FBI citó a Jack Graham y a su esposa Gloria con el pretexto de identificar restos de equipaje. Durante doce horas los interrogaron por separado. Sus versiones sobre el regalo escondido en la maleta no coincidían. Durante las primeras horas de interrogatorio, Graham trató de mostrarse despreocupado, aunque dolorido por la pérdida de su madre, pero poco a poco fue perdiendo la calma, sobre todo después de que los agentes le hablaran de sus antecedentes penales y de las dos pólizas de seguro que había cobrado por la camioneta y la explosión en el restaurante.
Llegado a ese punto, el agente Wagoner le preguntó sobre la contratación del seguro de vida, la contestación de Jack fue banal: “Vi la pared de una de las salas del aeropuerto una máquina expendedora de seguros de vida que, poniendo una moneda de 25 centavos en la ranura, podías tenerlo. No costaba nada tener uno, por si ocurría un accidente, por eso lo contraté”, explicó. Al escuchar esa respuesta, el hombre del FBI golpeó la mesa y le dijo: “Nos has estado mintiendo toda la noche. Te vamos a acusar de este crimen. ¿Por qué no nos lo hacés fácil?”. Y Jack Graham confesó.
Habló durante tres horas más: contó lo mal que se llevaba con su madre, dio ejemplos del desprecio con que lo trataba, explicó cómo había conseguido los materiales para armar la bomba y programado el temporizador para que estallara cuando el avión estuviera en el aire para que el asesinato de Daisie se perdiera como una muerte más entre la de tantos pasajeros. En ningún momento mostró arrepentimiento y lo único que lamentó fue que la bomba hubiera estallado antes de lo que él había planeado. “Tenía que estallar cuando el avión volara sobre las montañas, porque ahí no habrían encontrado ninguna prueba”, dijo.
Días después se retractó, pero para entonces las evidencias - el cableado encontrado en el allanamiento de su casa, testigos que lo vieron comprar dinamita, su insistencia en un regalo que nunca existió- eran abrumadoras.
Por una sola muerte
Después de la confesión de Graham, la fiscalía de Denver se encontró frente a un problema legal de difícil solución: en 1955 no existía ninguna ley federal que castigara específicamente hacer estallar un avión y matar a sus ocupantes, por lo que le resultaba difícil encuadrar un caso que, además, solo tenía un antecedente parecido que databa de octubre de 1933, cuando el Vuelo 23 de United Airlines había explotado en el aire. En aquella ocasión no hubo acusación ni juicio porque no se encontró a ningún sospechoso, de modo que era la primera vez que ocurría. Finalmente, los fiscales optaron por la solución más sencilla y acusaron al autor del atentado que les había costado la vida a 44 personas solo por el homicidio de una, su madre.
El juicio se realizó en abril de 1956 y fue el primero transmitido por televisión en Estados Unidos, aunque no en vivo y en directo sino de manera diferida y editada para los noticieros. En esa edición no hubo imágenes ni declaraciones de Graham, porque sus abogados exigieron que no fuera filmado. Luego de escuchar las declaraciones de 80 testigos y revisar 174 piezas de evidencia, el jurado tardó poco más de una hora en declararlo culpable de homicidio premeditado y recomendar la pena de muerte. Graham, contra el consejo de sus propios abogados, renunció a apelar la sentencia.
Jack Graham fue ejecutado en la cámara de gas el 11 de enero 1957. Demoró once minutos en morir, exactamente el mismo tiempo que demoró en explotar la bomba después del despegue del Vuelo 629. El día anterior a la ejecución, aceptó ser entrevistado por un periodista y un camarógrafo del Rocky Mountain News. “Amaba mucho a mi madre. Significó mucho para mí. Es muy difícil decir exactamente cómo me siento”, le dijo entonces al cronista Gene Amole. Pese a que era una exclusiva impactante, en ese momento ningún canal de televisión quiso poner en el aire la entrevista, que solo se conoció décadas después, cuando se la incluyó en un documental sobre el atentado.