Adaptación del relato de Ursula Wills-Jones que retuerce los roles del folclore británico desde el cuento de Pinocho.
Por Fran Chico
Para Fotogramas
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La adaptación del relato 'The Wicker Husband', de Ursula Wills-Jones, parte de una idea tan sencilla como disparatada: una pescadora solitaria y repudiada por sus vecinos encarga al cestero del pueblo que le fabrique un marido de mimbre. Cuando la criatura cobra vida y resulta ser el compañero soñado, la comunidad empieza a mirarla (y a mirarse) de otra manera. Alex Huston Fischer y Eleanor Wilson convierten esa premisa en una fábula folk retorcida, romántica y de humor muy británico, que se permite ser incluso sexy sin perder de vista la ternura.
Olivia Colman deslumbra como la pescadora protagonista, todo corazón, sin pedir compasión ni limar sus asperezas. Se entrega por completo y se baja al barro para construir una mujer incómoda para quienes la rodean, pero nunca reducida a una caricatura. Su trabajo es sacrificado y natural, cada gesto parece brotar del personaje y no del afán de conquistar al espectador. Esa fisicidad también sostiene la extraña intimidad de la historia. La relación entre la mujer y su marido de mimbre es, al fin y al cabo, una forma de preguntarse qué esperamos del amor y quién decide qué cuerpos o deseos resultan aceptables, qué nos hace humanos, cómo nos vemos a través de los ojos ajenos y qué cariño creemos merecer. También explora una paradoja reconocible: el miedo a perder a quien queremos puede llegar a ocupar tanto espacio que acaba tapando el amor que sentimos.
La película se resiente cuando subraya esa lección, algo trillada e incluso infantil, pero coherente con su tono de parábola. Su mayor encanto, sin embargo, está en la aldea que rodea a la protagonista. Sus habitantes, a los que conocemos por su oficio o por ser la 'mujer de', son una galería de figuras pintorescas, cotillas, orgullosas y vulnerables. Son vecinos con los que apetece quedarse a charlar y a tomar algo. Y ahí encuentra 'Wicker' su calor, en ese retrato entrañable de un pueblo imperfecto y en la defensa de quienes no encajan en el molde que los demás han preparado para ellos. El amor y la dignidad no deben depender nunca de ajustarse a sus reglas.
Para retorcer los roles de ‘La bella y la bestia’ desde el cuento de Pinocho.