Decenas de miles de estudiantes, docentes, familiares y organizaciones sindicales salieron a las calles para reclamar mejoras en las escuelas. En Estrasburgo, la Policía utilizó gases lacrimógenos para dispersar a los manifestantes.
Francia volvió a vivir este martes una jornada de protestas estudiantiles y reclamos por las condiciones de la educación, con movilizaciones en distintas ciudades del país y enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad.
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En Estrasburgo, la Policía utilizó gases lacrimógenos para dispersar a estudiantes y simpatizantes que participaban de una de las manifestaciones convocadas a nivel nacional. Las protestas también estuvieron acompañadas por banderas, bengalas y momentos de tensión con los agentes antidisturbios.
El movimiento comenzó a tomar fuerza a mediados de septiembre, cuando estudiantes de entre 15 y 18 años comenzaron a bloquear cientos de liceos para denunciar la falta de reemplazo de docentes ausentes, los horarios extensos y el deterioro de los edificios escolares.
Entre los principales reclamos también aparece la situación de las aulas, que según los manifestantes están superpobladas y presentan problemas de infraestructura, además de condiciones que se agravaron durante los períodos de altas temperaturas.
Según el Ministerio del Interior francés, unas 256.000 personas participaron de las movilizaciones en todo el país, de las cuales 56.000 se concentraron en París. Las organizaciones estudiantiles, en cambio, elevaron la cifra a 450.000 manifestantes a nivel nacional y 100.000 en la capital.
En París, la principal movilización comenzó en la plaza de la República y reunió a estudiantes secundarios y universitarios junto a docentes, padres, sindicatos y organizaciones políticas de izquierda. La jornada contó con un importante operativo de seguridad, con miles de policías y gendarmes desplegados y el cierre de varias estaciones de metro.
El Gobierno de Sébastien Lecornu rechazó las acusaciones de “represión policial” y, al mismo tiempo, ordenó a sus ministros trabajar sobre algunas de las demandas planteadas por los estudiantes. Entre ellas figuran garantizar la sustitución de profesores ausentes, revisar la extensión de la jornada escolar y establecer pausas más prolongadas para el almuerzo.
Las movilizaciones se producen además en medio de un escenario político marcado por las discusiones sobre el presupuesto francés para 2027. Las organizaciones sindicales y sectores de izquierda cuestionan las medidas de ahorro impulsadas por el Ejecutivo, mientras el Gobierno las vincula con el elevado nivel de deuda del país, cercano al 120% del PBI.
La protesta también adquirió una dimensión política. Desde el Gobierno y sectores de derecha y extrema derecha cuestionaron los disturbios registrados durante algunas manifestaciones y acusaron a La Francia Insumisa (LFI) de intentar generar un clima de conflicto de cara a las elecciones presidenciales de 2027.
Por su parte, el dirigente de LFI y candidato presidencial Jean-Luc Mélenchon respaldó las movilizaciones y afirmó que se trata de una de las mayores expresiones de protesta juvenil de las últimas décadas en Francia.
En Lyon, la manifestante Michele Dalon, de 76 años, explicó su participación desde una perspectiva de solidaridad con los jóvenes. “Hay un hilo conductor en mi vida: la solidaridad”, expresó la mujer, quien trabajó como asistente social y participó de actividades sindicales.