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Opinión y Actualidad

IA y educación: qué potenciar, qué evitar y qué enseñar

La inteligencia artificial ofrece oportunidades extraordinarias para transformar la educación. Pero aprovecharlas exige comprender también sus riesgos y, sobre todo, repensar qué capacidades debemos desarrollar en las personas.

Hoy 05:46

Por Leonardo Medrano, en diario La Nación
La inteligencia artificial ingresó en la educación a una velocidad difícil de comparar con transformaciones tecnológicas anteriores. Frente a esta transformación, la discusión suele quedar atrapada entre dos extremos. De un lado, el entusiasmo tecnológico, que supone que la inteligencia artificial resolverá buena parte de los problemas educativos. Del otro, la preocupación por sus riesgos y la tentación de restringir su utilización.

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Probablemente ninguna de esas posiciones sea suficiente. La pregunta más interesante ya no es si debemos incorporar inteligencia artificial a la educación. La pregunta es qué queremos potenciar, qué debemos evitar y qué necesitamos enseñar en un mundo atravesado por esta tecnología.

Potenciar las 3P: personalización, predicción y proactividad
Una de las grandes promesas de la inteligencia artificial es la personalización. La educación moderna consiguió algo extraordinario: ampliar enormemente el acceso al conocimiento. Pero para hacerlo necesitó construir modelos relativamente estandarizados. Un mismo contenido, un mismo ritmo y, muchas veces, una misma estrategia pedagógica para estudiantes con conocimientos previos, dificultades, intereses y velocidades de aprendizaje diferentes. La inteligencia artificial permite empezar a modificar esa lógica. Un sistema puede reconocer que un estudiante necesita explicaciones adicionales sobre determinado concepto, proponerle nuevas actividades, modificar el nivel de complejidad o sugerir recursos diferentes. También puede ofrecer mayores desafíos a quienes avanzan más rápidamente.

La segunda P es la predicción. Cada interacción de un estudiante con un entorno educativo produce información. Su participación, sus resultados, sus tiempos de estudio, las actividades que completa y aquellas que posterga pueden ofrecer señales sobre su proceso de aprendizaje. Bien utilizados, esos datos permiten comprender mejor las trayectorias, identificar dificultades de manera temprana y ofrecer apoyos más oportunos.

La tercera P es la proactividad. La inteligencia artificial no solo permite que la enseñanza responda mejor al estudiante. También puede hacer posible que el estudiante tenga un rol mucho más activo frente al conocimiento. Un estudiante puede pedir una explicación diferente cuando no comprende un concepto, solicitar nuevos ejemplos, generar una simulación, practicar con distintos escenarios, explorar las consecuencias de una decisión, recibir retroalimentación inmediata o aumentar voluntariamente la dificultad de una actividad.

Evitar las 3D: desinformación, dependencia y deshumanización
El primer riesgo es la desinformación. Los sistemas de inteligencia artificial pueden producir respuestas convincentes que no necesariamente son correctas. Una afirmación falsa puede tener exactamente la misma apariencia que una verdadera. Es crucial desarrollar la capacidad para evaluar la información, verificar fuentes, contrastar argumentos e identificar sesgos.

El segundo es la dependencia. Reducir el esfuerzo cognitivo puede debilitar nuestras capacidades cognitivas. El desafío educativo consiste entonces en distinguir entre utilizar la inteligencia artificial para potenciar el pensamiento y utilizarla para reemplazarlo.

La tercera D es la deshumanización. La inteligencia artificial puede responder preguntas durante las 24 horas. Puede ofrecer cientos de ejercicios o generar explicaciones diferentes. Pero educar no consiste solamente en responder preguntas. El desafío será utilizar la tecnología para liberar tiempo de aquellas tareas que puede resolver eficientemente y recuperar ese tiempo para aquello que necesita presencia humana: acompañar, desafiar, inspirar, escuchar y construir comunidad.

Enseñar las 3C: competencias, comunicación y creatividad
La primera C son las competencias. En un mundo donde acceder a información será cada vez más sencillo, el valor estará menos en acumular contenidos y más en ser capaz de utilizarlos.

La segunda es la comunicación. Podemos disponer de sistemas capaces de producir grandes volúmenes de información, pero seguirán siendo las personas quienes deban explicar una idea, construir acuerdos, formular buenas preguntas, comprender perspectivas diferentes, liderar equipos y transmitir sentido.

Finalmente, la creatividad. Si una inteligencia artificial puede generar en segundos una respuesta técnicamente correcta, el diferencial estará cada vez más en formular preguntas que todavía no fueron respondidas, combinar ideas que antes estaban separadas, imaginar alternativas y crear soluciones nuevas.

Hay una tentación frecuente cuando aparece una tecnología disruptiva: pensar que nuestro desafío consiste simplemente en adaptarnos a ella. El futuro de la educación no consiste en acompañar una transformación tecnológica. Consiste en darle dirección. Utilizar la inteligencia artificial para ampliar nuestra capacidad de aprender, crear, comprender y transformar la realidad. Para llegar más lejos de lo que podríamos hacerlo solos.