La visita de un hombre de Grabois al Vaticano buscó condicionar conceptualmente el histórico viaje del Papa a la Argentina. Una disputa que apenas comienza.
Por Gonzalo Abascal
Para Clarín
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León XIV se prepara para aterrizar en la Argentina el 8 de noviembre. Será histórico, qué duda cabe, pero si alguien se ilusiona con que su visita pause, o al menos atenúe la grieta política, quizá deba esperar otra oportunidad. El primer Papa en llegar a Buenos Aires en casi 40 años (el último fue Juan Pablo II en 1987) será el "botín" político buscado por oficialistas y opositores, quienes intentarán obtener rédito de su presencia.
Esa dinámica, que ya empezó y se profundizará en las próximas semanas, puede ayudar a entender por qué Francisco decidió transcurrir los 12 años de papado sin regresar a su país. Y hasta justifique esa determinación.
Una cosa será lo que haga y diga León, y otra diferente lo que intenten los dirigentes con su figura. Difícil, si no imposible, esperar de él un lenguaje elocuente. Las crónicas de sus giras previas lo describen siempre apegado a discursos estructurados, alejados de cualquier improvisación y en los que prevalece un vocabulario rebelde a las interpretaciones simplistas. En todo caso, y como casi siempre en personalidades de su estatura, será una cuestión de gestos, sugerencias y semblantes (Francisco lo intentaba con suerte variada; inolvidable su gesto con Macri en el Vaticano).
Pero las sutilezas vaticanas no son compartidas la mayoría de las veces por los dirigentes locales, acostumbrados a un estilo más expresivo, por decir lo mínimo. El sábado hubo un anticipo en Roma, con la visita de una delegación sindical integrada, entre otros, por el jefe de la UOCRA, Gerardo Martínez; y Alejandro Gramajo, hombre de la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular (UTEP) que responde a Juan Grabois, de línea directa con el Vaticano.
Gramajo se desentendió del título de la convocatoria papal "Fratelli Tutti" (Todos Hermanos) y aprovechó para entregarle a León un informe de la "situación argentina" que constituye una crítica al Gobierno alejada de cualquier moderación, y que busca direccionar el marco conceptual de la visita en noviembre.
El comienzo del documento expone el tono que continuará hasta el final, y remarca "el odio, el insulto, el menosprecio y la descalificación que se han hecho hábito" desde que comenzó la gestión de Milei. Luego se extiende en cuestiones como la pobreza, poniendo en cuestión las mediciones del INDEC, y situándola en el 39% de los hogares. "En términos de población, el sinceramiento metodológico eleva la pobreza al 48%. Por lo tanto, la métrica oficial vigente invisibiliza a más de 6 millones de personas”, arriesga.
La descripción de una actualidad de horror de la que responsabiliza totalmente al Gobierno incluye cuestiones tan dispares como la criminalización de la protesta ("con un total de 2585 personas heridas asistidas"), la caída en el consumo de la carne, la interrupción en la asistencia a discapacitados ("un ajuste que cruza la frontera de la crueldad") y la morosidad en los préstamos, hasta la salud mental y la tasa de suicidios ("en 2025 se registraron 5209 suicidios, con una tasa de 11,8 por cada 100.000 habitantes, la más elevada de los últimos años").
El contenido, pero sobre todo la modulación del informe, una pieza de impugnación política pura y dura, anticipan que cualquier posibilidad de que la visita supere la grieta y las disputas internas, y trascienda hacia otros niveles menos mezquinos, quedará en manos del propio León XIV. Con la ayuda de Dios.