El fenómeno ya comenzó a intensificarse y podría alcanzar una magnitud excepcional hacia fin de año. En el país, los especialistas siguen de cerca su posible impacto sobre las lluvias, las temperaturas y la ocurrencia de eventos extremos durante los próximos meses.
El fenómeno de El Niño se fortalece rápidamente y comienza a convertirse en uno de los principales factores que condicionarán el comportamiento del clima en Argentina durante los próximos meses.
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La Organización Meteorológica Mundial (OMM) confirmó que El Niño ya está establecido y anticipó que continuará intensificándose hasta alcanzar una intensidad muy fuerte, con una probabilidad cercana al 100% de que persista hasta febrero de 2027. El organismo advirtió que un episodio de esta magnitud puede generar modificaciones importantes en los patrones de precipitaciones y temperaturas y aumentar el riesgo de fenómenos meteorológicos extremos.
En la misma línea, el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) confirmó en su actualización de septiembre que Argentina atraviesa una fase cálida del fenómeno El Niño-Oscilación del Sur (ENOS) y que existe un 100% de probabilidad de que esta condición continúe durante el trimestre septiembre-octubre-noviembre de 2026, con una intensidad prevista entre fuerte y muy fuerte.
El Niño no es un fenómeno que se produzca dentro de la Argentina. Su origen está en el calentamiento anómalo de las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial, especialmente en su región central y oriental. Ese calentamiento modifica la circulación atmosférica y puede repercutir a miles de kilómetros de distancia.
Por este motivo, no todas las provincias recibirán el mismo impacto. La propia OMM advierte que la intensidad de El Niño no determina por sí sola la gravedad de sus consecuencias en cada territorio, ya que también intervienen otros factores atmosféricos y oceánicos.
Para el trimestre septiembre-octubre-noviembre, el pronóstico climático del SMN muestra una señal de precipitaciones superiores a las normales en algunas regiones del país, especialmente en sectores del norte del Litoral, mientras que otras zonas presentan condiciones normales o distintas tendencias. Por eso, los especialistas remarcan que el fenómeno debe analizarse junto con los pronósticos estacionales y de corto plazo.
En términos generales, la presencia de un El Niño fuerte puede favorecer períodos con mayor disponibilidad de humedad, precipitaciones abundantes y tormentas, además de modificar la distribución habitual de las lluvias. En determinadas regiones, esa combinación puede generar excesos hídricos, anegamientos y crecidas.
Pero la llegada de El Niño no significa que necesariamente llueva más en todo el país ni que cada tormenta pueda atribuirse al fenómeno. El pronóstico climático trabaja con tendencias para períodos prolongados y no permite anticipar por sí solo la fecha o intensidad de un evento meteorológico puntual.
La preocupación internacional también está relacionada con el estado de los océanos.
Expertos citados en un informe sobre el calentamiento oceánico señalaron que durante los últimos meses se registraron alrededor de 100 días de temperaturas récord, con valores globales cercanos a 1 °C por encima del promedio de 1982-2010.
Durante la primera mitad de 2026, las olas de calor marinas llegaron a afectar aproximadamente al 82% del océano mundial, según los especialistas consultados. El calentamiento prolongado puede afectar la productividad biológica, modificar las rutas migratorias de las especies, desplazar las zonas de pesca y alterar las condiciones que favorecen la formación y evolución de algunas tormentas.
El especialista Tom Pickerell explicó que estas alteraciones no representan solamente un problema ambiental. Los océanos sostienen actividades vinculadas con la alimentación, el empleo, el comercio, el turismo y la energía. Según su estimación, si el océano fuera considerado una economía nacional, equivaldría a la séptima economía más grande del mundo, con un aporte de entre 2,5 y 3 billones de dólares y cientos de millones de empleos.

En Sudamérica, uno de los sectores más sensibles a El Niño es la actividad pesquera.
En condiciones normales, los vientos alisios trasladan las aguas cálidas del Pacífico hacia Indonesia y Australia, mientras que frente a las costas sudamericanas ascienden aguas profundas, frías y cargadas de nutrientes. Este proceso, conocido como afloramiento, permite el crecimiento del fitoplancton y sostiene grandes poblaciones de peces.
Durante El Niño, los vientos alisios se debilitan y las aguas cálidas avanzan hacia Sudamérica. Como consecuencia, disminuye el afloramiento y llegan menos nutrientes a la superficie, lo que puede afectar al fitoplancton y posteriormente a las poblaciones de peces. El impacto termina trasladándose también a las economías que dependen de la pesca.
La magnitud del fenómeno llevó a algunos especialistas a utilizar expresiones como “Niño Godzilla” o “Súper Niño” para describirlo. Sin embargo, se trata de denominaciones utilizadas para graficar su intensidad y no del nombre científico oficial, que continúa siendo El Niño.
En Santiago del Estero, el fortalecimiento de El Niño también es seguido de cerca, especialmente ante la llegada de la primavera y el verano, dos estaciones en las que las lluvias y las tormentas adquieren mayor protagonismo en la provincia.
El Gobierno provincial ya organizó en junio una conferencia específica sobre “Fenómeno de El Niño: alerta temprana para Santiago del Estero”, con especialistas y representantes de organismos técnicos. El encuentro tuvo como objetivo analizar los posibles escenarios climáticos, fortalecer el monitoreo y avanzar en estrategias de prevención frente a eventuales fenómenos extremos.
Para la provincia, sin embargo, el panorama no permite afirmar que todo Santiago del Estero tendrá lluvias extraordinarias. El pronóstico trimestral más reciente ubica al este santiagueño dentro de la categoría de precipitaciones normales para septiembre, octubre y noviembre, mientras que análisis de especialistas del INTA advierten que la evolución de El Niño podría favorecer un incremento de las precipitaciones en esa zona, especialmente por su proximidad con la región del NEA.
Esto significa que la provincia deberá seguir especialmente la evolución de la humedad, las tormentas y la distribución de las lluvias, ya que el comportamiento del fenómeno puede variar durante el trimestre. El propio análisis de especialistas del INTA señala que el impacto de El Niño depende de la interacción entre el calentamiento del Pacífico y otros elementos de la circulación atmosférica.
La previsión internacional indica que El Niño alcanzará su máxima intensidad hacia finales de 2026, aunque sus efectos climáticos podrían continuar durante los primeros meses de 2027.
Para Argentina, el principal desafío será determinar cómo esa señal global se traduce en cada región. La primavera y el comienzo del verano estarán marcados por un escenario en el que las lluvias, las temperaturas y la posibilidad de episodios meteorológicos extremos deberán ser monitoreados con especial atención.
Por ahora, los organismos meteorológicos coinciden en que el fenómeno está firmemente establecido y seguirá intensificándose. El Niño no significa automáticamente más lluvias para todo el país, pero sí constituye un factor capaz de modificar los patrones climáticos habituales y que deberá ser tenido en cuenta durante los próximos meses.
En Santiago del Estero, mientras tanto, la atención estará puesta principalmente en la evolución de las precipitaciones y las tormentas durante la primavera. El comportamiento de las lluvias será el dato clave para determinar hasta qué punto el fuerte episodio de El Niño termina trasladando sus efectos al territorio provincial.