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No poder dormir y obsesionarse con hacerlo: el hábito que puede jugar en contra

Intentar controlar cada detalle del descanso puede generar el efecto contrario. Un especialista explica cómo romper el círculo del insomnio.

Hoy 09:48
Sueño

Dormir bien no siempre depende únicamente de apagar las pantallas, evitar el café o acostarse todos los días a la misma hora. Para algunas personas, la propia presión por conseguir un descanso perfecto puede convertirse en uno de los factores que dificultan conciliar el sueño.

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El psicólogo español Rafael Santandreu plantea que, especialmente en determinados cuadros de insomnio crónico, el problema puede agravarse cuando la persona comienza a obsesionarse con dormir rápidamente, contar cuántas horas le quedan antes de levantarse o preocuparse anticipadamente por cómo rendirá al día siguiente.

Según explicó, intentar controlar un proceso que normalmente debería producirse de manera natural puede generar un estado de alerta incompatible con el descanso. “Obsesionarse con crear condiciones perfectas solo aumenta el miedo a que algo falle y, con ello, la probabilidad de permanecer despierto”, sostuvo.

El especialista considera que una de las claves pasa por reducir esa presión mental y aceptar que, eventualmente, puede haber noches en las que resulte difícil dormir. Al disminuir el temor a permanecer despierto, plantea, la cama deja de convertirse en una especie de “examen” que la persona siente que debe superar todas las noches.

El miedo a no dormir puede alimentar el problema

Santandreu señala que, en algunos casos de insomnio persistente, el miedo a no poder dormir termina formando parte del propio problema. La preocupación por el cansancio del día siguiente o por las consecuencias de pasar una noche en vela puede generar ansiedad y mantener al cerebro en estado de alerta.

El psicólogo compara este mecanismo con las arenas movedizas: “Cuanto más lucha uno por salir y más se esfuerza por dormir, más se hunde en el insomnio”.

Por ese motivo, plantea que romper el círculo requiere aprender a permanecer en la cama con mayor tranquilidad, incluso cuando el sueño no aparece de inmediato, evitando convertir cada noche en una lucha por quedarse dormido.

Tres situaciones diferentes detrás del insomnio

El especialista distingue tres escenarios principales. Uno de ellos es el insomnio asociado al miedo a no dormir, en el que la preocupación por permanecer despierto termina reforzando el problema. Otro puede aparecer después de largos períodos de estrés o situaciones que alteraron durante mucho tiempo el descanso, como la crianza de niños pequeños, y que se caracteriza por un sueño más ligero.

El tercer escenario está vinculado con preocupaciones o problemas de la vida cotidiana, que pueden dificultar la relajación necesaria al momento de acostarse.

Santandreu también menciona herramientas utilizadas dentro de enfoques conductuales, entre ellas la restricción del tiempo en cama y técnicas paradójicas destinadas a disminuir el miedo a permanecer despierto. Este tipo de intervenciones busca modificar la relación de la persona con el sueño y reducir la ansiedad asociada a la noche.

Sin embargo, cuando las dificultades para dormir se mantienen durante semanas, afectan la actividad diaria o se acompañan de otros síntomas, lo recomendable es realizar una consulta profesional para determinar la causa y recibir un abordaje adecuado.

La idea central es evitar que dormir se transforme en una obligación que genere todavía más tensión: cuanto mayor es la presión por conseguir el descanso perfecto, más difícil puede resultar que el sueño aparezca de manera natural.