En una rueda sin actividad local por el feriado del Paso a la Inmortalidad del General San Martín, los títulos soberanos en Wall Street bajaron 0,6% en promedio y el riesgo país alcanzó su nivel más alto desde el 10 de junio.
Los activos argentinos sufrien bajas durante agosto, ante la falta de noticias locales que permitan estimular el optimismo inversor. La inflación de julio fue más alta que lo previsto y en la medición interanual se incrementó a un máximo desde julio del año pasado.
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Tampoco se vienen observando indicadores macroeconómicos que habiliten el entusiasmo. Y hacia adelante asoman los desafíos: menores liquidaciones de divisas hasta 2027, un siempre difícil y volátil año electoral y altos montos comprometidos por vencimientos de deuda.
Este lunes, sin actividad en el mercado financiero argentino por la conmemoración de un nuevo aniversario del Paso a la Inmortalidad del General José de San Martín, los bonos soberanos en dólares de Argentina operados en Wall Street exhibieron una baja del 0,6% en promedio. Según datos de Reuters, el Global 2030 (GD30) cayó 0,3%; el Global 2038 (GD38) cedió 0,6%, y el Global 2035 (GD35) restó 0,8 por ciento.
En el mismo sentido, el riesgo país argentino se ubicó otra vez cerca de los 500 puntos básicos. El indicador de JP Morgan, que mide la brecha de tasas respecto de los bonos del Tesoro de los EEUU, avanzó 15 unidades para Argentina, en los 489 puntos básicos, un máximo desde el 10 de junio.
Los bonos hard dollar -Bonares y Globales- anotan durante agosto una pérdida promedio de 3%, mientras que el riesgo país experimentó un ascenso de más de 50 puntos básicos en el período.
“Después de varios meses operando por encima de sus pares emergentes, los bonos argentinos corrigieron y el mercado volvió a mirar los fundamentos locales, con una actividad que sigue sin consolidarse y un 2027 que empieza a asomar”, definió Cohen Aliados Financieros.
“Si bien el tipo de cambio mayorista encontró estabilidad en torno a $1.492 durante los últimos días, la calma cambiaria no llegó a replicarse en el resto de los activos locales: el equity profundizó la corrección y el riesgo país continuó escalando”, refirió GMA Capital en un informe. “Mientras que el promedio de emergentes se mantuvo estable y los Treasuries tampoco registraron movimientos significativos. La debilidad de los bonos argentinos, por ahora, parece responder más a factores idiosincráticos que a un shock externo”, apuntó.
La cautela financiera también impactó sobre los bonos norteamericanos -dado el nivel de déficit fiscal de la administración central-, que cayeron en precio y cuya rentabilidad -que se mueve en sentido contrario- se elevó a su punto más alto en dos décadas. El rendimiento del bono del Tesoro de Estados Unidos a 10 años se situó en 4,72% anual, mientras que el tramo a cinco años rondó 4,38% y los plazos más largos a 20 y 30 años se ubicaron cerca del 5,31 por ciento.
“El contraste se vuelve todavía más evidente al mirar la evolución del año. El GD35 anotaba un retorno directo de 9% en julio, por arriba tanto de Ecuador como del promedio de los emergentes. Desde ese máximo, el precio se desinfló, prácticamente borrando el exceso de retorno versus Ecuador y recortando buena parte de la ventaja relativa que había acumulado durante el primer semestre”, detalló GMA Capital. Y concluyó que “el movimiento marca un cambio de dinámica. Durante el primer semestre, Argentina fue una de las historias positivas dentro de la deuda emergente y capturó una fuerte compresión de spreads. Ahora, ese diferencial comienza a revertirse y los bonos argentinos perdieron terreno”.
Los expertos de IEB precisaron que “la renta fija argentina se despegó del acople que venía mostrando respecto a la volatilidad en el frente internacional”. Consignaron que “el motivo detrás de esto no es claro ni monocausal, y parece haberse combinado un menor apetito por el riesgo que trajo el endurecimiento de las condiciones financieras globales, algunas encuestas políticas acerca de la aprobación del oficialismo de cara a las próximas elecciones; la discusión pública muy metida en la contienda electoral de octubre del año que viene y datos de actividad que, a priori, muestran la vigencia de la economía a dos velocidades”.
Para la Consultora 1816, “marcar los $1.500 como techo de corto plazo también afectó la dinámica de la deuda en dólares, con un mal desempeño reciente en comparación con sus pares emergentes. Lo de los bonos en dólares -y lo de las acciones- seguramente también haya tenido que ver con las últimas encuestas, que sugieren que la aprobación de Milei volvió a mínimos -o a casi mínimos- de su gestión. Los números de actividad no ayudan, porque siguen consolidando la idea de una economía muy heterogénea, con los sectores intensivos en mano de obra sin terminar de recuperarse”.