A partir de investigaciones realizadas por el equipo Historia UNSE Mujeres se logró recuperar aspectos poco conocidos sobre el papel que desempeñó la provincia en el proceso independentista de 1816.
Cada 9 de Julio, los relatos sobre la Independencia argentina suelen concentrarse en el Congreso reunido en Tucumán. Sin embargo, detrás de aquella declaración histórica existieron provincias que atravesaban complejas realidades políticas y económicas mientras contribuían a la construcción de la nueva Nación. Santiago del Estero fue una de ellas.
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A través de una reflexión elaborada por el Equipo Historia UNSE Mujeres, integrado por las historiadoras Karina Roldán, María Eugenia Hernández Reinundi, María Olivera, Evangelina Isaac y Marcia Pompollo, se recuperan aspectos poco conocidos sobre el papel que desempeñó la provincia en el proceso independentista de 1816.
Una provincia marcada por los conflictos políticos
Cuando los congresales se preparaban para reunirse en Tucumán, Santiago del Estero atravesaba un escenario de profundas tensiones internas.
Un año antes, en 1815, se había producido el primer intento autonomista liderado por Juan Francisco Borges, quien cuestionaba la subordinación política de Santiago a la jurisdicción tucumana. El movimiento fue reprimido y su principal referente ejecutado, dejando una fuerte huella en la vida política provincial.
Aquellos acontecimientos influyeron directamente en el proceso de elección de los diputados que representarían a Santiago en el Congreso de Tucumán, en un contexto marcado por disputas de poder y desacuerdos entre distintos sectores de la sociedad local.
Los diputados santiagueños
La primera elección recayó en el presbítero Pedro Francisco de Uriarte y en Fray Ignacio Garay, aunque este último debió renunciar por razones de salud.
La situación obligó a realizar una nueva convocatoria y, tras diversas demoras y debates, finalmente fueron designados Pedro Francisco de Uriarte y Pedro León Díaz Gallo, quienes fueron incorporados oficialmente al Congreso el 20 de abril de 1816.
Ambos tendrían un papel histórico al convertirse en representantes de Santiago del Estero en la sesión que declaró la Independencia.
Las investigadoras destacan especialmente la figura de Uriarte, cura de Loreto, cuya participación permite observar la relevancia que tuvo el interior santiagueño y el papel activo del clero en los procesos políticos de la época.
Costos económicos
Uno de los aspectos más reveladores que surge de las actas capitulares es la preocupación por financiar la participación de los representantes santiagueños.
La provincia atravesaba una situación económica compleja y el Cabildo tuvo dificultades para reunir los recursos necesarios para costear los gastos de viaje, estadía y dietas de los diputados.
Para afrontar esos compromisos se recurrió al aumento de impuestos y al arriendo de tierras pertenecientes a pueblos de indios que permanecían bajo administración estatal.
"Estos documentos permiten comprender que la Independencia no fue solamente una cuestión de ideales políticos o grandes discursos. También requirió recursos concretos, dinero, trabajo, tierras, alimentos y contribuciones que debieron ser aportados por la sociedad", explican las integrantes del Equipo Historia UNSE Mujeres.
La pregunta que surge entonces es quiénes asumieron esos costos. Los registros históricos muestran que gran parte del esfuerzo económico recayó sobre sectores populares, en una sociedad atravesada por profundas desigualdades.
Cuando la noticia
El 9 de julio de 1816, el Congreso declaró la Independencia de las Provincias Unidas en Sud América, rompiendo formalmente los vínculos con la Corona española.
La noticia tardó algunos días en llegar a Santiago del Estero, pero una vez conocida, las autoridades locales dispusieron celebraciones públicas para manifestar la adhesión al nuevo orden político.
Tres días después se ordenó iluminar las viviendas durante las noches del 12, 13 y 14 de julio. Las luminarias constituían mucho más que una expresión festiva: eran una demostración pública de apoyo a la causa independentista.
Las actas de la época revelan incluso que, aunque se reconocía la pobreza de buena parte de la población y se establecía que cada vecino debía participar según sus posibilidades, quien no iluminara su casa podía ser considerado enemigo de la América independiente.
Ese gesto simbólico muestra cómo la política también se expresaba en acciones cotidianas. Encender una luz significaba hacer visible el compromiso con la nueva Nación que comenzaba a construirse.
Repensar la independencia
Desde el Equipo Historia UNSE Mujeres sostienen que recuperar estas historias permite ampliar la mirada sobre el proceso independentista y reconocer el protagonismo de actores y territorios que muchas veces quedan relegados en los relatos tradicionales.
A 210 años de la Declaración de la Independencia, las historiadoras destacan la importancia de seguir investigando y difundiendo el pasado desde una perspectiva regional, que permita comprender cómo Santiago del Estero contribuyó, con sus conflictos, esfuerzos y protagonistas, a la construcción de la Argentina independiente.
Porque la historia del 9 de Julio no se escribió solamente en Tucumán: también se construyó en los pueblos, cabildos y comunidades que, desde distintos rincones del territorio, hicieron posible el nacimiento de una nueva Nación.