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Nacer en invierno podría influir en la personalidad, según una investigación científica

Un análisis de casi 3.000 jóvenes encontró diferencias llamativas entre quienes llegaron al mundo en meses fríos y aquellos nacidos en otras estaciones.

Hoy 12:39

La idea de que el mes de nacimiento puede influir en la personalidad suele circular como una curiosidad, casi siempre mezclada con astrología o generalizaciones demasiado amplias.

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Pero un estudio científico publicado en PLOS ON intentó abordar la cuestión desde otro lugar y analizar si la estación de nacimiento se relaciona con ciertos rasgos de temperamento medidos con herramientas psicológicas estandarizadas. El resultado fue más acotado y más interesante de lo que suele decirse en redes.

Lo primero que conviene aclarar es que el trabajo no habla exactamente de “sensibilidad emocional” en el sentido cotidiano del término. Lo que estudió fue la relación entre la estación de nacimiento y dimensiones del temperamento evaluadas con el Temperament and Character Inventory en 2.956 estudiantes universitarios de Corea del Sur, con una edad promedio de poco más de 19 años.

Los investigadores dividieron los nacimientos en cuatro grupos: primavera (marzo a mayo), verano (junio a agosto), otoño (septiembre a noviembre) e invierno (diciembre a febrero).

A partir de esos datos, encontraron una diferencia estadísticamente significativa sobre todo en un rasgo llamado novelty seeking o búsqueda de novedad, especialmente entre los varones.

En términos simples, este rasgo se vincula con una mayor tendencia a buscar estímulos nuevos, actuar con más impulso, tolerar peor la monotonía y mostrar una respuesta más intensa frente a lo novedoso o excitante. En ese marco, los hombres nacidos en otoño e invierno mostraron niveles más altos de ese rasgo que los nacidos en primavera.

Podría decirse que los meses con mayor “sensibilidad” o reactividad temperamental, según este estudio, se concentran entre septiembre y febrero, es decir, en los nacidos en otoño e invierno boreal -el equivalente a marzo y agosto en el hemisferio sur-, aunque con una precisión importante: ese resultado apareció de manera clara en hombres, no en mujeres. De hecho, los autores remarcan que en las participantes femeninas no encontraron una correlación estadísticamente significativa entre estación de nacimiento y los rasgos analizados.

El estudio fue más fino todavía al mirar sub rasgos específicos dentro de esa búsqueda de novedad. Allí observó que los hombres nacidos en otoño puntuaban más alto en disorderliness —algo así como mayor desorden o menor apego a reglas rígidas—, mientras que los nacidos en verano e invierno mostraban puntajes más altos en extravagance, una subescala asociada a un comportamiento más impulsivo o menos contenido frente a ciertos estímulos.

En cambio, los nacidos en primavera presentaban niveles más bajos en esos subrasgos, algo que los autores interpretan como una posible señal de mayor autocontrol o disciplina relativa.

Ahora bien, eso no significa que haber nacido en determinado mes defina por completo la personalidad ni que exista una receta cerrada sobre cómo será cada persona.

Los propios investigadores fueron prudentes y afirmaron que sus resultados sugieren que factores ambientales asociados a la estación de nacimiento podrían influir en el temperamento durante el desarrollo temprano, pero no permiten establecer una causalidad definitiva.

También recuerdan que la personalidad depende de una combinación mucho más amplia de factores genéticos, biológicos, familiares y sociales.