Video. El episodio ocurrió en el estacionamiento, cuando ambos efectivos se apuntaron con pistolas de servicio, el tiro atravesó el parabrisas de una patrulla y dio en el hombro izquierdo.
Un episodio insólito y alarmante sacudió a la Policía de Pasadena, en California, cuando un juego imprudente entre dos agentes terminó con uno de ellos herido de bala. El incidente, ocurrido en el estacionamiento del departamento policial, involucró a dos miembros de la corporación que, en un momento de aparente camaradería, desenfundaron sus armas de fuego y se apuntaron mutuamente en lo que describieron como una broma, pero que rápidamente se tornó en tragedia. El resultado: uno de los oficiales recibió un disparo en el hombro izquierdo, en un hecho que, de no haber mediado fortuna, pudo haber tenido consecuencias fatales.
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La secuencia de los acontecimientos, revelada posteriormente por la propia corporación, comenzó cuando uno de los agentes llegó al estacionamiento de la dependencia. Su compañero, según describió el jefe policial, desenfundó su arma de servicio y la apuntó directamente hacia él sin intención aparente de disparar. La escena, según se reconstruyó, evocaba un duelo del viejo oeste, aunque en pleno siglo XXI y en el corazón de una institución dedicada a la seguridad pública. Lejos de ser una simple broma, la situación escaló cuando el segundo oficial, en respuesta al gesto, también desenfundó su arma y, en ese momento, apretó el gatillo. El proyectil atravesó el parabrisas de una patrulla y fue a impactar en el hombro de su colega, provocándole una herida que requirió atención médica inmediata.
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El hecho fue calificado por el propio jefe de la Policía de Pasadena, Gene Harris, como un “comportamiento inseguro e inapropiado”, y no dudó en señalarlo como el resultado de una actitud irresponsable que vulneró de manera flagrante todos los protocolos institucionales sobre el manejo de armas de fuego. La reacción del funcionario fue contundente: “El incidente es consecuencia directa de una violación grave a las normas básicas de seguridad que todo policía debe respetar”, enfatizó Harris ante medios y en comunicaciones internas. El jefe policial subrayó que la manipulación indebida de armas cargadas, aún bajo el pretexto de una broma o camaradería, pone en riesgo no solo la integridad de los propios agentes, sino la confianza de la sociedad en sus fuerzas de seguridad.
La normativa vigente en la corporación, como en la mayoría de los cuerpos policiales de Estados Unidos, establece de manera clara la prohibición absoluta de manipular armas de fuego fuera de contexto operativo. Las armas deben permanecer aseguradas y bajo control estricto, evitando cualquier exhibición o uso innecesario que pueda derivar en accidentes, como el que lamentablemente ocurrió. En esta ocasión, la transgresión de esas directivas no solo expuso a los agentes a un peligro letal, sino que dejó en evidencia la necesidad de reforzar la disciplina y la cultura institucional respecto al uso responsable de armamento.
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El incidente, ocurrido en septiembre, cobró visibilidad pública cuando el Departamento de Policía de Pasadena decidió publicar el video del suceso, captado íntegramente por la cámara del tablero de una patrulla. Las imágenes muestran el momento exacto en que ambos oficiales se encuentran en el estacionamiento, desenfundan sus armas y se apuntan en un juego peligroso que termina abruptamente con el disparo. El video, difundido el miércoles siguiente a los hechos, fue acompañado de un comunicado oficial que contextualizaba el incidente y explicaba las acciones adoptadas por la institución en respuesta a lo ocurrido.
La publicación del material audiovisual buscó, según fuentes del propio departamento, transparentar los hechos ante la comunidad y mostrar el compromiso de la corporación con la rendición de cuentas. En las imágenes, se observa con claridad cómo uno de los agentes, tras recibir el disparo, cae al suelo mientras su compañero reacciona con visible consternación. El parabrisas de la patrulla queda perforado por el proyectil, dejando constancia gráfica de lo que pudo haber sido una tragedia mayor. La difusión del video reavivó el debate sobre la cultura policial y la necesidad de revisar los procedimientos internos para evitar incidentes similares en el futuro.
De inmediato, la Policía de Pasadena abrió una investigación interna para esclarecer las circunstancias y responsabilidades de los dos agentes involucrados. El proceso disciplinario se centró en determinar las motivaciones detrás del comportamiento de ambos oficiales y evaluar la gravedad de la violación a los protocolos institucionales. Según informó el jefe Harris, se tomaron medidas disciplinarias concretas, aunque los detalles sobre las sanciones impuestas no fueron revelados de manera específica en el comunicado oficial. La investigación forma parte de un esfuerzo más amplio por parte de la corporación para reforzar el cumplimiento de las normas y garantizar que situaciones de este tipo no se repitan.
En cuanto a la situación del oficial herido, las autoridades confirmaron que ya se recuperó de las lesiones sufridas. El agente recibió atención médica especializada y, tras un periodo de convalecencia, pudo reincorporarse a sus actividades habituales. El departamento resaltó que, a pesar de la gravedad potencial del incidente, la vida del oficial no corrió peligro, aunque el suceso dejó una marca indeleble en la memoria institucional de la corporación. El caso vuelve a poner bajo la lupa la importancia de la disciplina y el respeto a los protocolos de seguridad dentro de los cuerpos policiales, donde un descuido o una broma puede transformar la rutina diaria en una emergencia de consecuencias irreversibles.