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"El día de la revelación" nos obliga a obedecer al mejor cuentacuentos de nuestro tiempo, apagar las luces y mirar al cielo que proyecta en una enorme pantalla.
Por Ricardo Rosado
Para Fotogramas
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Al regresar a sus obsesiones, muchos artistas descubren demasiado tarde que, en realidad, ya no tienen nada nuevo que decir sobre ellas. Por suerte para todos, Steven Spielberg no es como ningún otro cineasta y, si vuelve a hablarnos de extraterrestres, es porque sabe que la falta de respuestas contundentes es tan irresistible como el propio universo. 'El día de la revelación' representa la expresión última de la fascinación del director por aquello que él mismo ha definido como "los grandes desconocidos del cosmos", una inquietud que atraviesa su filmografía y que ahora, sesenta años después de rodar la casera 'Firelight' con amigos y familiares, vuelve a subrayar el magnetismo de nuestro brillante planeta azul para seres con más curiosidad y tecnología que los locales.
La inspiración inmediata procede, según él mismo ha explicado, del célebre reportaje publicado por 'The New York Times' en 2017 sobre el programa secreto del Pentágono dedicado a investigar fenómenos aéreos anómalos. Aquella información, que revelaba la existencia de investigaciones militares reservadas y vídeos de encuentros inexplicables registrados por pilotos de combate, reactivó su interés por un asunto que nunca abandonó del todo. Tras 'Encuentros en la tercera fase' (1977), 'E.T. El extraterrestre' (1982) y 'La guerra de los mundos' (2005), tres aproximaciones distintas a un mismo misterio, 'El día de la revelación' parece dialogar con ellas mientras plantea qué ocurre cuando la verdad deja de estar oculta por los gobiernos y pasa a pertenecer a la humanidad. Pánico religioso mediante.
Para este cuento de alienígenas, utiliza la maquinaria narrativa de 'Minority Report' (2002) y desarrolla una intriga política cercana a 'Los archivos del Pentágono' (2017). De ahí nace este thriller conspiranoico que, pese a intentar recuperar el espíritu de clásicos como 'Los tres días del cóndor' (Sydney Pollack, 1975), está marcado por una pátina visual contemporánea. La espectacularidad de ciertas secuencias (y la evidente voluntad del director de divertirse rodando aparatosas escenas de acción) impiden que el film se sienta como una de esas irresistibles joyas setenteras. La mezcla nunca alcanza la potencia de ninguno de sus referentes y, sin embargo, funciona. Es una película de Steven Spielberg.
Roswell, círculos de las cosechas, proyectos secretos de la CIA, tecnología alienígena recuperada y décadas de folklore ufológico conviven dentro de un título que nunca pierde el sentido del entretenimiento. A sus casi ochenta años, Spielberg sigue arriesgando más que muchos de los directores con los que comparte cartelera y que han pasado de ser sus hijos cinematográficos a sus nietos.
Josh O'Connor cumple con solvencia como el matemático brillante empeñado en iluminar a la humanidad, pero cuando la película realmente se vuelve interesante es en las escenas en las que aparece Emily Blunt. Encargada de interpretar a una meteoróloga de una televisión local de Kansas, es el auténtico corazón emocional del relato por intervención divina tanto de Spielberg como de sus criaturas de otro mundo. Es ella la que convencerá al espectador para que ayude a la bacheada narrativa de David Koepp, autor de un guion artificialmente enrevesado durante buena parte de su metraje. Abrazando tropos gastados, el libreto llega incluso a convertir su macguffin en un deus ex machina multiusos mientras tropieza en la construcción del antagonista, un villano interpretado por Colin Firth tan desdibujado como aquel que Ben Mendelsohn encarnaba en la igualmente divertida 'Ready Player One' (2018).
Pero incluso cuando hace trampas, y por muy circunspecta que se presente, 'El día de la revelación' marca el regreso del Spielberg más disfrutón, el cineasta empeñado en maravillarse a sí mismo y regalar a cada espectador un viaje alucinante que, además, volverá a alimentar las fantasías de quienes llevan décadas convencidos de que Hollywood nos prepara para la gran noticia. Después de presentarnos tanto extraterrestres benévolos como visitantes de aviesas intenciones, el director centra ahora su discurso en subrayar, para bien o para mal, la presencia de ojos más allá de las estrellas.
Y si para ello termina jugando a replicar (literalmente) 'Los ensayos' de Nathan Fielder, solo queda obedecer al mejor cuentacuentos de nuestro tiempo y acomodarse en la butaca, apagar las luces y mirar al cielo que proyecta en una enorme pantalla.