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El Pbro. Dr. Marcelo Trejo destacó el valor histórico del Pacto de Vinará como símbolo de autonomía provincial y llamó a fortalecer el federalismo, la institucionalidad y la justicia social frente a los desafíos actuales.
Pbro. Dr. Marcelo Trejo
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Y “sobre el augusto objeto de la independencia de los pueblos que lo forman” se declaró la emancipación de las Provincias Unidas del Río de la Plata. “¿Quieren una nación libre e independiente?...” y, uno a uno, reiteraron sucesivamente su unánime, espontáneo y decidido voto”. Así también lo hizo el Pbro. Pedro León Díaz Gallo por Santiago del Estero en el Congreso de 1816.
Tiempo después, este sacerdote del curato de Loreto se constituirá en un fronterizo pueblo santiagueño, a fin de “firmar los tratados de paz y unión eterna”. Se trataba de una alianza para institucionalizar las provincias. Así, entonces, la anhelada autonomía de Juan Felipe Ibarra se formalizaba en el Pacto de Vinará (1821), cuarto pacto preexistente de la Constitución Nacional Argentina.
De esta manera, conmemorar Vinará es recordar que las presencias y las alianzas son modos de proyectar gobernabilidad institucional. Antes fueron necesarias para evitar fratricidios entre pueblos hermanos. La preocupación consistía en fortalecer lazos regionales: una prefiguración política de lo que sería el NOA como espacio socioeconómico.
Ahora, el desafío no se encuentra en el reconocimiento de las provincias que lo integran, sino en el respeto y la visibilidad federal. Autonomía y federalismo no son solo frases entusiastas, sino una tensión republicana que sostiene y garantiza el bienestar de los pueblos argentinos.
La historia del siglo XIX no dio lugar al desmembramiento autónomo provincial. En el presente, no deberían tener cabida las corporaciones foráneas ni las irresponsabilidades institucionales con intereses ocultos. “Optemos por la claridad que ilumina y la franqueza que abre caminos” (León XIV).
Los esfuerzos mancomunados, la inclusión de nuevos sujetos sociales, junto con los protagonismos sectoriales y la voz colectiva de santiagueños y santiagueñas —a quienes asiste plena legitimidad por el solo hecho de habitar esta tierra geopolítica—, constituyen distintos trazos que perfilan el camino hacia un buen porvenir.
En medio de una paz deteriorada, de riquezas escandalosamente corruptas y un accionar judicial sospechado, el desafío ético-político seguirá siendo fomentar la “Maravillosa Humanidad”, creada por Dios y largamente anhelada (cf. León XIV, carta encíclica Magnifica Humanitas, Roma, 2026).
Recordar el Pacto de Vinará nos impulsa a fortalecer una mejor amistad orgánica, tanto provincial como nacional, donde la justicia social se afirme como paradigma de dignidad humana. No basta la redistribución de los bienes comunes; en contextos desequilibrados, esta puede seguir siendo injusta. “Si hay que volver a empezar, siempre será desde los últimos” (Francisco, carta encíclica Fratelli Tutti, Roma, 2020).