El director Javier Marco realiza una topografía social paralizada por la ansiedad mostrando a dos personas que se miran a través del formol.
Por Mariona Borrull
Para Fotogramas
HACÉ CLICK AQUÍ PARA UNIRTE AL CANAL DE WHATSAPP DE DIARIO PANORAMA Y ESTAR SIEMPRE INFORMADO
Javier Marco amplía pero no expande la juguetona premisa de 'A la cara' (Goya al Mejor Cortometraje de Ficción en 2021), y aunque el minimalismo no le descubra nuevas caras de la soledad en los 40, el mayor acierto de su película es, en realidad, que no pase nada de nada. Que debamos simplemente estar un rato con dos tipos que apenas se soportan a sí mismos. Ella, la madre cobarde con los ovarios mejor puestos del Estado, una Sonia Almarcha brillante a pesar de una manida caracterización como it girl/abuela. Mientras él, Manolo Solo, solo refina aquel tembleque mudo que tanto le conocemos, de hombre aniñado y patidifuso.
Al descuido pegajoso de los domingos de la niñez nos retrotrae el encierro deliberado de 'A la cara' en una casa vieja, fría y fea. La fotografía de Anna Franquesa Solano ('The Farewell') atrapa en claroscuros sobre el gotelé a un modelo de familia que se fosilizó sobre la estabilidad rutinaria de este país que dejó morir a un dictador. Apunta Marco, ingenioso y sutil, hacia una topografía social paralizada por la ansiedad. A dos personas que se miran, con ojos vidriosos, a través del formol.