La directora de ‘En cuerpo y alma' vuelve a explorar formas de conexión humana poco habituales en esta cinta en la entrelaza tres historias en épocas diferentes que giran en torno a un árbol, ganadora de dos premios en el pasado Festival de Venecia.
Por Eulàlia Iglesias
Para Fotogramas
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¿Y si el mundo vegetal se comunica con nosotros y solo nos hace falta encontrar el canal adecuado para entenderlo? Esta es la premisa de la nueva y fascinante película de la directora de 'En cuerpo y alma' (2017), un film que ya exploraba formas de conexión humana poco habituales. Esta vez entrelaza tres historias en épocas diferentes que giran en torno a un espléndido ejemplar (hembra, no es baladí) de 'Ginkgo biloba', un árbol que incita un cambio de los respectivos protagonistas en su relación con el mundo, a partir del vínculo que forjan con el entorno vegetal.
Enyedi incorpora una perspectiva no androcéntrica en un bellísimo y poético melodrama a tres tiempos, situado en el jardín botánico de la Universidad de Marburgo, donde los diferentes personajes aprenden a amar, cada uno a su manera y con su propia estética, las plantas. Sin apartarse de los códigos narrativos de un cine de autor accesible, la directora húngara introduce elementos más propios del cine experimental y contemplativo, para convertir su película en este vehículo de comunicación entre la audiencia y la vida silvestre.
Para quienes han pensado alguna vez que los árboles nos devuelven la mirada.