El participante no pudo evitar quebrarse al intentar poner en palabras lo que significó Ámbar en su vida, tras enterarse de su fallecimiento. La emoción lo desbordó y evidenció el vínculo profundo que tenían y el vacío que deja su partida.
Manuel Ibero se enteró el martes, dentro de la casa de Gran Hermano, de la muerte de su perrita Ámbar y no pudo contener la emoción: terminó quebrándose en llanto en el patio, en un momento que conmovió a la audiencia.
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La pérdida de una mascota suele ser uno de los dolores más profundos, porque esos vínculos se construyen en lo cotidiano, en la compañía silenciosa de todos los días. Son parte de la familia, testigos del crecimiento personal y emocional, y por eso su ausencia deja un vacío difícil de explicar con palabras. En muchos casos, además, se suma la sensación de que su tiempo es más breve de lo que uno quisiera, lo que vuelve la despedida aún más difícil de transitar.
En el caso de Manuel, el contexto de aislamiento potencia todo: no poder estar cerca de los suyos, ni despedirse de Ámbar como hubiera querido, vuelve la situación todavía más dura. Sus compañeros intentaron acompañarlo en ese momento, respetando su dolor y brindándole contención dentro de las posibilidades que ofrece el encierro.
Tirado en una silla, visiblemente afectado, habló sobre lo que significó esta pérdida y no pudo evitar quebrarse. Intentó poner en palabras el lugar que ocupaba la perrita en su vida, pero la emoción lo desbordó en varios momentos, dejando en evidencia el fuerte vínculo que los unía.
"Te voy a extrañar toda la vida Ámbar, te voy a extrañar toda la vida", se lo escucha decir al participante desconsolado. Y sumó al relato que generó un dolor terrible: "No quiero estar sin vos, pero gracias".
"Te amo, te amo y te voy a amar siempre", expresó.