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Opinión y Actualidad

Cimientos críticos, en un mundo en transformación

Las ciencias sociales, la educación y la comunicación, herramientas esenciales para comprender e interpretar la realidad.

Hoy 04:59

Por Gabriela Agosto, en diario Clarín
En un momento histórico signado por crisis sociales, brechas de información y desafíos formativos, las ciencias sociales, la educación y la comunicación reemergen como herramientas esenciales para comprender e interpretar la realidad.

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La pandemia y otras crisis sociopolíticas recientes han puesto de manifiesto la necesidad de contar con datos y análisis rigurosos para tomar decisiones informadas.

Datos recientes muestran que las dificultades para el aprendizaje están aumentando, especialmente entre estudiantes que transitan su escolaridad en contextos de mayor vulnerabilidad. Esta situación se ve atravesada por aulas cada vez más diversas y por la emergencia de nuevas subjetividades que modifican las formas de estar, vincularse, enseñar y aprender en la escuela.


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Al mismo tiempo, crecen las demandas para que las instituciones educativas aborden problemáticas complejas como la salud mental, la violencia escolar y distintas formas de malestar subjetivo, en un marco de fuerte presión por los resultados académicos y de recursos muchas veces limitados.

La necesidad de formación docente, así como la mejora y la innovación del sistema educativo son fundamentales para apoyar la inclusión, garantizar trayectorias educativas exitosas y fortalecer el vínculo entre las familias, las escuelas y la comunidad.

La comunicación en todas sus formas (prensa, publicidad, periodismo, relaciones públicas) exige una contínua apuesta por actualizarse y adelantarse a los cambios que genera de manera deseada y no deseada evaluando sus contenidos e impactos.

La comunicación no sólo tiene la obligación de informar, sino también de formar ciudadanos críticos, consumidores conscientes e informados y actores activos en su ambiente social, cívico y político. Sin embargo, el contexto global presenta tensiones profundas.

Según la UNESCO, la libertad de expresión ha caído un 10% en la última década, acompañada de un aumento del 63% en la autocensura mediática, en parte debido a la desinformación impulsada por tecnologías como la inteligencia artificial y a mayores restricciones gubernamentales. Este retroceso sitúa al periodismo independiente bajo presión y amplifica la urgencia de promover una comunicación basada en valores democráticos.

Las ciencias sociales —como la sociología, el trabajo social, las relaciones internacionales y la ciencia política, entre otras— proporcionan las herramientas metódicas para estudiar estructuras sociales, desigualdades, comportamientos colectivos y fenómenos culturales en un mundo que desafía los patrones tradicionales de análisis.

En los ámbitos educativos, promover habilidades sociales como la empatía, la cooperación y la escucha activa, no solo favorece el desempeño académico sino también la convivencia y la cohesión social, reforzando el valor de integrar estos aprendizajes en los currículos.

En un mundo cada vez más digitalizado donde la IA irrumpe vertiginosamente, las ciencias sociales, de la educación y la comunicación deben integrarse de forma inevitable estimulando el aprendizaje activo y el pensamiento crítico.

Más que disciplinas aisladas, constituyen áreas de formación interdependientes que ayudan a interpretar fenómenos complejos, a preparar a nuevas generaciones para desafíos globales, a fortalecer sociedades más justas, pacificas y participativas, y a garantizar que la información disponible no se convierta en un factor de desigualdad, sino en un catalizador de transformación social integradora.

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