El alemán alcanzó por primera vez la cima del ranking ATP tras conquistar dos títulos de Grand Slam en 2026. En una conmovedora carta, recordó las dificultades que atravesó desde niño y dejó un mensaje de superación.
Alexander Zverev vive el momento más importante de su carrera después de convertirse, por primera vez, en el número 1 del ranking mundial de la ATP. A sus 29 años, el tenista alemán alcanzó la cima tras una temporada extraordinaria, en la que conquistó Roland Garros y el US Open, sus primeros dos títulos de Grand Slam.
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Sin embargo, más allá de sus logros deportivos, el flamante líder del tenis mundial emocionó con una carta en la que repasó su historia personal y reveló cómo aprendió a convivir con la diabetes tipo 1, diagnosticada cuando tenía apenas cuatro años.
"No hay palabras para describir este año. Dos títulos de Grand Slam, muchísimos recuerdos y hoy me he despertado como número 1 del ranking ATP. Es muy especial", expresó el alemán.
En uno de los pasajes más emotivos, Zverev recordó que durante su infancia debió aprender a controlar sus niveles de glucosa y administrarse insulina, responsabilidades que lo hicieron madurar antes de tiempo.
También confesó que, en sus primeros años como profesional, intentaba ocultar su enfermedad por inseguridad.
"Hubo veces que intenté ocultar un poco mi diabetes, porque no quería ponerme una inyección delante de otros niños. Me sentía un poco incómodo", reconoció.
El tenista destacó especialmente a su madre, Irina Zvereva, quien fue su primera entrenadora y lo acompañó durante sus años de formación.
"La persona más importante de mi vida y de mi carrera tenística siempre ha sido mi madre. Ella fue quien me enseñó a jugar al tenis", aseguró.
Además, recordó que, cuando recibió el diagnóstico, su madre nunca aceptó que la enfermedad pudiera impedirle cumplir sus sueños deportivos.
Zverev explicó que uno de los momentos decisivos de su vida ocurrió en Roland Garros 2022, cuando sufrió una grave lesión de tobillo que lo mantuvo alejado de las canchas durante varios meses.
Durante su recuperación comenzó a reflexionar sobre los niños que atravesaban situaciones similares y decidió crear la Fundación Alexander Zverev, destinada a ayudar a menores que viven con diabetes.
"Cuando lanzamos el proyecto, hice pública mi diabetes y estoy muy contento de ello. A través de mi fundación, podemos ayudar a miles de niños cada año con medicación", señaló.
Después de conquistar sus primeros Grand Slams y alcanzar el liderazgo mundial, el alemán aseguró que su mayor satisfacción es poder inspirar a otras personas que conviven con la misma enfermedad.
"Lo más importante es sentir que ser número 1 del mundo significa mucho para todas esas personas que, al igual que yo, tienen que convivir con la diabetes", sostuvo.
Y cerró con una reflexión que trascendió lo deportivo: "Es fantástico demostrarles que pueden lograr sus sueños, incluso con una enfermedad. Sí, al tener diabetes, debes madurar más rápido y cuidarte un poco más. Pero todo es posible y es compatible con una vida plena, a pesar de ella".
De esta manera, Zverev celebró su llegada a la cima del tenis mundial con un mensaje que va mucho más allá de los títulos, poniendo en valor el acompañamiento familiar, la perseverancia y la posibilidad de alcanzar grandes objetivos mientras se convive con una enfermedad crónica.
No hay palabras para describir este año.
Dos títulos de Grand Slam, muchísimos recuerdos y hoy me he despertado como No. 1 del PIF ATP Rankings. Es muy especial. Es increíble poder sentir lo que significa estar en la cima mundial.
He podido ganar muchos torneos importantes a lo largo de mi carrera. Pero poner mi nombre a la altura del No. 1 es una sensación tan especial que es imposible de describir.
Hace más de cuatro años, llegué al No. 2 del mundo por primera vez. A veces, en la vida toca esperar por las mejores cosas. Todo lo que puedo decir es que estoy agradecido, especialmente a quienes me han ayudado en el camino.
Muchos hablan de mi padre, Alexander Sr, mi entrenador; y mi hermano, Mischa, que fue No. 25 del mundo. Ambos han desempeñado un papel muy importante en mi carrera, y creo que una de las grandes razones por la que tanta gente los conoce es porque aparecen en la televisión, tanto si están en el box como si me acompañan en pista durante mis entrenamientos.
Pero la realidad es que la persona más importante de mi vida —y de mi carrera tenística— siempre ha sido mi madre, Irina. Ella fue quien me enseñó a jugar al tenis. Ella fue mi primera entrenadora.
Cuando nací, Mischa tenía casi 10 años, y desde el momento en el que tuve suficiente edad para practicar un deporte, mi padre viajaba con él a los torneos junior para ayudarle a conseguir su sueño. A pesar de que he recibido apoyo de todos, en casa estaba mi madre principalmente. Y no sólo me refiero en términos de tenis.
Cuando tenía cuatro años, me diagnosticaron diabetes tipo 1. Cuando pasó, mi madre dijo: “Vale, aún así va a poder jugar al tenis. Aún así va a poder lograr los sueños que tiene”.
Ella no iba a dejar que nada me detuviese, más allá de los obstáculos que hubiese en el camino. No quiero decir que vivir con diabetes tipo 1 me ayudara en mi carrera tenística o en mi vida, en general. Pero me hizo crecer un poco más rápido de lo que probablemente lo habría hecho sin ello.
Aún recuerdo ir al colegio a los seis años, cuando tenía que controlar mi diabetes yo mismo durante horas cada día. Te empiezas a dar cuenta de que tienes que ponerte inyecciones tú mismo, medir tus niveles de azúcar cuando comes y estar pendiente de cosas así. Ese fue el primer momento en el que te das cuenta de que tenía que responsabilizarme de mi salud, algo que la mayoría de los niños, no.
A esa edad, no sabía la razón por la que tenía que hacerlo, únicamente que era importante. Creo que es más difícil para los padres, porque es impactante ir al centro médico, que les digan que su hijo tiene diabetes y que la tendrá para el resto de su vida.
Los médicos empiezan a contar a esos padres la cantidad de cosas que sus hijos no pueden hacer y que ciertas actividades, como el deporte, tal vez no fuesen la mejor opción. Mi madre me mandó fuera de la sala durante esa conversación, porque no quería que yo escuchara.
Pero mi madre nunca aceptó ese mensaje y puso todo lo que estaba en su mano para ayudarme a hacer realidad mis sueños. Gracias a eso, nunca dudé que podía conseguir cualquier cosa. Eso fue gracias a la fortaleza de mi madre. Y, repito, ella fue mi entrenadora hasta que tuve 16 años, además.
Una cosa que creo que me ayudó es que nunca me sentí diferente a los demás. Hubo veces que intenté ocular un poco mi diabetes, porque no quería ponerme una inyección delante de otros niños. Me sentía un poco incómodo.
Al principio, me sentía un poco de inseguridad por mi enfermedad en mis primeros momentos en el circuito. Lo intentaba esconder. No quería que lo supieran muchos jugadores. Pero la realidad es que sentía que todos los jugadores del mundo lo sabían ya, porque no era algo que se pudiera ocultar. ¿Cómo ocultarlo si estoy rodeado de toda esa gente durante 40 semanas al año?
Todo cambió cuando me lesioné el tobillo en Roland Garros 2022. Tuve mucho tiempo para darle vueltas a muchas cosas. Por ejemplo, pensé que seguramente había muchos niños en la misma situación en la que yo estaba hace 20 años. Tendrían que vivir lo mismo que yo, cuando era pequeño por la diabetes.
Y eso fue lo que me llevó a crear la Fundación Alexander Zverev. Cuando lanzamos el proyecto, hice pública mi diabetes y estoy muy contento de ello. A través de mi fundación, podemos ayudar a miles de niños cada año con medicación y asegurarnos de que esos niños puedan sobrevivir.
Soy un privilegiado por estar en una posición, en la que puedo marcar la diferencia y es un placer hacer todo lo que esté en mi mano por esta causa.
En esta edición del Abierto de Australia, perdí una dura semifinal con Alcaraz en casi cinco horas y media. Lo curioso es que a pesar de haber perdido, estaba bastante contento. Ambos llegamos al límite y creo que ambos jugamos un gran partido de tenis. Jugué como debía. Jugué para ganar el partido y sabía que si seguía trabajando en las cosas que estaba haciendo en ese partido, tendría mis oportunidades durante el año y fue exactamente lo que ocurrió.
Gané mi primer título de Grand Slam en Roalnd Garros, lo cual era un enorme objetivo. Y nada más lograrlo, empecé a pensar en la posibilidad de alcanzar el No. 1 del mundo.
Es una circunstancia extraña, porque Jannik se ha lesionado. No es la forma en la que quieres subir a la cima del deporte. Lo ideal sería llegar al No. 1, cuando todos estemos sanos y jugando al mejor nivel. Pero ahora estoy aquí: en el No. 1 del mundo.
Lo más importante es sentir que ser No. 1 del mundo significa mucho para todas esas personas que, al igual que yo, tienen que convivir con la diabetes. Esto va más allá.
Es fantástico demostrarles que pueden lograr sus sueños, incluso con una enfermedad. Sí, al tener diabetes, debes madurar más rápido y cuidarte un poco más. Pero todo es posible y es compatible con una vida plena, a pesar de ella.
Como diabético de tipo 1, estoy orgulloso de demostrarlo a las familias que conviven con la diabetes. Y si llega a haber un nuevo No. 1 del mundo con diabetes, sería la persona más feliz del mundo.