El asesino, Thomas Francis McInerney Jr., formó parte de esa misma institución durante casi tres décadas, llegó a investigar homicidios y murió en 2006 sin que nadie lo señalara.
La Policía de Chicago resolvió uno de los crímenes más perturbadores de su historia: el asesinato de Gloria Kowalewicz, una niña de 8 años cuyo caso estuvo abierto durante 65 años.
HACÉ CLICK AQUÍ PARA UNIRTE AL CANAL DE WHATSAPP DE DIARIO PANORAMA Y ESTAR SIEMPRE INFORMADO
Lo que hace al caso especialmente grave es que el asesino, Thomas Francis McInerney Jr., formó parte de esa misma institución durante casi tres décadas, llegó a investigar homicidios y murió en 2006 sin que nadie lo señalara.
El crimen ocurrió el 12 de noviembre de 1960. Gloria era alumna de tercer grado en el barrio de West Englewood, en el lado sur de Chicago, tal como reconstruyó el Chicago Tribune.
Esa mañana salió de su casa poco antes de las 8 para caminar unas pocas cuadras hasta la iglesia St. Mary of Mount Carmel. Vestía un vestido a cuadros rosa y marrón con una malla azul que su madre había elegido. Nunca llegó.
El crimen y la búsqueda del asesino
Todo ocurrió en menos de una mañana. Su cuerpo fue hallado horas más tarde por un automovilista que divisó el colorido vestido desde la ruta: Gloria había sido baleada dos veces en la cabeza y abandonada en una zanja de un área boscosa al suroeste de la ciudad.
Te recomendamos: Ahora espera la inyección letal: fingió que estaba embarazada y asesinó a su amiga para robarle la bebé
Tenía además marcas de golpes en el cuello. Los investigadores concluyeron que el crimen se cometió en ese mismo lugar antes de que el cuerpo fuera dejado allí, según informó la CBS News de Chicago.
Del lugar y del camino de regreso a Chicago recolectaron e inventariaron una bala, el abrigo de la niña, sus zapatos y su cartera blanca de comunión con el libro de oraciones adentro. Los investigadores también levantaron una huella digital de la correa de esa cartera.
La Policía de Chicago (CPD) formó una fuerza de tarea, llamó a cientos de puertas y entrevistó a más de 1.300 personas. Más de una docena fueron sometidas a pruebas poligráficas.
Cuatro días después del crimen, más de 1.000 personas asistieron al funeral de Gloria en la misma iglesia a la que nunca llegó aquel sábado. El caso, sin embargo, quedó sin resolver.
La investigación que duró décadas
Durante décadas, el caso acumuló pistas pero no respuestas. El primer avance significativo llegó en 2010, cuando el CPD construyó un perfil genético masculino a partir de rastros de semen hallados en la ropa de la víctima. Ese dato no derivó en ningún arresto.
En 2024, a pedido de la policía de Chicago, el FBI cruzó ese ADN con muestras genéticas subidas a sitios de investigación genealógica familiar y obtuvo un nombre: Thomas Francis McInerney Jr.
Armados con esa información, los investigadores cotejaron las huellas dactilares que McInerney había dejado en su solicitud de empleo al CPD en 1959 con la huella levantada de la cartera de Gloria. Coincidían.
Te recomendamos: El asesino de la “caja de juguetes”: torturaba a mujeres y grababa todo con la ayuda de su hija
La División de Servicios Forenses del CPD, con asistencia del FBI y la Policía Estatal de Illinois, confirmó la identificación en julio de este año, de acuerdo con un comunicado del departamento recogido por NBC News.
Fue la misma tecnología que permitió capturar a Joseph James DeAngelo, el tristemente célebre Golden State Killer de California.
El culpable y su vida tras el crimen
El hombre que la tecnología señaló no era un desconocido para la institución. McInerney tenía 24 años y era agente de patrulla destinado al lado oeste de Chicago cuando cometió el crimen.
Sus padres vivían a menos de una milla del hogar de la familia Kowalewicz, aunque la policía no halló indicios de que hubiera tenido contacto previo con la niña, afirmó el New York Post. La razón por la que la eligió como víctima sigue sin respuesta.
Con el tiempo, McInerney fue ascendido a detective de crímenes violentos —la misma categoría de casos en la que encuadra el asesinato de Gloria— y se jubiló del CPD en 1987 tras 28 años de servicio.
Luego se mudó a Las Vegas, donde trabajó como investigador para la Oficina Federal de Defensores Públicos en Nevada. En 2003 fue distinguido como Investigador Federal Defensor Destacado del año. Se retiró de ese cargo en 2004 y murió en 2006 a los 70 años.
Te recomendamos: Se escondió en un árbol: empleado municipal asesinó a un policía, hirió a 10 más y enfrenta 76 cargos
La institución, la familia y la justicia pendiente
El CPD señaló en un comunicado que McInerney “nunca debió haber portado la estrella del CPD” y expresó que, si bien los padres de Gloria fallecieron sin ver justicia, esperaba que la resolución trajera “algo de cierre a quienes conocieron a Gloria y su historia”.
El jefe de detectives del CPD, Kevin Bruno, reconoció que la condición de policía del asesino representa un golpe para la institución.
“El hecho de que fuera un oficial de policía nos perturba profundamente, pero no es algo que vayamos a minimizar ni a eludir”, afirmó al Chicago Tribune.
El hermano de Gloria, Adam Kowalewicz —quien era un bebé cuando su hermana fue asesinada— aseguró que está aliviado, pero que la frustración no desaparece. “Lamentablemente, él vivió una vida decente y se fue”, declaró al Chicago Tribune. “Nunca pagó por lo que hizo. Uno espera que pague sus cuentas con el buen Dios”.
El FBI informó que el ADN de McInerney ya figura en CODIS —el Combined DNA Index System de la agencia— y que revisa si podría haber otras víctimas.
“Estamos explorando cada pista investigativa que pueda cerrar otros posibles crímenes sin resolver que ocurrieron durante ese período en nuestra área”, indicó el organismo federal en un comunicado.