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Agustino Fontevecchia: “La IA ya cayó en la grieta y creo que no es tan blanco y negro”

El director de Contenidos Digitales del Grupo Perfil analizó en Radio Panorama el impacto de la inteligencia artificia y se refirió a la demanda presentada por Perfil contra OpenAI y Microsoft por el uso de contenidos periodísticos.

Hoy 12:17

La inteligencia artificial atraviesa un momento de expansión acelerada, pero también de creciente desconfianza social. Ese fue uno de los ejes de la entrevista que Agustino Fontevecchia, director de Contenidos Digitales del Grupo Perfil, mantuvo con Radio Panorama, donde analizó las oportunidades y los riesgos que plantea esta tecnología y su impacto sobre la industria de los medios.

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Fontevecchia sostuvo que la conversación pública sobre inteligencia artificial experimentó un cambio significativo en los últimos tiempos. Según explicó, inicialmente predominaba una mirada centrada en el potencial positivo de la herramienta, mientras que actualmente aumentaron los cuestionamientos y temores.

“Estamos entrando en un momento en el cual la conversación se torna totalmente negativa y totalmente cuestionando cada cosa, ya sea la buena y la mala”, señaló. A su entender, esta situación puede generar un nivel de desconfianza social hacia las nuevas tecnologías que posteriormente resulte difícil de revertir.

La disputa entre la IA y los medios

Durante la entrevista, Fontevecchia también explicó la decisión del Grupo Perfil de avanzar judicialmente contra OpenAI y Microsoft, en una discusión vinculada al uso de contenidos periodísticos para el desarrollo de modelos de inteligencia artificial.

Según detalló, las empresas de IA recopilan contenidos disponibles en Internet para entrenar sus modelos y, posteriormente, ofrecen respuestas que pueden evitar que los usuarios ingresen directamente a los sitios de los medios que originalmente produjeron esa información.

“Nosotros decidimos hacer una demanda por lo que es la violación de nuestra propiedad intelectual y al mismo tiempo por lo que es la competencia oligopólica”, explicó.

El ejecutivo señaló que la presentación sigue una línea similar a la iniciada por The New York Times en Estados Unidos y destacó que Perfil fue, según sus declaraciones, el primer medio de habla hispana en avanzar con una demanda de estas características.

Una tecnología que también puede potenciar al periodismo

A pesar de la disputa judicial, Fontevecchia remarcó que no mantiene una mirada exclusivamente negativa sobre la inteligencia artificial. Por el contrario, consideró que las nuevas herramientas pueden ampliar considerablemente las capacidades de quienes producen contenidos.


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Puso como ejemplo la reducción de los costos de producción audiovisual. Según explicó, mientras montar un estudio de televisión podía requerir inversiones millonarias años atrás, actualmente es posible hacerlo con recursos significativamente menores. Esa transformación, señaló, contribuyó a la proliferación de nuevos canales y formatos de streaming.

En el ámbito periodístico, destacó además las posibilidades que ofrecen las herramientas de IA para investigar, analizar documentos, generar gráficos e infografías, editar contenidos y realizar tareas de verificación.

“Hay otro nivel de capacidades tecnológicas al servicio de la producción de contenidos, incluyendo el periodismo”, sostuvo.

Sin embargo, advirtió que existe una contracara: mientras producir información se vuelve más accesible, también disminuye la necesidad de que los usuarios ingresen directamente a los sitios de los medios para consumirla.

“Especialmente con la IA, eso destruye la capacidad del medio de poder tener una relación directa con la audiencia”, explicó, al referirse a uno de los principales desafíos económicos que enfrenta la industria.

El vínculo humano que todavía marca una diferencia

Consultado sobre qué tareas del periodismo podrían quedar fuera del alcance de la inteligencia artificial, Fontevecchia puso el foco en la dimensión humana de la profesión.


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Consideró que la capacidad de establecer vínculos de confianza con una fuente, conseguir que una persona revele información que no compartiría en otras circunstancias y generar una relación personal todavía constituye un espacio difícil de reemplazar.

“La capacidad de la conexión humana uno a uno, la generación de confianza con una fuente, la posibilidad de generar que alguien te cuente algo que no iba a contar en otra circunstancia”, enumeró.

Al mismo tiempo, advirtió que otras capacidades que tradicionalmente se consideraban exclusivamente humanas podrían ser alcanzadas progresivamente por la tecnología.

Por eso, planteó como uno de los grandes interrogantes del futuro si la IA terminará reemplazando determinadas tareas o si, en cambio, permitirá que los profesionales puedan hacer mucho más con la ayuda de estas herramientas.

Las “alucinaciones” y los errores de la inteligencia artificial


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Durante la conversación también se abordaron los errores que permiten identificar contenidos producidos mediante inteligencia artificial.

Fontevecchia explicó que, en el caso de los modelos generativos, uno de los problemas más conocidos son las denominadas “alucinaciones”, situaciones en las que el sistema genera información que no se corresponde con los hechos.

“Cuando el modelo se cansa o no encuentra una solución, la inventa”, explicó, aunque aclaró que también existen errores humanos frecuentes en la producción de contenidos.

En el caso de las imágenes generadas por IA, mencionó como ejemplo las dificultades que todavía presentan algunos sistemas para representar correctamente determinados elementos, como las manos y los dedos.

También hizo referencia a una percepción particular que tiene frente a los contenidos generados artificialmente, vinculándola con el denominado “valle de la incomodidad”, concepto desarrollado originalmente en el campo de la robótica para describir el rechazo que puede producir algo artificial cuando se asemeja demasiado a lo humano.

Según Fontevecchia, reconoce con relativa facilidad determinados contenidos generados por IA y algunos de ellos le producen una sensación de rechazo. Sin embargo, señaló que las generaciones más jóvenes podrían desarrollar una relación diferente con este tipo de producciones.

El temor a que la IA termine con la humanidad

Hacia el final de la entrevista, Fontevecchia se refirió a una de las discusiones que más espacio ocupa actualmente en medios y redes internacionales: los escenarios extremos sobre el futuro de la inteligencia artificial.

El periodista comparó la reacción social frente a la IA con algunas etapas que se vivieron durante la pandemia de COVID-19. Según su análisis, actualmente existe una expansión de discursos que plantean que la inteligencia artificial podría llegar incluso a provocar la desaparición de la humanidad en un período relativamente corto.

Fontevecchia consideró que estas posiciones forman parte de una narrativa que merece ser discutida, pero cuestionó que la conversación quede reducida a posiciones completamente enfrentadas.

“Creo que no es tan blanco y negro”, sostuvo.

En ese sentido, advirtió sobre la posibilidad de que la discusión tecnológica quede atravesada por las mismas divisiones políticas y sociales que caracterizan otros debates públicos.

“La IA ya cayó en la grieta”

Como conclusión, Fontevecchia planteó que la inteligencia artificial ya dejó de ser solamente una discusión tecnológica y pasó a formar parte de las divisiones ideológicas y políticas de la sociedad.

“La IA ya cayó en la grieta”, afirmó, al describir la existencia de posiciones enfrentadas entre quienes ven en la tecnología una herramienta de progreso y quienes consideran que su desarrollo puede conducir a escenarios extremadamente negativos.

Para el director de Contenidos Digitales del Grupo Perfil, el desafío consiste en evitar una mirada reducida a extremos y concentrarse en cómo la sociedad puede utilizar y regular una tecnología que, según planteó durante la entrevista, tiene capacidad tanto para generar problemas como para ampliar las herramientas disponibles para el desarrollo humano.

La discusión, en definitiva, ya no parece centrarse únicamente en qué puede hacer la inteligencia artificial, sino también en cómo los seres humanos decidirán utilizarla, controlarla y convivir con ella.