Paula, madre de Brenda del Castillo, habló a un año del crimen que conmocionó al país. Contó cómo atraviesa el duelo, el vínculo con su nieto y sus otros hijos, y reclamó justicia por el asesinato de las tres jóvenes.
A un año del triple femicidio de Brenda del Castillo, Morena Verdi y Lara Gutiérrez, la madre de Brenda atraviesa el aniversario de uno de los momentos más dolorosos de su vida. Su hija mayor fue asesinada junto a su prima y su amiga después de haber sido llevadas a una vivienda de Florencio Varela, donde sus cuerpos fueron encontrados días después.
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Brenda tenía 20 años y era madre de un niño pequeño. Para Paula, este aniversario vuelve a abrir una herida que nunca logró cerrar. La mujer contó que tuvo que regresar a trabajar apenas tres semanas después del crimen y que, entre jornadas laborales y responsabilidades familiares, prácticamente no tuvo tiempo para atravesar el duelo.
“Tengo un dolor vivo, pero no puedo tirarme en la cama a llorar”, relató. Actualmente trabaja como cajera en una carnicería y realiza jornadas extensas para sostener a su familia. También debe cuidar a sus dos hijos menores, de 11 y 7 años, y a su nieto de 2 años, quien quedó huérfano tras el asesinato de Brenda.
La rutina laboral ocupa buena parte de sus días. Trabaja prácticamente toda la semana y cuenta con pocos francos, que utiliza para acompañar a sus hijos al colegio. En medio de esa exigencia, encuentra algunos momentos para exteriorizar el dolor que lleva desde septiembre de 2025.
Uno de esos espacios es el Cementerio Las Praderas, donde están los restos de Brenda. Paula asegura que concurre todos los domingos, antes de regresar a trabajar.
“Voy al cementerio con mi termo y mi frazadita, pongo música y me quedo ahí hasta que tengo que volver a trabajar”, contó. Lleva flores y permanece junto a la tumba de su hija como una manera de mantener el vínculo con ella.
Su relación con ese lugar, sin embargo, también está atravesada por sus creencias religiosas. Paula es evangelista y sostiene que, según su fe, quienes mueren van al cielo. Por eso decidió no llevar a sus hijos al cementerio. Para ella, Brenda está en otro lugar, aunque necesita visitarla para mantener viva su memoria.
El recuerdo de su hija también permanece presente en la vida cotidiana de su pequeño nieto. Paula conserva audios de Brenda y se los hace escuchar al niño para que, con el tiempo, pueda reconocer la voz de su madre.
“A mi nieto le pongo siempre audios de ella para que no la olvide”, contó. El pequeño tenía poco más de un año cuando ocurrió el crimen y todavía no comprende plenamente lo sucedido.
Los recuerdos de Paula sobre Brenda llegan hasta la noche del 19 de septiembre de 2025, cuando su hija salió para encontrarse con su prima Morena. Según relató, durante los meses anteriores Brenda había atravesado una etapa difícil después de separarse y había comenzado a relacionarse nuevamente con sus primas.
Paula contó que había advertido algunos cambios en la vida de su hija y que en determinado momento supo que viajaba hacia el Bajo Flores para encontrarse con hombres a cambio de dinero. La situación provocó un conflicto entre ambas, aunque posteriormente lograron recomponer su relación.
El 19 de septiembre, madre e hija volvieron a hablar con normalidad. Brenda incluso le pidió que comprara comida para su hijo y le contó que tenía la intención de realizar un curso de pestañas.
Esa fue una de las últimas conversaciones que mantuvieron. La última conexión de Brenda con su madre se produjo alrededor de las 23, cuando las jóvenes ya habían llegado al lugar al que fueron trasladadas.
Días después, la investigación determinó que Brenda, Morena y Lara habían sido llevadas a una vivienda de Florencio Varela. Los cuerpos fueron encontrados el 24 de septiembre de 2025, cuatro días después de que se denunciara la desaparición.
Para Paula, la noticia fue devastadora. Se enteró por televisión y recordó que salió desesperada hacia la zona de La Tablada. Desde entonces, asegura que sus noches cambiaron para siempre.
“Mis noches son encerrarme en el baño y ahí llorar y no hablar. Después me seco las lágrimas, me acuesto y sigo”, contó.
La mujer tampoco pudo reconocer directamente el cuerpo de su hija. Para identificarla, aportó una fotografía de un tatuaje de mariposa que Brenda tenía en una de sus muñecas, una imagen que permitió establecer su identidad.
A un año del crimen, Paula sostiene que todavía existen interrogantes que deben ser esclarecidos. La investigación federal continúa y la causa tiene 16 personas detenidas y varios prófugos, mientras los investigadores buscan determinar el móvil y el alcance de la estructura criminal detrás del triple femicidio.
La madre de Brenda insiste en que todos los responsables deben responder ante la Justicia y reclama que la investigación avance hasta determinar quiénes participaron de los asesinatos.
El dolor se mezcla con la bronca y con la imposibilidad de aceptar la muerte de su hija. Paula asegura que todavía le cuesta asumir que Brenda ya no está y que mantiene su presencia a través de fotografías, audios y recuerdos familiares.
“Brenda era mi princesita”, recordó. Evocó las trenzas que le hacía cuando era niña, las canciones que escuchaban juntas y los proyectos que compartían antes del crimen.
Entre ellos estaba la posibilidad de que Brenda tuviera su propio emprendimiento. Paula contó que la estaba ayudando a preparar un local de uñas, mientras su hija también buscaba capacitarse en el área de belleza.
A un año del triple femicidio, la madre de Brenda continúa intentando reconstruir su vida mientras sostiene a sus hijos y a su nieto. Pero reconoce que hay una parte de ella que quedó detenida aquella noche de septiembre de 2025.
“Mi vida se fue con mi hija. Yo estoy muerta en vida”, expresó Paula al recordar a Brenda y volver a pedir justicia por ella, Morena y Lara.