X
Opinión y Actualidad

El nacimiento del profesional aumentado por la Inteligencia Artificial

Nuevos desafíos en la revolución tecnológica.

Hoy 06:54

Por Agustín Coll
Para Clarín

HACÉ CLICK AQUÍ PARA UNIRTE AL CANAL DE WHATSAPP DE DIARIO PANORAMA Y ESTAR SIEMPRE INFORMADO

La conversación sobre inteligencia artificial está dominada por una sola pregunta: a quién va a reemplazar. Cada semana aparece un nuevo informe que estima cuántos empleos van a desaparecer, qué profesiones están en riesgo, cuánto tiempo nos queda. La pregunta es comprensible; el vértigo, real. Pero está incompleta.

No somos el animal más rápido, ni el más fuerte, ni el de mejores sentidos. Nuestra ventaja fue siempre otra: somos la especie que diseña y maneja herramientas. El fuego, la rueda, la imprenta, el motor y la computadora ampliaron lo que podíamos hacer, y sobre esa capacidad conjunta, la del humano y su tecnología, construimos lo que tenemos hoy. El rol de la tecnología en la historia humana nunca fue remplazarnos sino aumentar nuestras capacidades.

Es cierto que cada revolución tecnológica también desplazó oficios enteros. Pero el cambio no pasó entre el humano y la máquina. Pasó entre quienes aprendieron a trabajar con la nueva tecnología y quienes no. La tecnología no elige ganadores por profesión. Los elige por su relación con ella.

Hasta ahora, esa historia había transcurrido sobre lo físico y rutinario. Las máquinas se hicieron cargo de la fuerza; luego, el software, de muchas tareas mentales reducibles a reglas. Pero el núcleo del trabajo profesional siguió siendo territorio exclusivamente humano. Con la IA eso cambió. Estamos en uno de los momentos más importantes de la historia del trabajo. Y también ante uno de los de mayor oportunidad.

Nunca en la historia una persona tuvo a su disposición tanto potencial para amplificar su capacidad de ejecución y creación. Por primera vez, el límite de lo que un profesional puede hacer se parece menos a sus recursos y más a su imaginación.

La IA es un cambio en la naturaleza del trabajo. Ya no solo usamos tecnología: colaboramos con sistemas que producen y también se equivocan. El error dejó de ser monopolio humano, y nuestra tarea pasa de operar a dirigir. La consecuencia es profunda: cambian las habilidades que permiten convertir la tecnología en valor. Y muchas de ellas todavía no ocupan un lugar central en nuestra formación.

La explicación de por qué la IA no convierte automáticamente esa oportunidad en valor está a la vista. La IA no tiene botones ni manual de usuario. Es una simple interfaz de chat, una hoja en blanco que contiene, en potencia, múltiples usos y oportunidades. Pero nada de eso viene activado de fábrica. Ese valor lo activa, o no, el usuario. Cuando producir se vuelve abundante, el valor se desplaza hacia decidir qué problemas vale la pena resolver, evaluar la calidad de lo producido y asumir responsabilidad por las decisiones.

Lo que está en juego excede a cada profesional. La productividad de las organizaciones y los países no dependerá solamente de cuánta IA tengan disponible, sino de cuántas personas sepan convertirla en mejores resultados. Formar, reconocer y recompensar esas habilidades es una de las decisiones económicas y sociales más importantes de esta década.

Esas habilidades pueden definirse, entrenarse y medirse. Con esa convicción desarrollamos el Marco del Profesional Aumentado por IA, una propuesta para certificar las habilidades que permiten trabajar mejor con IA sin delegar el criterio ni la responsabilidad. El futuro del trabajo no va a pasar entre humanos y máquinas. Va a pasar entre profesionales aumentados y profesionales que no lo son.