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“Guardaba golosinas para los chicos”: así recuerdan a Domingo Bravo, el docente que murió en la Ruta 34

El docente bandeño murió cuando se dirigía a la Escuela N° 916 del paraje Mili. La conductora del auto que lo embistió quedó aprehendida tras dar positivo al test de alcoholemia, con 1,8 gramos de alcohol por litro de sangre.

Hoy 15:19
Choque fatal de Domingo Bravo

La muerte de Domingo Federico Bravo, el docente bandeño de 57 años que falleció en un siniestro vial cuando se dirigía a trabajar, generó una profunda tristeza e indignación en la comunidad educativa santiagueña.

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El hecho ocurrió el lunes por la mañana, alrededor de las 6.50, sobre la Ruta Nacional 34 vieja, a la altura de la localidad de El Polear, cuando Bravo circulaba en una motocicleta Zanella ZT rumbo a la Escuela N° 916 del paraje Mili.

Según la información policial y judicial, el motociclista fue embestido en el marco de un choque múltiple en el que estuvo involucrado un Volkswagen Gol Trend, conducido por una joven de apellido Zalazar, de 25 años, quien circulaba de norte a sur.

La prueba de alcoholemia realizada a la conductora arrojó resultado positivo, con 1,8 gramos de alcohol por litro de sangre, cuando la tolerancia permitida es de 0 gramos. A raíz de ese resultado, el fiscal Nicolás Santillán dispuso que la joven quedara aprehendida.

En el vehículo también viajaban Marcelo Cáceres, de 21 años, oriundo de Forres, y Alba Medina, de 21 años, del barrio Arenales de Beltrán, quienes fueron trasladados a sede policial.

Tras el primer impacto, un tercer rodado, un Volkswagen Gol Power, chocó contra la parte trasera del Gol Trend. El vehículo era conducido por el oficial inspector Nelson Coman, numerario de la Comisaría 46, quien se dirigía a prestar servicio. El efectivo resultó lesionado y fue trasladado consciente al CIS Banda, donde manifestó dolor en el pecho. Su test de alcoholemia dio negativo.

Personal de salud arribó al lugar y constató el fallecimiento de Domingo Bravo, quien residía en el barrio Tabla Redonda. Por disposición fiscal, su cuerpo fue trasladado a la Morgue Judicial para la correspondiente autopsia.

La tragedia golpeó especialmente a la comunidad educativa. Bravo se desempeñaba como docente y fue despedido con dolor por instituciones donde dejó huella, entre ellas el Jardín N° 375 y la Escuela N° 447. Sus colegas destacaron que estaba próximo a jubilarse y que había dedicado más de 30 años de su vida a la enseñanza.

Un equipo de Noticiero 7 visitó la Escuela N° 916 del paraje Mili, lugar al que Bravo se dirigía la mañana del accidente, para reconstruir su historia a través de los testimonios de quienes lo conocieron.

Una pérdida así es una gran pérdida. Detrás de una persona hay una familia: uno es hermano, es hijo, es padre. Hay una familia”, expresó Ramón, compañero del docente, al recordar el impacto que provocó la noticia.

Según contaron desde la comunidad educativa, Bravo enseñaba en segundo y tercer grado y era reconocido por su responsabilidad y compromiso cotidiano.

Quedamos todos shockeados. No sé cómo explicar esos momentos. Cuando me dijeron que falleció el señor Domingo Bravo, yo pensaba que tenía alguna enfermedad, hasta que después empecé a ver los estados de la gente de la comunidad y supe que era un accidente”, relató una integrante de la escuela.

La misma docente resumió el sentimiento general con una frase contundente: “Una muerte absurda”.

Quienes compartieron años de trabajo con él remarcaron que Bravo tenía una vida ligada a las escuelas rurales y a sus alumnos. Recordaron que había prestado servicio durante décadas en la zona de Barrio Alto y que, incluso en condiciones difíciles, nunca dejaba de asistir.

Él se dedicaba pura y exclusivamente a la escuela. Desde que llegó, fue un chico de una condición muy humilde. No faltaba nunca a clase. Como sea, llegaba con viento, con frío, con calor, con tormentas, con lo que sea”, señalaron.

También recordaron los esfuerzos que hacía para llegar a enseñar en distintos parajes. “A veces caminaba de Villa Tamiz hacia Barrio Alto, a veces caminaba de Brea Pozo hasta Barrio Alto. Son muchos kilómetros para la zona”, relataron.

En medio del dolor, sus compañeros también destacaron pequeños gestos que marcaron su relación con los alumnos. “Si los chiquitos no tenían sus moneditas para las golosinas, él tenía sus golosinas aparte para regalarles a los niños que no podían comprar, porque hay niñitos de condiciones muy humildes en la zona”, contaron.

La muerte de Bravo dejó una fuerte conmoción porque representa, además, la historia de miles de maestros santiagueños que cada día recorren rutas y caminos para llegar a las escuelas rurales y cumplir con su vocación.

Por una imprudente le truncaron la vida al maestro. Al maestro con todas las letras, con letras mayúsculas. Una excelente persona, como amigo, como compañero, como docente, como todo”, cerraron con profunda tristeza.