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Opinión y Actualidad

Bajar la inflación no es lo mismo que recuperar el poder adquisitivo

El poder de perder el poder adquisitivo: por qué la macro mejora mientras el sueldo se termina el día 20. analizamos por qué los grandes números de la macroeconomía mejoran mientras el bolsillo del trabajador sigue achicándose, y qué dice eso sobre la Argentina que viene.

Hoy 05:59
Foto de archivo.

Por Juan Pablo Chiesa, en diario Ámbito
Hay una paradoja que a esta altura del año ya no sorprende a nadie, y quizás por eso conviene volver a mirarla de frente. La macroeconomía muestra sus mejores números en mucho tiempo, y sin embargo el sueldo se termina antes de que termine el mes. La inflación bajó a 1,9% en junio y acumula 16,8% en el semestre, cuando hace apenas un año viajábamos al 200% anual.

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El riesgo país cede, las reservas se ordenan, el Gobierno exhibe superávit. Y al mismo tiempo, seis de cada diez argentinos agotan su ingreso el día 20, y el 86% asegura que su salario no le gana a los precios. Los dos datos son verdaderos. El problema es que hablan idiomas distintos.

 Como abogado laboralista que liquida sueldos todos los meses, veo esa distancia en carne viva, mucho antes de que llegue a un informe. La veo en el recibo del operario que este mes cobró un 2% de aumento cuando los precios subieron 3,4%. La veo en la paritaria que cierra "en línea con la inflación" y que, cuando se firma, ya llega tarde, porque la góndola no espera a la mesa de negociación. El salario del trabajador registrado volvió a perder contra la inflación en ocho de los últimos nueve meses. No es una estadística, no es una opinión, es el motivo por el cual una familia que hace todo bien, trabaja en blanco, cumple, no se endeuda de más, igual siente que retrocede.

Acá está el nudo, y conviene decirlo sin eufemismos, bajar la inflación no es lo mismo que recuperar el poder adquisitivo. Frenar la sangría no repone la sangre perdida. Cuando los precios corrieron al 200% durante años, el salario quedó tan atrás que hoy, aunque la carrera se haya vuelto más lenta, sigue partiendo desde muy lejos. La desaceleración es real y es una buena noticia; pero desacelerar la pérdida no es lo mismo que empezar a ganar. Al bolsillo no le alcanza con que el incendio sea más chico: necesita que le devuelvan lo que se quemó.

La informalidad, el problema que esconden los grandes números
Y hay un segundo fenómeno, más silencioso y peligroso, que los grandes números tapan, la calidad del empleo. Buena parte del trabajo que se crea es informal. La tasa de informalidad trepó al 44,2%, uno de los registros más altos de los últimos años. Es decir, hay más gente ocupada, sí, pero cada vez más argentinos trabajan sin aportes, sin obra social, sin indemnización, sin la red mínima que distingue un empleo de una changa. El dato del desempleo puede mejorar mientras la protección del trabajador empeora. La macro cuenta cabezas ocupadas; no cuenta derechos perdidos.

¿Significa esto que el ordenamiento no sirve? No. Significa que el ordenamiento es condición necesaria pero no suficiente, y que confundir una cosa con la otra es el error político más caro que se puede cometer. La estabilidad de precios es el piso indispensable para que cualquier recuperación sea posible; sin ella, todo aumento se evapora.

Pero el piso no es la casa. Sobre esa estabilidad hay que construir todavía lo más difícil, salarios que crezcan por encima de los precios de manera sostenida, empleo formal que vuelva a ser la regla y no la excepción, y una sensación de futuro que hoy no aparece en ninguna encuesta, el 55% de los argentinos cree que lo peor todavía no pasó.

La Argentina de estos meses se parece a un paciente al que por fin le bajó la fiebre. Es un alivio enorme, y nadie que lo haya visto arder quiere volver atrás. Pero bajar la fiebre no es estar sano, es dejar de empeorar. La recuperación de verdad, la que se mide en un changuito de supermercado más lleno, en un sueldo que estira hasta fin de mes, en un joven que consigue su primer empleo en blanco, esa todavía no llegó. Y el riesgo, en política y en economía, es festejar la fiebre que cede como si fuera la salud recuperada, y pedirle a la gente que aplauda una mejora que su bolsillo aún no siente.

El poder adquisitivo tiene esa crueldad silenciosa, se pierde de a poco, en cada recibo que llega corto, y se recupera, cuando se recupera, mucho más lento de lo que se fue. Los números macro pueden mejorar en un trimestre; la confianza de una familia que aprendió a desconfiar tarda años en volver. Reconstruir esa confianza, y no solo domar el índice, es la tarea pendiente. Porque una economía no se sostiene únicamente con equilibrio fiscal se sostiene, sobre todo, con gente que llega a fin de mes y que vuelve a creer que mañana va a estar mejor que hoy.