La actriz relató situaciones extremas vividas junto a sus hijos y su ex pareja Ben Affleck, y cuestionó una industria que —según afirmó— “se salió de control”.
Jennifer Garner volvió a alzar la voz contra el accionar de los paparazzi y denunció que, durante años, llegaron a poner en riesgo a sus hijos con tal de obtener imágenes suyas y de su ex pareja, Ben Affleck.
HACÉ CLICK AQUÍ PARA UNIRTE AL CANAL DE WHATSAPP DE DIARIO PANORAMA Y ESTAR SIEMPRE INFORMADO
En una entrevista en el podcast Shut Up Evan, Garner describió escenas caóticas que vivía a diario: “Si yo pasaba un semáforo en amarillo, 15 autos cruzaban en rojo detrás mío”, contó. Según explicó, los fotógrafos no dudaban en invadir propiedades privadas o circular de forma peligrosa con tal de seguirla.
La actriz también recordó que la situación llegó a afectar actividades cotidianas de sus hijos. En una oportunidad, mientras uno de ellos jugaba al fútbol, la organización le pidió que se retirara porque había unos 20 autos siguiendo la escena, lo que generaba riesgos para todos los presentes.
“No se trataba solo de nosotros, era una industria que se había salido de control”, señaló Garner, visiblemente crítica con el sistema que alimenta este tipo de persecución.
Jennifer Garner
Uno de los relatos más impactantes fue cuando aseguró haber visto a niños siendo derribados por fotógrafos a la salida del preescolar. “Estaban tan desesperados por llegar a mí o a Ben que empujaban a los chicos”, afirmó, remarcando que los menores terminaban siendo los más perjudicados.
Además, describió situaciones angustiantes como intentar ingresar al consultorio de un pediatra con un hijo enfermo y no poder avanzar porque la entrada estaba bloqueada por cámaras. “Hay algo muy mal en eso”, sostuvo.
Garner explicó que, a pesar de vivir en una comunidad con muchas celebridades, ella era un blanco constante porque “tenía a los chicos”, lo que incrementaba el interés mediático.
Con el paso del tiempo, la actriz asegura que la persecución no desapareció del todo: incluso hoy, dice, hay fotógrafos que la siguen desde hace más de 20 años. “Hay una especie de relación extraña, como un síndrome de Estocolmo”, reflexionó, aunque admitió que en numerosas ocasiones tuvo que llamar a la policía para pedir un mínimo de privacidad.
Sus declaraciones reavivan el debate sobre los límites del fotoperiodismo de celebridades y el impacto que puede tener en la vida cotidiana —especialmente en la de los hijos de figuras públicas.