Mientras la Selección defendía el 2-1 que la depositó en la final del Mundial, las cámaras siguieron de cerca al entrenador argentino, que pasó de reclamar el final del partido al cuarto árbitro a retirarse en calma tras el pitazo definitivo.
La clasificación de la Selección argentina a la final del Mundial dejó imágenes imborrables dentro del campo de juego, pero una de las más comentadas tuvo como protagonista a Lionel Scaloni, quien vivió con una intensidad particular los instantes finales del histórico triunfo por 2 a 1 sobre Inglaterra, luego de una remontada inolvidable.
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Con el reloj consumiendo los últimos segundos del tiempo adicionado, el entrenador albiceleste se mostró visiblemente tensionado sobre la línea de cal. En las imágenes que rápidamente se viralizaron en redes sociales se lo observa hablando con el cuarto árbitro y reclamando insistentemente que el partido terminara, mientras seguía de reojo cada jugada que se desarrollaba dentro del campo.
Cada avance inglés parecía eterno para el cuerpo técnico argentino. Scaloni alternaba miradas hacia el césped y hacia el cronómetro, consciente de que la clasificación estaba a apenas un puñado de segundos. Sus gestos reflejaban la tensión de un encuentro que la Selección había logrado dar vuelta y que estaba a punto de convertirse en una de las victorias más importantes de su ciclo.
Finalmente llegó el pitazo final y el banco argentino explotó de alegría. Colaboradores, suplentes y miembros del cuerpo técnico invadieron el campo para fundirse en abrazos y celebrar el pase a la gran final.
En medio de la euforia generalizada, Scaloni volvió a mostrar la serenidad que lo caracteriza. Emocionado, con una sonrisa contenida y la mirada perdida por momentos, comenzó a caminar lentamente por el campo de juego. Sin corridas ni festejos desmedidos, parecía intentar asimilar lo que acababa de conseguir junto a su equipo.
La escena resumió a la perfección el estilo del entrenador que condujo a la Selección a otra página histórica: mientras a su alrededor todo era desahogo y locura, él avanzaba con calma, emocionado, casi sin poder creer que Argentina acababa de sellar una clasificación épica a una nueva final del Mundial.