El cineasta filipino Lav Diaz, que filma por primera vez en color, dirige esta historia sobre el navegante portugués cuyo reparto encabeza Gael García Bernal.
Por Mariona Borrull
Para Fotogramas
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Resulta insólito (a la vez predecible) lo bien que riman los lodazales de la colonización portuguesa de América con el cine de Lav Diaz, cosido de sangrías cíclicas, absurdas, ¿inevitables? No en vano el filipino lleva 13 años organizando catarsis precarias e interminables a base de cuerpos blandos entre la hojarasca y el griterío enervante, alargando el paroxismo violento hasta el paroxismo.
Y no falta marca-Lav en este relato de la 'reconquista' deslavazada del marino portugués, una crónica fría que ve, pero desatiende, los motivos o la humanidad de Gael García Bernal, esforzado por dimensionar a un hombrecillo miserable. También en Magallanes la cámara es titiritera y cómplice resignada de este gran guiñol. Sin embargo, Diaz filma por primera vez en color, pasa tijera al metraje y se valida replicando a otras voces del 'arthouse': del estatismo pictórico de Albert Serra, con quien comparte la fotografía hipersaturada de Artur Tort, a los paréntesis ensoñados de Apichatpong Weerasethakul. El gesto es pop, que no menos ombliguista.
Para descubrir, de forma amable, el cine de Lav Diaz.