El próximo objetivo para el equipo de Lionel Scaloni.
Por Daniel Guiñazú
Para Página 12
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La excepcional irrupción de Lionel Messi en el Mundial ha puesto la emoción en el centro de la escena. La poderosa fuerza centrípeta que ejerce el capitán de la Selección Argentina, el asombro que sigue provocando y que extiende a los demás seleccionados (Mbappé, Haaland y Vinicius entran a la cancha pensando en darle alcance) ha corrido la posibilidad de hacer algunas consideraciones sobre el juego de la Seleccion Argentina. El genio de Messi ocupa (y seguirá ocupando) todo el espacio.
Lo primero que surge es que la Selección parece haber retomado el rumbo que lo llevó a ganar la Copa América de 2021 en Brasil y ante Brasil. Aquella vez, Argentina acostumbraba asumir la iniciativa de los partidos hasta conseguir el primer gol. Luego, dejaba de ir al frente, cedía la pelota, replegaba sus líneas hasta el borde del área grande, esperaba a sus rivales y definía de contraataque. Ahora ha vuelto a hacer lo mismo. Pragmático como es Lionel Scaloni está convencido de que el Mundial lo va a ganar el equipo que defienda mejor. Y que no siempre la tenencia del balón es lo más recomendable. Entiende que eso es ser inteligente.
La idea funcionó casi a la perfección ante Argelia y Austria. Se terminó con el arco invicto y casi sin soportar situaciones de riesgo. Pero ahora que empiezan los mano a mano, habrá que ver si resulta ante adversarios mucho más calificados y delanteros de nivel mundial. Los mejores partidos de la Selección se dieron cuando Enzo Fernández y Alexis Mac Allister pudieron manejar la pelota en la media cancha, a base de toques cortos y moviéndola con seguridad y criterio. Cuando debieron dar un par de pasos hacia atrás, ya no fue lo mismo. La recuperación no figura entre las virtudes de los dos. Tampoco brillan en eso Leandro Paredes y Exequiel Palacios, sus eventuales reemplazantes. La Selección exhibe un deficit ahi.
Argentina supo sufrir ante Austria. Cuando le tocó hacerlo, no se desordenó. Con el libreto bien aprendido, acortó las líneas, cerró bien los espacios y evitó que le metieran una pelota clara en el área. Fue eficiente cuando se defendió sin ella, aunque medio país lo haya vivido con el corazón en la boca. Cuando la tuvo en sus pies, resultó brillante. El resto corrió por cuenta de Messi.
Es muy posible entonces que Scaloni no le tiemble el pulso y a partir de los 16avos de final y hasta que dure la participación en el Mundial, Argentina siga siendo más práctica que vistosa, que de a ratos ataque y de a ratos espere y contragolpee, según sea lo que le convenga o necesite. El arco en cero será prioridad. Lo que nunca habrá de negociarse será la entrega, el carácter, el orgullo, el saber estar. Con esos valores y esa sensibilidad para ofrecerle a los partidos lo que esos partidos le demanden, la Selección tratará de prender la cuarta estrella en el escudo. Aunque en el camino tenga que sufrir.