El director médico del Hospital Regional, Néstor Fushimi, explicó cómo trabaja el sistema de salud ante la llegada de pacientes traumatizados y alertó sobre las consecuencias humanas, sociales y económicas que generan los siniestros viales.
Las estadísticas difundidas por la organización Luchemos por la Vida encendieron una nueva señal de alarma sobre la problemática vial en Argentina. Según el informe, más de 4.000 personas mueren cada año en siniestros de tránsito en el país y los motociclistas representan casi el 46% de las víctimas fatales. En este contexto, el director médico del Hospital Regional “Dr. Ramón Carrillo”, Néstor Fushimi, analizó la situación desde la perspectiva sanitaria y el impacto que tienen estos hechos en el sistema de salud.
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En este contexto, Fushimi remarcó que el término “accidente” no siempre es el adecuado para referirse a estos episodios.
“El trauma, que es como se denomina en realidad, no es un accidente porque accidente es algo que realmente es prevenible y todo lo que es prevenible no es un accidente”, sostuvo.
El profesional explicó que ante la llegada de una persona traumatizada se activa un amplio operativo dentro del Hospital Regional.
“Todo el hospital acude, todo el personal que está de guardia acude a la atención del paciente traumatizado. Es un equipo multidisciplinario compuesto por traumatólogos, terapistas, clínicos y cirujanos que están abocados a la urgencia, emergencia y trauma”, detalló.
El impacto de los traumatizados en el sistema de salud
Fushimi indicó que durante los fines de semana suelen ingresar entre 45 y 47 pacientes traumatizados, una cifra que, aunque pueda parecer reducida, representa una fuerte demanda para el hospital.
“Si uno los tiene que internar, ocupan un servicio general completo del Hospital Regional. Un servicio tiene 45 camas y en 48 horas podríamos tenerlo totalmente ocupado”, explicó.
Asimismo, describió las distintas etapas que atraviesa una persona lesionada en un siniestro vial y las consecuencias que esto genera.
“La primera ola son los pacientes que fallecen en el lugar. Luego viene la hora de oro, donde salimos a una atención sumamente agresiva para mantener con vida al paciente. Después aparecen los costos de terapia intensiva, medicamentos, tratamientos e infecciones, y finalmente está el desafío de lograr que esas personas vuelvan a tener un rol dentro de la sociedad”, señaló.
En ese sentido, advirtió sobre las secuelas permanentes que pueden dejar este tipo de hechos.
“Con una lesión cerebral o una amputación es muy difícil que esas personas puedan volver a reinsertarse laboralmente. Estamos hablando de personas entre 15 y 34 años, es decir, de una parte importante de la fuerza laboral”, afirmó.
“Es un problema mundial”
Consultado sobre la magnitud del fenómeno, Fushimi sostuvo que se trata de una problemática global.
“El trauma es una pandemia. Hay guerras, personas que circulan a alta velocidad y gente que comete imprudencias en todo el mundo. Se utilizan muchísimos recursos para atender y mantener con vida a esas personas”, expresó.
Además, consideró que el origen de muchos de estos hechos está relacionado con conductas individuales que terminan afectando a terceros.
“Es un problema que comienza con la individualidad. Si una persona toma alcohol, no usa medidas de prevención y se accidenta, ya es grave. Pero el problema es cuando esa persona colisiona contra otras que pueden ser familiares, amigos, hijos o padres de alguien”, reflexionó.
Y agregó:
“Muchas veces se piensa solamente en lo que uno quiere hacer y no en lo colectivo. Eso es lo que no se ve”.
El rol del Sease 107 y las falsas alarmas
Por último, el director médico destacó el trabajo que realiza el Sease 107, encargado de brindar la primera asistencia en el lugar de los hechos antes del traslado de los pacientes.
“El primer choque lo hace el 107. Ellos realizan la primera atención, estabilizan al paciente y luego se comunican con el Hospital Regional, que hoy recibe prácticamente todo el trauma de la provincia”, indicó.
Sin embargo, alertó sobre una situación que complica la tarea de los equipos de emergencia.
“Hay muchos llamados que no son reales. Las ambulancias salen y no encuentran nada. Son bromas de muy mal gusto que retrasan la atención de pacientes que realmente necesitan asistencia urgente”, concluyó.