El avance de la secretaria general en el armado electoral alimenta especulaciones sobre el equilibrio de poder dentro del Gobierno.
La Casa Rosada atraviesa un proceso de reordenamiento interno de cara a 2027, con Karina Milei enfocada en consolidar el control partidario de La Libertad Avanza y Santiago Caputo apoyado en su vínculo directo con Javier Milei. En ese esquema, en el entorno de la secretaria general de la Presidencia dejan circular una definición sensible para el armado del año que viene: no planean darles lugares a integrantes de Las Fuerzas del Cielo, la agrupación referenciada en el asesor presidencial, en las listas electorales.
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Uno de los casos que miran de cerca en el karinismo es el de Agustín Romo, legislador provincial bonaerense y uno de los cuadros libertarios que participó en el espacio desde su fundación. Romo tiene peso en la estructura digital de La Libertad Avanza, fue cercano a Ramiro Marra y luego quedó alineado con Caputo. “Romo no reelige. Eso ya está definido”, expresan cerca de Karina Milei. En el entorno del legislador evitaron hacer comentarios ante la consulta.
La frase no aparece como una declaración pública, sino como parte de las señales que circulan dentro del oficialismo en medio de la reorganización electoral. En Balcarce 50 la leen como un nuevo capítulo de la disputa por el control del sello, las candidaturas y la militancia digital. Karina Milei busca que el armado territorial y partidario quede bajo su conducción formal, mientras el sector de Caputo intenta preservar influencia en la conversación pública, los equipos técnicos y áreas clave de gestión.
En distintos despachos oficiales describen ese movimiento como una variante del “último take-over” de Karina Milei sobre estructuras vinculadas al asesor presidencial. En el Gobierno sostienen que esa avanzada podría profundizarse después de las elecciones si Milei consigue la reelección. Entre las áreas bajo observación mencionan la Secretaría de Inteligencia del Estado, el Ministerio de Salud, órbitas de Economía, ARCA y otros espacios donde conviven funcionarios de distintas terminales internas.
Por ahora, sin embargo, en el oficialismo hablan de una paz temporal. “No están previstos más cambios fuertes hasta el 27”, expresan en Nación. La misma lógica alcanza al manejo de empresas públicas y privatizaciones, hoy bajo la órbita de Diego Chaher, que visita con frecuencia las oficinas de Caputo. En la Casa Rosada creen que la prioridad inmediata será sostener la gobernabilidad, evitar nuevas fracturas públicas y ordenar la campaña antes de abrir otra pelea por cargos.
Caputo tampoco transmite garantías a todos sus cercanos sobre el futuro de sus áreas de influencia. En su entorno se respaldan en el vínculo directo que mantiene con Milei y creen que todavía puede desarticular el envión de la avanzada karinista. Pero en otros sectores del oficialismo advierten que el Presidente da señales cruzadas y que nadie puede anticipar hasta dónde sostendrá al asesor si la secretaria general vuelve a presionar por nuevos cambios.
El encargado de diagramar la estrategia política y de avance interno de Karina Milei es Eduardo “Lule” Menem, subsecretario de Gestión Institucional y armador central de La Libertad Avanza. “Él es su cerebro. El golpe en Justicia y la llegada de Mahiques es de él”, agregan en el oficialismo. La frase resume cómo leen varios funcionarios el desplazamiento de Sebastián Amerio y el desembarco de Juan Bautista Mahiques en el Ministerio de Justicia, uno de los movimientos que más alteró el equilibrio interno.
En despachos oficiales sostienen que aquella avanzada no terminaba en Justicia. Lo que trascendió internamente es que los cambios también alcanzaban a la SIDE y a otras áreas sensibles, pero que Milei frenó ese tramo de la operación. Esa decisión alimentó la lectura de que el Presidente busca regular la interna sin dejar que ninguno de los dos sectores se imponga por completo.
La discusión no pasa sólo por cargos. Karina Milei busca consolidar una estructura partidaria y territorial bajo su conducción formal, con Lule Menem y Martín Menem como piezas clave del armado nacional. Del otro lado, Las Fuerzas del Cielo y los equipos referenciados en Caputo defienden una lógica de intervención digital y de disputa de la conversación pública que no siempre se subordina a la conducción partidaria.
En ese contexto, uno de los mensajes que encendió alarmas fue el que dio Milei en una reunión con integrantes de la nueva estructura digital que impulsa la secretaria general. “Hay que identificar quiénes son los que dicen protegernos y no lo hacen”, le atribuyen haber dicho al Presidente. Varios de los presentes se fueron con la idea de que hablaba de Las Fuerzas del Cielo. Milei no lo aclaró.
La frase volvió a instalar una duda que atraviesa toda la interna: si Milei es solo árbitro de las tensiones entre Karina y Caputo o si usa a ambos sectores para regularse mutuamente. Algunos funcionarios creen que el Presidente se hace el desentendido, pero sabe perfectamente qué ocurre y a través de quién se ejecutan los movimientos. “Él quiere que así sean”, expresan cerca de la mesa chica.
En una oficina neutral de la interna lo describen como una forma de intervención indirecta. Según esa lectura, Milei evita plantear ciertas críticas de manera frontal y, en cambio, transmite su malestar a un sector del Gobierno para que actúe sobre el otro. “Nos confunde y hace que haya señales cruzadas, pero así armó su gestión”, agregan en Nación. La consecuencia es un esquema de poder donde las partes chocan, compiten y se vigilan, pero todas dependen de la decisión final del Presidente.
El método tiene costos. En el entorno de Caputo hay quienes interpretan que Karina Milei avanza sobre áreas y nombres propios con aval tácito del Presidente. En el karinismo, en cambio, sostienen que el asesor conserva demasiado poder para el volumen formal que tiene dentro del Gobierno y que su estructura digital y política opera con autonomía excesiva. La tensión se vuelve más visible cada vez que se discuten listas, viajes provinciales, redes sociales, vocería o áreas de gestión.
La designación de Adrián Ravier como nuevo vocero presidencial aparece ahora como el próximo punto de convivencia obligada. En el Gobierno aseguran que fue una decisión directa de Milei y que no respondió a ninguno de los dos sectores. Pero su desembarco vuelve a cruzar los intereses de la interna: Karina Milei busca ordenar la comunicación desde la estructura institucional, mientras Caputo mantiene influencia sobre parte de los equipos que acompañarán la transición y sobre espacios como la Fundación Faro, donde el Presidente volverá a mostrarse en los próximos días.
En el oficialismo creen que ambos sectores terminarán alineados con el proyecto de reelección del Presidente. “A ninguno le queda otra opción”, expresan en una oficina neutral de la interna. La tregua, por ahora, es frágil: Karina Milei manda señales sobre listas y áreas de gestión; Caputo se respalda en su vínculo directo con el Presidente; y Milei alterna gestos de apoyo, silencios y frases ambiguas que alimentan interpretaciones cruzadas.