Con o sin Adorni, la misión de Raiver resultará ardua; un funcionario investigado por corrupción es una debilidad flagrante, no un imponderable, que no se resuelve cambiando el timbre de voz.
Por Francisco Olivera, en diario La Nación
Dicen los libertarios que últimamente, cuando se le plantea en privado a Karina Milei el daño que le hace al Gobierno la situación judicial de Manuel Adorni, ella parece escuchar, se muestra a favor de resolver el problema y hasta pide tiempo. Pero que no pasa lo mismo con su hermano, Javier, enfrascado en una enérgica defensa de su jefe de Gabinete. El Presidente contesta en realidad lo que repite hace tiempo en público: que detrás de los ataques al propietario de Indio Cua subyace la intención de llevárselo puesto a él.
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Esa lógica no va a cambiar. Es el modo en que Milei concibe la política y lo que dio a entender anteayer, en su extensa reacción en Twitter al error de Florencia Peña con el padre de Messi. “Nos recuerda la impunidad con la que algunos individuos creen que pueden operar por el simple hecho de tener un micrófono o una pluma en la mano”, comparó.
Por eso parece difícil el rol que acaba de asignarle al diputado Adrián Raiver como nuevo vocero. Por lo pronto, porque la designación parte de un acuerdo precario en medio de una interna: Raiver pertenece a la Fundación Faro, es decir, a los equipos de Santiago Caputo, pero no es el preferido del asesor para el cargo, sino en realidad el único posible: el que logró pleno aval de Karina Milei. Hay que detenerse entonces en el propósito del nombramiento. ¿Es un primer paso hacia otro que será pedirle a Adorni la renuncia? De esa respuesta dependerán la eficacia de la jugada y las atribuciones de Raiver, que empezarán a constatarse hoy mismo, en el acto de Rosario al que parte del gabinete irá sin ganas: más de uno planteó ayer en confianza reparos con esa foto.
Por ahora, con Adorni en funciones, la llegada de Raiver es de algún modo aceptar que la palabra del jefe de Gabinete se devaluó. Lo piensan varios, pero fue el nuevo vocero quien lo expuso anteanoche ante las cámaras de TN, horas antes de ser ungido. “¿No ves un problema político en la credibilidad del jefe de Gabinete?”, le preguntó Luciana Vázquez. “Hay posibles contradicciones que él tiene que explicar mejor –contestó–. Sin dudas, su capital político personal, ese eventual jefe de gobierno que pudo ser, hoy está más dañado o habrá que ver cómo le impacta en su situación personal para su carrera política”. ¿Fin, diría un antecesor?
Con o sin Adorni, la misión de Raiver resultará ardua: para ser vocero de Milei hay que pensar como Milei. También en este caso. Hace unos días, Mauricio Macri volvió a escribirle al Presidente por WhatsApp. Justamente para hablarle de Adorni: le dijo que era una oportunidad inmejorable para, ahora sí, designar como jefe de Gabinete a alguien capaz de coordinar la gestión y acompañar los logros de la macroeconomía. Milei le contestó de buen modo, pero sin aceptar el argumento. “Presi”, encabezó la respuesta, y agregó que las cosas se veían distintas desde adentro del Gobierno.
Hacía 8 meses que no hablaban. Incluso se habían evitado en abril, durante una comida en la Fundación Libertad, la noche en que ni se saludaron y Macri abrazó en cambio a Patricia Bullrich. El último encuentro personal entre ambos había sido en octubre del año pasado y tampoco terminó bien: aquel viernes en Olivos, cuando el líder de Pro fue a ver al Presidente, se enteró ahí de la renuncia de Guillermo Francos –hasta entonces su mejor interlocutor con el Gobierno– y criticó al día siguiente el despido en un posteo de Twitter. “No logramos ponernos de acuerdo”, dijo sin nombrar a Adorni, ya designado para reemplazar a Francos, y recordó que le había sugerido a Milei para ese cargo a Horacio Marín, presidente de YPF.
En Pro creen que aquel episodio malpredispuso desde entonces a Macri con Adorni. “Es algo personal”, dicen, y agregan que hasta su primo Jorge, que sueña con lograr un acuerdo electoral con los libertarios en la Capital Federal, o Cristian Ritondo, que pretende algo similar en la provincia de Buenos Aires, serán más indulgentes con la situación del jefe de Gabinete. Habrá que ver qué actitud toma ahora Pro en el Congreso, donde la oposición más dura intentará forzar la renuncia.
Milei y Macri no logran entenderse porque tienen objetivos distintos. A Macri le habría gustado que el líder libertario aceptara la colaboración de funcionarios de Pro en distintas áreas y se dedicara a gestionar. Fueron sus discusiones con Santiago Caputo en los inicios de este gobierno. Pero Milei prefiere centrarse en la macroeconomía, a partir de la cual todo se ordena. Luis Caputo, ministro de Economía, suele recordar en privado que el Presidente parecía hasta aburrirse en aquellas reuniones en las que Francos intentaba hacer repasos de los temas de administración.
Parece entonces otro diálogo imposible. Milei viene entusiasmado con la caída de la inflación y el riesgo país, el equilibrio fiscal y el crecimiento de las exportaciones. El comportamiento de la economía real no es hasta ahora uniforme e incluye sectores postergados, pero el mercado le cree: hay acciones cerca de los niveles del mejor momento del gobierno de Macri, antes de la crisis de 2018. “Dos de tres planetas alineados”, se tituló esta semana un informe del Bank of America que valora la caída en la inflación y la balanza comercial y atenúa en cambio con lo pendiente: “El eslabón perdido es la actividad”.
Eso ya impactó en las encuestas. En el índice de confianza del consumidor que elabora la Universidad Di Tella, por ejemplo, que subió 6,41% en junio, y en varios sondeos de imagen. Una encuestadora de primera línea midió este mes para una empresa privada más de 3000 casos solo en la provincia de Buenos Aires, un distrito afectado por el cambio de régimen económico, el enfriamiento en las ventas e históricamente peronista, y el resultado no da para celebrar, pero tampoco anticipa una catástrofe electoral: los que hacen una valoración “positiva” o “regular positiva” de la gestión de Milei son el 36,8%, y los que la juzgan “negativa” o “regular negativa”, 58,2%. Y entre los menores de 35 años las distancias se achican a dos puntos: 45,3% de respuestas favorables para el Gobierno y 47,2% en contra.
El mercado parece últimamente más concentrado en esas novedades que en el escándalo de Adorni. Hace dos jueves, horas después de la entrevista con LN+ en la que el jefe de Gabinete expuso múltiples inconsistencias, el riesgo país se desplomó 12%. Es un cambio relevante en relación con otras crisis políticas.
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“Está un poco tumultuoso el Congreso con varias cosas que están pasando en el país, como saben”
Eso no exime al Gobierno de encontrarle una salida a un escándalo que, por lo pronto, le complica la agenda legislativa. Anteayer, durante su exposición en la Federación Farmacéutica, Alejandro Cacace, subsecretario de Reformas Estructurales, dijo estar confiado en que la semana próxima pudiera tratarse en el Congreso el ingreso de la Argentina en el Tratado de Cooperación de Patentes, tal como lo dispone el acuerdo con Estados Unidos, pero atenuó el optimismo con una alusión al caso Adorni que provocó risas en el auditorio: “Está un poco tumultuoso el Congreso con varias cosas que están pasando en el país, como saben”.
Entre “esas cosas que están pasando” hay una 100% autoinfligida: un funcionario investigado por corrupción. Una debilidad propia y flagrante, no un imponderable, que tampoco se resuelve cambiando el timbre de voz.