Daniel Roher dirige este thriller sobre un joven con una extrema sensibilidad acústica que se verá envuelto en la delincuencia sin saber muy bien cómo salir.
Por Fran Chico
Para Fotogramas
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La hiperacusia, la sensibilidad extrema hacia determinados ruidos, hace que cualquier sonido sea una amenaza constante, y 'Un talento único' encuentra ahí una forma bastante elegante y orgánica de construir tensión sin necesidad de exagerar demasiado sus mecanismos de thriller, que también funcionan como un reloj. Lo mismo se podría decir de 'Baby Driver' (2017), ambas protagonizadas por personas con trastornos auditivos que se ven atrapadas en un entorno delictivo que les viene grande, pero donde Edgar Wright convertía la percepción del sonido en espectáculo coreografiado, Daniel Roher prefiere usarlo para acercarse a la fragilidad emocional de su protagonista.
Leo Woodall entiende y defiende con solvencia esa vulnerabilidad contenida, acompañado de un Dustin Hoffman que está encantador de una forma desarmante como ese viejo mentor cálido y cansado, que parece escapado de un cine de otra época, y de una Havana Rose Liu que se ocupa de sostener la vertiente romántica, tan importante como la de suspense. Esa mezcla se convierte en una armonía que salta entre géneros como la improvisación de un pianista. Sabe cuándo acelerar, cuándo contenerse y cuándo dejar respirar el silencio. Da siempre con la tecla, ya que estamos. Pero esta afinada melodía posee además algo cada vez más raro: una genuina bondad hacia sus personajes. Un thriller amable, sofisticado y ligeramente anticuado (para bien) que entiende que, a veces, el verdadero refugio consiste simplemente en escuchar a los demás.
Para espectadores con buen oído y gusto por el cine con alma.