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El delantero fue declarado prescindible por Eduardo Coudet en River y eligió ponerse a punto en el Club Victoria de Curuzú Cuatiá, el lugar donde dio sus primeros pasos en el fútbol.
Maximiliano Salas atraviesa un momento particular en su carrera. Declarado prescindible por Eduardo Coudet en River, el delantero de 28 años decidió no quedarse quieto mientras su representante trabaja en la búsqueda de un nuevo destino para el segundo semestre.
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Lejos de Núñez, Salas eligió volver a sus raíces. Armó los bolsos, viajó a Corrientes y se entrenó en el Club Victoria de Curuzú Cuatiá, el potrero que lo vio nacer futbolísticamente y donde una de las tribunas lleva su nombre y apellido.
Para el atacante, pisar ese césped tuvo un valor especial. No fue solo una puesta a punto física y futbolística, sino también un regreso al lugar donde empezó a construir su camino con la pelota.
Durante la práctica, Salas se movió junto a los chicos de las inferiores del club, compartiendo ejercicios, experiencia y cercanía con las futuras promesas de la institución. La presencia del delantero revolucionó a la ciudad y generó una enorme emoción entre los jóvenes futbolistas.
El propio Club Victoria compartió en sus redes sociales un video bajo el título “Sentido de pertenencia”, en el que se lo ve entrenando en el escenario más simbólico de su vida deportiva.
La visita llegó, además, en un momento especial para la institución, que se prepara para disputar la primera final del torneo provincial. La presencia de uno de sus referentes históricos sirvió como impulso anímico para todo el club.
Salas había llegado a River con muchas expectativas tras su conflictiva salida de Racing, pero su paso por Núñez no fue el esperado. Coudet ya le comunicó que deberá buscarse un nuevo club y, si su salida se demora, el delantero deberá entrenarse apartado del grupo.
Mientras el Millonario analiza su futuro y difícilmente recupere los ocho millones de euros que pagó por su cláusula de rescisión, Salas eligió volver al punto de partida para tomar impulso.
En medio de la incertidumbre, el delantero encontró refugio en su lugar de origen, donde el cariño sigue intacto y su historia está grabada, literalmente, en una tribuna.