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Opinión y Actualidad

El amor de los plebeyos

Hasta el lunes a la madrugada, miles de personas avanzaron lentamente hacia el féretro del Indio rodeado de flores, banderas, cartas, remeras y mensajes de despedida. La marcha fue una intensa declaración de amor.

Hoy 07:15

Por Daniel Rosso
Para Página 12

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En esa movilización infinita, en la confluencia entre la poesía y la multitud, hubo un lenguaje persistente: el de los plebeyos que habitan los márgenes de la patria. Son los que irrumpían ante las cámaras televisivas, sin autorización y por sorpresa, y dejaban sus frases terminantes: “Viva Perón”, “Viva Evita”, “Viva Néstor y Cristina”. Entre todas, hubo una que sobresalió: “Cristina Libre”. Allí, en esas intervenciones, el desamparo cedió su lugar a la acción política. La televisión fue ese templo pagano en el que la multitud gritó los nombres de los que les mejoraron la vida y de los que, como Javier Milei, se la empeoraron.

Dirán que la movilización ha sido politizada, pero nadie politiza desde cero a los plebeyos: ellos suelen llegar a la política por sus propios medios. La encuentran en su desesperación cotidiana.

Cuando los sectores populares se enamoran políticamente, lo hacen para siempre: es lógico, no es fácil encontrar amores en una Latinoamérica con largos ciclos neoliberales y socialdemócratas. Por eso, los amores plebeyos no se desechan ni tienen obsolescencia programada: tienden a durar eternamente.

Así las cosas, el líder ricotero acaba de morir y la expresidenta permanece injustamente apresada y proscripta. Los plebeyos desolados en la argentina libertaria parecen haber propuesto un plan de acción espontáneo: adoptar masivamente la consigna “Cristina Libre”. Los sectores populares saben muy bien de “qué lado de la mecha” se encuentran.

Si nos guiamos por las numerosas intervenciones de los argentinos y argentinas que acudieron a despedir al Indio, el lema “Cristina Libre” está más presente en la sociedad que en la política y, específicamente, más presente en la sociedad que en la representación política del peronismo. Dicho de otro modo: su importancia social aparece subrepresentada. Cuando la multitud se presentó -directamente, sin mediaciones- lo hizo pidiendo por la libertad de Cristina. Cuando esa misma multitud es representada en los discursos de una parte significativa de la dirigencia, esa demanda no aparece con la misma intensidad.

Dirán: es un sector de la Argentina y ni siquiera mayoritario. Puede ser: pero es indicativo de la persistencia de una identidad vigorosa que no debería ser entregada al mercado de la política con precio a la baja.

La marcha hacia el féretro del Indio fue, también, una marcha de los abrazos. ¿Cuándo se suele producir el abrazo? Cuando un cuerpo no puede administrar el dolor y necesita de otro que lo ayude. Así suele nacer lo colectivo: en la solidaridad activa con el que sufre. En ese sentido, la patria es un otro que necesita ser abrazado.

Pero junto a los abrazos, la multitud movilizó una serie de valores ajenos al mundo libertario: solidaridad, cuidado, respeto, tranquilidad, gratitud y cordialidad, entre otros. Hubo una excelente organización del funeral, pero también un comportamiento de los participantes que ayudaron para que todo saliera bien. El Indio Solari fue un sistema de valores, una lírica y una justicia poética. Todo ello parece haber quedado en manos de sus seguidores.

Mientras, los algoritmos enloquecieron ante su dificultad para mediar las relaciones entre los presentes. Estos se mediaron solos: cantando, bailando, llorando, gritando, riendo y abrazándose. Hubo una multitud que, por unas horas, supo que estaba dentro de la historia. Lo que aportaron los drones, con su mirada panorámica, fue la presencia de una muchedumbre danzante, sufriente y comunitaria. Una gran familia ligada por lazos de identidad y pertenencia.

El fin de semana, la Argentina vivió un shock emocional histórico: miles de personas lloraron públicamente a lo largo de una columna que llegó a extenderse por 90 cuadras. No lo hicieron solo en privado: lloraron en comunidad. Los sentimientos más íntimos se volvieron colectivos. Desde entonces, el Indio Solari es historia, pero también es porvenir. El voltaje emotivo que hemos vivido quizás contribuya a acelerar la transición desde el mundo de los psicópatas individualistas hacia mundo de los plebeyos emancipados. 

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