Además realizaba prácticas ilegales en un hospital de San Juan. Daniel Algarilla fue declarado culpable por estafar a decenas de estudiantes a los que engañó con una falsa carrera.
Daniel Gustavo Algarilla (59), el colaborador de la morgue del hospital escuela Marcial Quiroga, ubicado en la ciudad de Rivadavia, provincia de San Juan, que oficiaba como falso profesor de una tecnicatura en evisceración y morgue, fue hallado culpable por el delito de estafa.
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En la resolución el juez Mariano Carrera resolvió declarar la culpable a Algarilla por resultar autor penalmente responsable del delito de defraudación por engaño en los hechos denunciados por cuatro de sus víctimas.
Así, lo condenó a un año y seis meses de prisión condicional, por lo cual el acusado no será trasladado al servicio penitenciario.
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Asimismo, el magistrado dispuso que el imputado debe fijar un domicilio real y someterse al cuidado de la Dirección de Protección al Presos, Liberado y Excarcelado durante el plazo de dos años.
No obstante, el juez Carrera resolvió que Algarilla permanezca en libertad durante el proceso, al mismo tiempo que denegó la reparación económica para las víctimas instada por la querella.
El caso
Según confiaron fuentes del caso a este medio, el engaño de Algarilla salió a la luz en diciembre de 2024, cuando cuatro de sus alumnas se presentaron en la UFI Delitos Informáticos y Estafas y lo denunciaron ante el fiscal Guillermo Heredia por una presunta estafa.
De acuerdo al testimonio de las damnificadas, Algarilla, empleado por la Administración Central del Gobierno de San Juan, les vendió una tecnicatura en evisceración y morgue, pero luego de pagar la cuota durante varios meses se percataron de que el curso no contaba con el aval ministerial ni la certificación del Ministerio de Educación provincial correspondientes.
Al dar inicio a la investigación, el fiscal y su equipo lograron recolectar evidencia de interés para la causa, determinaron las características del curso y el pago de las cuotas que debían abonar los damnificados para asistir a clases.
Asimismo, los investigadores descubrieron que Algarilla decía ser profesor de la UNCUYO de Mendoza, cuando en realidad ni siquiera registraba estudios relacionados a la carrera que ofrecía.
El modus operandi de Algarilla era sencillo: debido a que trabajaba como colaborador de morgue en el Marcial Quiroga, él aprovechaba cada clase que dictaban los profesores, a quienes les solía proveer los materiales necesarios para sus presentaciones, y extraía conceptos y ejercicios que luego incluía en las prácticas de su curso.
Las víctimas de Algarilla recién se dieron cuenta de que algo andaba mal cuando comenzó a cambiar de lugar para el dictado de sus clases. Fuentes del caso precisaron a este medio que, inicialmente, el curso lo daba en un instituto local, durante la hora de la siesta, pero una disputa entre Algarilla y la dueña derivó en una primera mudanza.
Como no contaba con otro espacio físico para recibir al alumnado, Algarilla se las volvió a ingeniar para seguir adelante con su estafa: acudió a su hermano y le pidió prestada su “lomoteca”, como en San Juan se conocen a las casas de comida especializadas en lomitos.
Un mes después, Algarilla volvió a mudar su improvisada aula y alquiló un comercio. Las idas y vueltas en este sentido fueron las que despertaron sospechas en los estudiantes, que pagaban una cuota de hasta 30 mil pesos por mes y además asistían entre una y dos veces por semana a la morgue del hospital local.
Con todas las pruebas recabadas a lo largo de la investigación, el fiscal Heredia solicitó que Algarilla, imputado por estafa en concurso real por los cuatro hechos denunciados en su contra, fuera sometido a un juicio oral y pidió una pena de cuatro años de prisión efectiva.