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Opinión y Actualidad

Cuestión de supervivencia

Es imposible no hacer asociación entre el femicidio de Agostina Vega y el de Chiara Páez, que en 2015 fue la mecha que encendió el movimiento Ni Una Menos en Argentina y de acá al mundo.

Hoy 07:08

Por Sonia Santoro
Para Página 12

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Comparten la edad, comparten la situación de vulnerabilidad en la que se encontraban como toda chica de 14 años atrapada por la seducción de un abusador violento, más si él tiene tantos años más que ella y antecedentes graves de violencia. Pero también como toda chica que a la que otras circunstancias, de clase, por ejemplo, la exponen a mayor probabilidad de ser víctima de estos crímenes atroces.

La crueldad es otro hilo en común. No alcanzó con matar a Chiara, hubo que enterrarla en un pozo en el fondo de la casa de los abuelos del femicida. No alcanzó con abusar sexualmente de Agostina, también hubo que cortarla en pedazos y desparramar sus trozos en un descampado.

Comparten además la desidia, y la saña con que funcionarios del Poder Judicial abordan las violencias que sufren las mujeres y niñas, especialmente de barrios populares. Que no creen sus relatos y demoran acciones que pueden salvar vidas y que una vez que llegan tarde, como en el caso de Agostina, tienen la impunidad de felicitar a perros. A ellos nada parece alcanzarlos, ni los protocolos, ni las leyes, ni los tratados internacionales.

El morbo mediático también es un lugar común. Se habla de los cuerpos mutilados, masacrados, asesinados como si fueran misteriosos descubrimientos: las hallan muertas, las encuentran sin vida. Por qué tanto eufemismo para eso y por qué tanta precisión para hurgar en la vida privada de niñas y mujeres, culpándolas de su propio femicidio o del femicidio de sus propias hijas.

Y todavía tenemos que escuchar que la violencia de género no existe y que las mujeres inventan denuncias contra abusadores y violentos. Necesitamos más denuncias, no menos. Necesitamos más educación sexual integral porque en las escuelas es donde muchos de estos casos pueden prevenirse. Necesitamos más políticas de género para que las mujeres puedan salir de la violencia, para que puedan trabajar y tener independencia económica, para que puedan acceder a una vivienda sin depender del agresor.

Sin embargo, en estos tiempos de contraofensiva por la masividad que lograron los feminismos desde 2015, lo que necesitamos es visto cada vez más como un privilegio o un delirio de locas, no solo porque así lo ve y promueve el gobierno nacional cómplice, sino porque parte de la ciudadanía se enoja más por un “elle” que por un femicidio.

Hace unos años escribí una novela juvenil, Mariposas de río, que está enmarcada en el contexto del surgimiento del Ni Una Menos y habla de los femicidios de chicas jóvenes. La novela se publicó en México en 2021 y en 2023 en Argentina y fue bien recibida en general. Sin embargo, el año pasado hubo escuelas, tanto en México como en Argentina, escuelas religiosas, en las que algunos padres y madres cuestionaron su contenido temático.

No me entra en la cabeza que no quieran que sus hijos e hijas sepan que la violencia de género existe, qué características tiene, que nos puede pasar a todas, y tantas otras cosas que necesitamos saber si queremos seguir vivas y si queremos que nuestros hijos varones no sigan reproduciendo las violencias. Claro que sé que el patriarcado está más vivo que nunca, apalancado en los grupos libertarios y una ultraderecha cada vez más ignorante --o por lo menos ese es el instrumento que elige en este momento-- y violenta que está en el poder no solo en Argentina sino en el mundo. Pero sigo sin entender que prefieran negar lo evidente en pos de sus propias ideas de mundo.

Mientras tanto, los femicidios ocurren diariamente en el país y esa realidad que parece imposible de frenar, muchas veces genera anestesiamiento. Pero hay otras, en que la acumulación de dolor, de injusticia, de crueldades, hace que nos enfurezcamos, que los movimientos políticos se pongan en acción y que expresen esa bronca para seguir reclamando justicia para las que ya no están y políticas para las que sí. Por eso este 3 de junio marchamos. Otra vez y las veces que haga falta. Es cuestión de supervivencia.

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