El bloque europeo reforzó sus controles sanitarios y ambientales, dejando a Brasil fuera de un mercado estratégico y elevando la tensión comercial con Sudamérica.
La relación comercial entre el Mercosur y la Unión Europea (UE) sumó un nuevo foco de conflicto luego de que la Comisión Europea (CE) publicara la actualización de la lista de terceros países autorizados a exportar animales y productos de origen animal al mercado comunitario.
HACÉ CLICK AQUÍ PARA UNIRTE AL CANAL DE WHATSAPP DE DIARIO PANORAMA Y ESTAR SIEMPRE INFORMADO
En el nuevo esquema, Brasil quedó excluido de las habilitaciones para exportar carne y otros productos pecuarios debido a diferencias vinculadas con las exigencias sanitarias europeas sobre el uso de antimicrobianos en producción animal.
La decisión comenzará a aplicarse formalmente desde el 3 de septiembre de 2026 y representa un golpe significativo para el principal exportador mundial de carne vacuna.
Según explicaron desde Bruselas, los países incluidos en el listado “han demostrado su conformidad con las restricciones de la Unión Europea sobre el uso de antimicrobianos en animales productores de alimentos”, tras presentar garantías sanitarias y evaluaciones técnicas consideradas suficientes por el bloque.
Las nuevas disposiciones europeas prohíben la utilización de antimicrobianos para promover el crecimiento o mejorar el rendimiento productivo de los animales. Además, restringen el uso preventivo de antibióticos considerados críticos para la salud humana.
En ese contexto, Brasil no logró acreditar plenamente el cumplimiento de las nuevas condiciones establecidas por la normativa comunitaria y quedó fuera de la nómina actualizada de países autorizados.
La exclusión tiene una fuerte dimensión económica. Solo durante 2025, Brasil exportó hacia la Unión Europea más de 370.000 toneladas de carne vacuna, por un valor estimado cercano a los US$1800 millones. A eso se suman potenciales impactos sobre otros productos de origen animal como carne aviar, huevos, miel, pescado, productos de acuicultura y animales vivos destinados a producción alimentaria.
La medida europea llega además en un momento especialmente sensible para las relaciones comerciales entre ambos bloques, pocos días después de la entrada en vigor provisional del acuerdo Mercosur-Unión Europea. Mientras Brasil quedó fuera de la nueva lista, Argentina, Uruguay y Paraguay continúan habilitados para exportar productos cárnicos al mercado europeo, situación que podría alterar temporalmente la dinámica comercial regional.
En Brasil, la decisión generó preocupación tanto en el ámbito político como en el sector agroexportador. El gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva anunció que impulsará gestiones diplomáticas y técnicas para intentar revertir la medida antes de su entrada en vigencia. Desde el Ministerio de Agricultura brasileño defendieron la calidad y la solidez del sistema sanitario nacional y aseguraron que continuarán remitiendo información técnica a las autoridades europeas.
En paralelo, entidades rurales y sectores exportadores brasileños interpretaron la resolución como una señal de endurecimiento comercial encubierta bajo argumentos sanitarios. Diversos referentes del agro señalaron que detrás de las restricciones persisten las presiones de productores europeos —particularmente franceses— históricamente críticos del acuerdo Mercosur-UE y preocupados por la competitividad de la carne sudamericana en el mercado comunitario.
La decisión también vuelve a poner sobre la mesa el debate acerca de las crecientes exigencias ambientales y sanitarias impuestas por Europa a los productos agroalimentarios importados. En los últimos años, Bruselas avanzó con regulaciones vinculadas a trazabilidad, deforestación, bienestar animal y sustentabilidad, generando tensiones con distintos países exportadores.
Para el Mercosur, el escenario abre un nuevo capítulo de incertidumbre en torno a la implementación efectiva del acuerdo comercial con la Unión Europea. Aunque el bloque sudamericano logró avanzar en las negociaciones después de más de dos décadas, las diferencias regulatorias y las presiones políticas internas europeas continúan condicionando el acceso pleno de los productos agroindustriales de la región.
Mientras tanto, el sector exportador brasileño sigue atento a las próximas definiciones de Bruselas y a las negociaciones diplomáticas que puedan desarrollarse durante los próximos meses. El resultado de esas conversaciones será clave no solo para Brasil, sino también para el futuro equilibrio comercial entre Europa y el Mercosur en materia agroalimentaria.