El oficialismo pierde respaldo tras el pico de comienzos de año, en un contexto de malestar económico y sin una alternativa opositora consolidada.
El escenario político en la Argentina comienza a mostrar señales de cambio. Luego de haber alcanzado niveles altos de respaldo a principios de año, la imagen del presidente Javier Milei y de su gestión evidencia una tendencia a la baja en las encuestas, aunque ese retroceso todavía no se traduce en un crecimiento claro de la oposición.
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Distintos estudios nacionales difundidos en las últimas semanas coinciden en señalar que la inflación persistente, una economía que no logra repuntar y recientes controversias que involucran a funcionarios comenzaron a impactar en la percepción pública del Gobierno.
El desgaste, como suele ocurrir, comenzó en los sectores más volátiles del electorado. En particular, los votantes que se habían sumado entre la primera vuelta y el balotaje, muchos de ellos provenientes del espacio de Patricia Bullrich, son los primeros en mostrar señales de desencanto. Con el correr de los meses, sin embargo, ese deterioro también empieza a alcanzar al núcleo más fiel.
Los números reflejan un cambio de tendencia: la aprobación de la gestión ronda el 38%, mientras que la desaprobación supera el 58%, una dinámica que también se replica en la imagen presidencial y en la evaluación general del rumbo del país.
A pesar de este escenario, el oficialismo mantiene un piso de apoyo superior al 30%, lo que le permite sostenerse en un contexto en el que la oposición aún no logra consolidar una alternativa competitiva. Ese amplio sector que no acompaña al Gobierno, por ahora, no encuentra un liderazgo claro que lo represente.
Dentro de ese mapa, el gobernador bonaerense Axel Kicillof aparece como una de las figuras mejor posicionadas, tanto en imagen como en intención de voto. Sin embargo, su nivel de rechazo continúa siendo elevado, lo que limita sus posibilidades de crecimiento.
En paralelo, también se observa una leve mejora en dirigentes de otros espacios, como Myriam Bregman, aunque sin un impacto decisivo en el tablero electoral.
Economía y expectativas en retroceso
El deterioro en la imagen del Gobierno también está fuertemente vinculado a la percepción económica. Más de la mitad de los consultados considera que la situación actual es peor que la del año pasado, mientras que el optimismo hacia el futuro perdió terreno frente a visiones más pesimistas.
Este cambio marca una diferencia respecto a meses anteriores, cuando las expectativas de mejora lograban amortiguar el malestar presente. Actualmente, ambas variables juegan en contra del oficialismo, en un contexto donde la evolución económica aparece como un factor clave para el futuro político del país.