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Revista

Del feed público al perfil privado: cómo cambió el uso de Instagram entre jóvenes

Aumenta el uso de cuentas alternativas donde prima la autenticidad y baja la presión por la imagen.

Hoy 08:41

El uso de cuentas secundarias en Instagram se volvió una tendencia entre adolescentes. Cada vez publican menos contenido en su perfil principal y, en cambio, eligen espacios más cerrados para mostrar su día a día con mayor libertad. La cuenta principal funciona cada vez más como una vidriera: un espacio en el que se proyecta una imagen cuidada, editada y pensada para una audiencia amplia.

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En paralelo, crecen las llamadas cuentas secundarias o alternativas. Son perfiles privados, con seguidores más seleccionados, en los que el contenido se comparte con menos presión y mayor sensación de intimidad.

Detrás de este fenómeno aparece una necesidad clara: controlar quién ve lo que se publica. A la vez, se suma el deseo de mostrarse de forma más natural, sin la exigencia de que todo sea perfecto.

En esa línea, el psicólogo Miguel Espeche explicó que no se trata de algo nuevo: “Es un fenómeno que replica formas de vincularnos muy antiguas, ahora trasladadas al mundo digital”.

La psicóloga Beatriz Goldberg detalló: “En la segunda cuenta hay una ansiedad social de no comunicar todo igual. Se eligen otros contenidos, más reales, menos filtrados”. Y agregó: “Una es para el afuera y otra es más para el adentro”.

Goldberg señaló que detrás de estas prácticas aparece el temor a la exclusión: “Hay mucho miedo a no ser aceptado, a no pertenecer. Eso impulsa a tener estas conductas”. Y remarcó que se trata de una etapa en la que los adolescentes están en plena búsqueda de su identidad y de su lugar en el mundo.

Espeche, por su parte, aportó que esta dinámica también puede entenderse como una forma de organizar los vínculos: “Podría pensarse como una segmentación de amistades, con grupos más íntimos que habilitan mayor espontaneidad”.

Desde otra perspectiva, Goldberg advirtió sobre cómo esta lógica impacta en la vida cotidiana de los adolescentes: “Hay chicos que viven pensando qué postear. Van a un lugar, salen, comen algo, y todo pasa por si eso sirve para publicar”. Y sumó: “A veces están más pendientes de eso que de disfrutar el momento”.

La cuenta principal se usa para “el afuera”. Es el lugar en el que se expone una imagen más armada. En cambio, la secundaria funciona como un espacio más relajado, en el que hay confianza y menos exigencia.

Para el psicólogo, esto no implica necesariamente una doble identidad: “No es hipocresía, sino una forma de adaptación a distintos espacios y audiencias”.

La lógica del “posteo constante” empieza a generar cansancio. En ese contexto surge el zero posting, una tendencia que consiste en dejar de publicar en el perfil principal o reducir al mínimo la frecuencia de publicaciones, como respuesta a la presión de estar siempre compartiendo contenido.

A pesar de que Instagram incorporó herramientas como “Mejores amigos”, muchos usuarios siguen eligiendo las cuentas secundarias. Allí, a diferencia de los contenidos efímeros, las publicaciones permanecen y no desaparecen a las pocas horas.

La comparación social sigue presente, incluso en espacios más privados. Ver qué impacto tienen las publicaciones de otros puede afectar la percepción propia. Y eso influye en la autoestima.

Goldberg fue clara: “Los ‘me gusta’, los filtros y el impacto que generan los posteos influyen mucho. Si otro tiene más repercusión, eso afecta”. También advirtió que esta dinámica no es solo de los jóvenes, sino que además se ve en el mundo adulto.

En ese contexto, Espeche cerró con una advertencia: “La mirada del otro es importante, pero cuando pasa a ser el único soporte de la autoestima aparece una fragilidad que requiere atención”.

Frente a esta dinámica, las cuentas secundarias funcionan como una estrategia para manejar la identidad digital. Permiten separar lo público de lo íntimo. Y abrir un espacio más real dentro de un entorno cada vez más exigente.