El DT argentino atraviesa un arranque muy irregular en Brasil, con derrotas duras, presión creciente y un equipo lejos de las expectativas.
El ciclo de Eduardo Domínguez en Atlético Mineiro pasó rápidamente de la expectativa a la preocupación. El entrenador argentino, que llegó tras un exitoso paso por Estudiantes, no logra encontrar regularidad y los resultados lo exponen: su equipo atraviesa un momento delicado tanto en el Brasileirao como en el plano internacional.
En números, el presente es contundente. Bajo su conducción, el Galo suma más derrotas que victorias y viene de sufrir golpes fuertes, como la reciente goleada 4-0 ante Flamengo, que profundizó la crisis y lo dejó en la parte baja de la tabla, cerca de la zona roja.
El equipo también ha tenido traspiés inesperados a nivel internacional, lo que encendió aún más las alarmas. A esto se suma una racha negativa reciente, con varias caídas en pocos partidos y un rendimiento defensivo frágil, que se refleja en la cantidad de goles recibidos en los últimos encuentros.
El golpe deportivo se combina con el contexto: Mineiro venía de ser protagonista en su estado y perdió la final del Campeonato Mineiro ante Cruzeiro, cortando una racha de títulos y dejando una primera señal de alerta en el ciclo.
Ante los rumores de salida, Domínguez fue tajante y decidió plantarse públicamente. El técnico dejó en claro que no piensa dar un paso al costado y que sigue convencido del proyecto, pese al momento adverso. Mientras tanto, desde el club también buscaron bajar la tensión y ratificaron su continuidad.
El contraste con su etapa en Argentina es fuerte. Domínguez llegó a Brasil con el respaldo de haber construido un ciclo ganador, pero hoy el desafío es otro: revertir una dinámica negativa en un fútbol mucho más exigente y con menor margen de error.
El crédito aún no se agotó, pero el margen sí empieza a achicarse. En un equipo grande como Atlético Mineiro, los resultados mandan y el tiempo corre.