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Abuso, aborto e investigación: la mirada de la psicología forense sobre el caso de la nena santiagueña

La especialista Cecilia Albamonte analizó en Noticiero 7 el caso de la menor de 13 años y advirtió sobre el fuerte impacto psicológico, la falta de contención y la compleja trama que rodea la investigación.

Hoy 15:16

El caso de la nena santiagueña de 13 años que fue trasladada a Buenos Aires en medio de una investigación por abuso sexual, un embarazo avanzado y la desaparición de un bebé continúa generando conmoción y múltiples interrogantes judiciales. En ese contexto, Cecilia Albamonte, psicóloga forense (MN 41290), dialogó con Noticiero 7 y aportó una mirada técnica sobre la complejidad de la causa.

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Para la especialista, lo más grave no es un solo hecho aislado, sino el conjunto de situaciones que rodean a la menor. Explicó que reducir el análisis únicamente a la hipótesis de trata puede hacer perder de vista lo más importante: el estado emocional y psicológico de la niña y todo lo que atravesó en simultáneo.

“No hay una sola situación que sea grave, sino que realmente es grave el conjunto. Todo lo que está pasando termina siendo muy preocupante”, sostuvo Albamonte, al remarcar que también hubo una pérdida de foco respecto a la mirada psicológica sobre la menor.

Según explicó, la niña no solo atravesó una presunta violación, sino también ocho meses de embarazo, cambios físicos y emocionales profundos y un traslado desde el interior de Santiago del Estero hacia una clínica en Buenos Aires, en un contexto de absoluta vulnerabilidad.

La profesional señaló que entender que estaba embarazada no significa necesariamente poder elaborar emocionalmente esa situación. Además, remarcó que aún persisten dudas fundamentales sobre lo ocurrido, como si efectivamente se trató de un aborto o de un parto inducido y qué explicación recibió la menor sobre todo el proceso.

Desde la psicología forense, Albamonte advirtió que el daño psíquico en una niña de esa edad puede ser inmediato y dejar secuelas a corto, mediano y largo plazo. Aseguró que, tratándose de una violación, el trauma impacta prácticamente de forma automática y puede marcar profundamente su desarrollo emocional.

También explicó que el principal daño no está únicamente en el abuso sexual, sino en todo el proceso posterior: el embarazo, la incertidumbre, la falta de respuestas claras, el desarraigo y la ausencia de una red de contención sólida.

“Estamos hablando de una vulneración absoluta, desde todos los lugares”, expresó.

Sobre el rol de los adultos responsables, Albamonte fue contundente. Señaló que no solo debe analizarse la situación de la madre, sino también la actuación de la ONG que intervino, los profesionales de la clínica y cada una de las personas que debían proteger a la menor.

La especialista recordó que incluso trascendió que la madre tenía dificultades para leer y escribir, lo que también refleja un contexto de enorme vulnerabilidad social y familiar. En ese escenario, cuestionó si realmente alguno de los adultos involucrados logró cuidar a la niña como correspondía. “¿Alguno de todos estos adultos pudo cuidar a esta nena? Evidentemente no”, afirmó.

Finalmente, remarcó la necesidad de una investigación verdaderamente interdisciplinaria que no se limite únicamente al aspecto judicial, sino que incluya un abordaje profundo desde la psicología, la medicina y el acompañamiento social.

En ese sentido, consideró fundamental conocer cómo se llevó adelante la Cámara Gesell, qué pudo relatar la menor y qué tipo de asistencia psicológica recibió desde el primer momento.

“Cuando se habla de acompañamiento, hay que preguntarse de qué acompañamiento estamos hablando. Estas situaciones no pueden dejarse al azar, tiene que haber un trabajo verdaderamente multidisciplinario”, concluyó.