El brasileño tenía 68 años y fue uno de los mejores jugadores de todos los tiempos
El básquet mundial está de luto. Murió Oscar Schmidt, una de las mayores leyendas del deporte a nivel mundial y máximo anotador de todos los tiempos, a los 68 años en San Pablo.
El exjugador brasileño, conocido como “Mão Santa”, sufrió un malestar que derivó en su traslado al Hospital y Maternidad Municipal Santa Ana, donde falleció minutos después de ser atendido.
Nacido en Natal, Schmidt construyó una carrera extraordinaria marcada por su capacidad anotadora. A lo largo de 25 temporadas como profesional acumuló 49.703 puntos, una cifra que lo mantiene en la cima histórica del básquet mundial.

Con la selección de Brasil dejó una huella imborrable: disputó cinco Juegos Olímpicos consecutivos y firmó actuaciones memorables, como los 55 puntos ante España en Seúl 1988, récord histórico en un partido olímpico. En total, sumó 1.093 puntos en Juegos Olímpicos, otra marca que lo posiciona como líder absoluto.
Uno de sus hitos más recordados fue en los Juegos Panamericanos de Indianápolis 1987, cuando lideró el histórico triunfo de Brasil ante Estados Unidos por 120-115, marcando 46 puntos en la primera derrota del equipo norteamericano como local en esa competencia.
A nivel clubes, tuvo una extensa trayectoria en Brasil e Italia, con pasos por equipos como Palmeiras, Flamengo y Juvecaserta. Fue elegido en el draft de la NBA, aunque decidió no jugar en la liga estadounidense para priorizar su participación con la selección.
En 2011 había sido diagnosticado con un cáncer cerebral, enfermedad contra la que luchó durante años. Su familia lo despidió destacando su “valentía, dignidad y resiliencia”, y confirmó que la despedida será en la intimidad.

Schmidt también dejó su marca en el país durante el Preolímpico rumbo a Atlanta 1996, disputado en Neuquén. En el estadio Ruca Che fue una de las grandes figuras del torneo, con actuaciones destacadas como los 38 puntos ante Cuba y los 30 frente a Canadá.
En semifinales, protagonizó un duelo inolvidable ante Argentina en un estadio colmado y hostil. A pesar de los abucheos, respondió con 32 puntos, aunque el seleccionado nacional logró la clasificación olímpica tras imponerse en el cierre.
Un día después, Brasil aseguró su pasaje a Atlanta y Schmidt volvió a brillar con 28 puntos. En el cierre del torneo, el público argentino le brindó una ovación histórica, reconociendo su grandeza mientras se retiraba de la cancha entre lágrimas.
Su legado trasciende generaciones y fronteras. Oscar Schmidt no solo fue un goleador implacable, sino una figura que marcó una era en el básquet mundial.